Posteado por: Lilliam A Garcia | mayo 13, 2011

A La Sombra De Sus Alas; Lección 7, Para el 14/05/2011

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 19:4; 2 Samuel 11 y 12; Salmo 17:8; 32:1; 36:7; 51:2; 57:1; 61:4; 63:7

PARA MEMORIZAR: “Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré” (Sal. 63:7). “Tres cosas me son ocultas; aun tampoco sé la cuarta: el rastro del águila en el aire…” (Prov. 30:18, 19)

EL ÁGUILA ES COMO UN AVIÓN DE CAZA VIVIENTE. Armada con un pico curvo y garras afiladas como navajas, está pertrechada como si fuese un avión de caza. Es viento y ala, huesos, tendones y sangre. Se alimenta de carroña, es pescadora y ladrona. El águila se lanza desde las nubes hacia el agua con la velocidad de un ciclón. Cojea sobre su nido con las garras en forma de puño, para no cortar en pedazos a sus pichones. Es majestad, poder y gracia. Es todas esas metáforas, pero es más que la suma de ellas. No sorprende, entonces, que el escritor bíblico haya dejado de comprender la fiera belleza del vuelo del águila. David mismo usó una imagen similar, en sus salmos, acerca de estar protegido bajo las alas de Dios. Esta semana, meditaremos con David en sus salmos acerca de cómo Dios nos protege y cubre nuestros pecados. Pero, primero, miremos los eventos que inspiraron su necesidad de esta cubierta, y luego procuraremos comprender por qué también nosotros necesitamos ser cobijados bajo esas mismas alas.

SABADO – DOMINGO – LUNES – MARTES – MIERCOLES – JUEVES – VIERNES

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “El pecado de David y su arrepentimiento”,  Patriarcas y profetas, pp. 775-786; “Biografías bíblicas”, La educación, p. 157.  “El arrepentimiento de David fue sincero y profundo. No hizo ningún esfuerzo para aminorar su crimen. Lo que inspiró su oración no fue el deseo de escapar de los castigos con que se lo amenazaba.

Pero vio la enormidad de su transgresión contra Dios; vio la depravación de su alma, y aborreció su pecado. No oró pidiendo perdón solamente, sino también pidiendo pureza de corazón. David no abandonó la lucha en su desesperación. Vio la evidencia de su perdón y aceptación en la promesa hecha por Dios a los pecadores arrepentidos. […] Aunque David había caído, el Señor lo levantó.

“Quienquiera que bajo la reprensión de Dios humille su alma con la confesión y el arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar seguro de que hay esperanza para él. Quienquiera que acepte por la fe las promesas de Dios hallará perdón. Jamás rechazará el Señor a un alma verdaderamente arrepentida. Él ha dado esta promesa: ‘Echen mano […] de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo’ (Isa. 27:5, VM). ‘Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será  amplio en perdonar’ ” (Isa. 55:7) (PP 785,786).

 Descargar La Leccion #7 Aqui

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