Posteado por: Lilliam A Garcia | noviembre 10, 2013

Mi Escuela Sabatica Lecion 7. Cristo Nuestro Sacrificio; por Marlon Garcia

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LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 53:2­12; Hebreos 2:9;9:26­28; 9:12; Éxodo 12:5; Hebreos 4:15.

Para Memorizar: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia, y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

EL SACERDOTE CATÓLICO Maximiliano Kolbe fue internado en Auschwitz por proteger a refugiados de Polonia, incluyendo a dos mil judíos. Cuando un prisionero en su barraca desapareció (tal vez escapó), el servicio de seguridad eligió a diez prisioneros para que, en represalia, murieran de hambre. Uno de los elegidos exclamó: “¡Oh, mi pobre esposa, mis pobres hijos! ¡Nunca los volveré a ver!” Kolbe se ofreció para ocupar su lugar; y ser condenado a morir de hambre. El sorprendido oficial de la SS estuvo de acuerdo, y Kolbe se unió a la fila de los condenados liberando al otro hombre. Aunque es emocionante, el sacrificio de Kolbe es apenas una sombra de aquel que tomó nuestro lugar, un acto simbolizado en el servicio del Santuario. El Nuevo Testamento identifica a Jesús con los dos aspectos principales del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento: él es nuestro sacrificio (Heb. 9, 10), y también nuestro Sumo Sacerdote (Heb. 5-10).Veremos algunos aspectos del sacrificio máximo de Cristo y lo que su muerte provee para nosotros.

SABADO – DOMINGO – LUNES – MARTES – MIERCOLES – JUEVES – VIERNES 

Para Estudiar Y Meditar: “La expiación, Primera parte: El sacrificio expiatorio”, pp. 456-474, en el Apéndice C del Comentario bíblico adventista, tomo 7-A. Lo que Martín Lutero con frecuencia llamó un “intercambio maravilloso” o “un intercambio gozoso”, la justicia de Cristo por el pecado humano, Elena de White lo describe en una declaración clásica como sigue: “Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. ‘Por su llaga fuimos nosotros curados’” (DTG 16, 17). “Y nada menos que la muerte de Cristo podía hacer eficaz para nosotros este amor. Es únicamente por causa de su muerte por lo que nosotros podemos considerar con gozo su segunda venida. Su sacrificio es el centro de nuestra esperanza, En él debemos fijar nuestra fe” (DTG 614, 615).

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