Posteado por: Lilliam A Garcia | abril 6, 2014

Escuela Sabatica │LECCION #2 CRISTO Y LA LEY DE MOISES │Por Marlon Garcia

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LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 2:21-24; Éxodo 13:2, 12; Lucas 2:41-52; Mateo 17:24-27; Juan 8:1-11; Deuteronomio 22:23, 24.

PARA MEMORIZAR: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (Juan 5:46).

MUCHOS CRISTIANOS SE CRIARON con la idea de una relación negativa de Jesús con la religión judía, un error lamentable que cultivó el antisemitismo en la historia. Jesús habló en contra de los abusos de la religión, es cierto, pero no en contra de la religión misma. Después de todo, él la fundó.

Los informes de los evangelios muestran que Jesús era un judío fiel, inmerso en la cultura judía desde su nacimiento hasta la última semana de su vida en carne humana.

Como todo judío leal del primer siglo, Jesús estuvo sujeto a la ley de Moisés. Criado en un hogar con padres judíos leales, apreciaba su rica herencia terrenal basada en la Providencia divina. Él sabía que Dios había inspirado a Moisés a escribir esas leyes, a fin de crear una sociedad que reflejara su voluntad y sirviera como un faro para las naciones. Se adhirió fielmente a la Ley. Desde la circuncisión hasta su visita al Templo para las fiestas y su actitud acerca de los impuestos, Jesús permaneció fiel a un sistema que, con el tiempo, él cumpliría por medio de su muerte y de su ministerio en el cielo. Esta semana consideraremos algunas otras leyes que Jesús guardó.

 SABADO – DOMINGO – LUNES – MARTES – MIERCOLES – JUEVES – VIERNES 

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Para obtener más información sobre el tema de esta semana, lee “La Fiesta de las Cabañas”, y “Entre trampas y peligros”, El Deseado de todas las gentes, pp. 411-418; 419-427.

“Tres veces al año, los judíos debían congregarse en Jerusalén con propósitos religiosos. Desde la columna de nube que lo envolvía, el invisible Conductor de Israel había dado las instrucciones referentes a estas reuniones. Durante el cautiverio, los judíos no pudieron observarlas; pero, cuando el pueblo volvió a su patria reanudó la observancia de estas fiestas recordativas. Dios quería que estos aniversarios llamasen hacia él la atención del pueblo” (DTG 411).

“Era natural que los padres de Jesús lo considerasen como su propio hijo. Él estaba diariamente con ellos; en muchos respectos su vida era igual a la de los otros niños, y les era difícil comprender que era el Hijo de Dios. Corrían el peligro de no apreciar la bendición que se les concedía con la presencia del Redentor del mundo. El pesar de verse separados de él, y el suave reproche que sus palabras implicaban, estaban destinados a hacerles ver el carácter sagrado de su cometido” (DTG 61).

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