Posteado por: Lilliam A Garcia | septiembre 20, 2010

Libro Complementario

Lección 13

Acerca de lo que trata realmente

Una vez, mientras actuaba como administrador de un colegio superior adventista, un equipo de acreditación vino para determinar si éramos fieles a nuestra misión. Cuando el equipo evaluador mantuvo su primera reunión con los administradores, un miembro nos dijo lo que él pretendía hacer. Dijo que iría a las duchas masculinas el sábado por la mañana a la hora de la Escuela Sabática para ver si había alumnos dándose una ducha cuando debían estar en la iglesia. También dijo que se pondría al final de la fila en la cafetería y miraría las bandejas para ver si los alumnos estaban comiendo de acuerdo con las normas saludables (por ejemplo, sin queso). Añadió que él haría estas cosas y otras similares porque creía que la evidencia más importante de la verdadera espiritualidad es la forma en que nos relacionamos con las normas.
No estoy seguro de si Pablo estaría de acuerdo. Los creyentes de Roma estaban divididos sobre ciertas normas. Sin duda, algunos de ellos estaban esperando que Pablo les hiciera saber cuál era la norma correcta de conducta para todos ellos. Pero él no hizo eso. En cambio, les dijo que había algo más importante que la manera de relacionarse con las normas. Lo que era más importante era cómo se relacionaban con Dios y los unos con los otros.
Este consejo no era un apéndice no esencial añadido al mensaje esencial del evangelio. Este es el clímax del libro. Esto es lo que Pablo tenía como meta en todo el libro. El mensaje de salvación por gracia mediante la fe no es sencillamente una fórmula teórica para creer. Es un mensaje para ser vivido en una comunidad de creyentes. Ahora llegamos a ver cómo debía actuar eso. Ahora llegamos a la parte de la carta a los Romanos que nos dice acerca de qué trataba realmente la carta.
Los débiles y los fuertes (Romanos 14:1 a 15:3)
Pablo comienza el capítulo 14 con la amonestación de dar la bienvenida a los “débiles” en la fe. ¿Quiénes son esas personas? Comían sólo verduras o legumbres, y consideraban ciertos días como especiales. En Romanos 15:1, Pablo se identifica con los “fuertes”, presumiblemente los que eran menos estrictos en esos temas.
Aparentemente, los cristianos de Roma estaban divididos sobre estos asuntos de comida y de días. Lamentablemente, Pablo no nos da muchos detalles acerca de los temas de preocupación. Como veremos, él está mucho menos interesado en los problemas que en la manera como las personas se relacionan unas con otras. Pero primero veamos lo que podemos decir acerca de la situación en Roma.
Cualquiera que haya sido el debate sobre los alimentos, el problema tal vez no era la comida que había sido ofrecida a los ídolos. En 1 Corintios 8 al 10 ese es claramente el problema. Aunque en Romanos Pablo da muchos de los mismos principios que dio a los Corintios, en su carta no hace ninguna referencia específica a comida ofrecida a los ídolos. En 1 Corintios Pablo es muy específico en los términos que él usa para referirse a la comida ofrecida a los ídolos. La ausencia de estos términos en Romanos indica que el problema debió haber sido diferente.
Había varias razones en los días de Pablo por las que una persona podría haber elegido no comer carne. Por ejemplo, en el mundo gentil, las razones incluían ritos de culto, negación de un placer, rechazo del lujo, salud, creencia en la transmigración de las almas y evitar la crueldad hacia los animales. Sencillamente no sabemos qué motivaba a estos romanos “débiles”.
En Romanos 14:4Pablo también plantea el problema de los limpio y lo inmundo. Es difícil determina si eso era parte de la disputa en Roma, o él sencillamente les daba un consejo general. En todo caso, cuando Pablo dice que nada es “inmundo en sí mismo” no está diciendo que todo es bueno para comer. En el primer siglo muchos todavía creían en una distinción inherente entre lo limpio y lo inmundo, lo cual significaba que uno estaba ritualmente inmundo con sólo tocar ciertas cosas y Pablo ya no creía en esta comprensión ritualista de la distinción entre limpio e inmundo.
En cuanto a los “días” que estaba en disputa, Pablo no nos da muchos datos. Sencillamente dice que algunas personas “juzgan” o hacen diferencias en los días. Alguna versión hace referencia a que un día era más sagrado que otro, pero el original no dice nada en cuanto a ser sagrado o no. Otras hacen referencia a que algunos días son “mejores” o “más importantes” que otros. El problema no parece haber sido con los días sagrados o de adoración. Sería inconcebible que en el primer siglo, algunos cristianos en Roma consideraran todos los días iguales y no tuvieran un día de adoración.
Siendo que el contexto es comida, la mejor sospecha es que los “días” también estuvieran relacionados con la comida. Algunos probablemente ayunaban en ciertos días, y otros no ayunaban en una forma regular. Recuerde, Jesús reprendió a los fariseos por sus ayunos, no obstante, sabemos que ayunar todavía se practicaba en partes de la iglesia primitiva. Por ejemplo, el libro de enseñanza cristiana llamado Didajé les decía a los cristianos que no ayunaban como los hipócritas (se está refiriendo a los judíos) que ayunan los días 2º y 5º de la semana. En cambio, dice, los cristianos deberían ayunar el 4º y el 6º día de la semana (capítulo 8). Lo más probable es que el debate en Roma tuviera que ver con la comida: qué comer y cuándo comerla.
Sin embargo, la preocupación de Pablo no es lo específico del debate. Es cómo se relaciona mutuamente la gente de un lado y del otro del debate. De acuerdo con Pablo, los cristianos de ambos lados parecen haber tenido sus problemas. Los cristianos más estrictos estaban tentados a señalar con el dedo del juicio a los que no eran tan estrictos. Después de todo, los menos estrictos no tomaban tan en serio las normas de conducta como lo hacían sus críticos: una señal obvia de espiritualidad “inferior”. Por otro lado, los menos estrictos no tenían el problema de juzgar: sus tendencias eran despreciar a los pobres y equivocados legalistas que se preocupaban demasiado con las normas de conducta. De modo que cada lado tenía su propia clase de hostilidad hacia el otro. Esta tensión entre ellos es lo que preocupa a Pablo.
La tensión probablemente lo aflige por dos razones: una teológica y una pragmática. Primero, contradice el evangelio. La meta del evangelio es una comunidad de creyentes unidos en Cristo y sirviendo como testigos ante el mundo. El evangelio es distorsionado cuando los cristianos no están unidos. Y segundo, Pablo quiere usar a Roma como la base de apoyo para su misión en España. Una iglesia dividida no será una base de apoyo muy fuerte.
Podemos preguntarnos por qué Pablo usa la palabra débil para los que eran más estrictos, y el vocablo fuerte para los menos estrictos. Tal vez haya por lo menos dos razones. Los más estrictos eran más vulnerables de ser heridos por las acciones de los fuertes. También hay evidencias de que el término débil se usaba en el lenguaje común de la época para los muy escrupulosos, sin las connotaciones negativas que hoy asociamos al término. 
En Romanos 15:1, Pablo claramente se identifica con los fuertes, pero de ningún modo está tratando de que todos tomen su posición. De hecho, muy cuidadosamente evita eso. Tiene consejos específicos para los débiles y consejos específicos para los fuertes, y consejos para ambos. Las siguientes listas resumen el consejo de Pablo para cada grupo. Considere las listas, y luego resumiremos a lo que Pablo quiere llegar.
A los débiles

  • No juzguen a los fuertes. Ustedes no están para juzgar a los siervos de otras personas, y los fuertes son los siervos de Dios (Romanos 14:3, 4, 10-13).
  • No violen sus convicciones. Si tienen dudas sobre algo, no lo hagan (versículo 23).

A los fuertes

  • No desprecien a los débiles (Romanos 14:3, 10).
  • No pongan una piedra de tropiezo en el camino de otra persona (versículo 13).
  • No dañen a una persona por la que murió Cristo (versículo 15).
  • Es malo hacer tropezar a tu hermano o hermana por lo que haces (versículos 20, 21).
  • Soporten las flaquezas de los débiles, y no se agraden a sí mismos (Romanos 15:1).

A ambos grupos

  • Recíbanse mutuamente, y no para pelear; recíbanse como Cristo los recibió (Romanos 14:1; 15:7).
  • Que cada uno esté convencido en su propia mente (14:5).
  • Recuerden que el reino de Dios no es asunto de comida o bebida, sino de justicia, paz y gozo (versículo 17).
  • Sigan lo que contribuye a la paz y a la edificación de la comunidad (versículo 19).
  • Guarden sus convicciones para ustedes mismos (versículo 22).
  • Todo lo que no viene de fe es pecado (versículo 23).
  • Agraden a sus prójimos para la edificación (Romanos 15:2).
  • Vivan en armonía los unos con los otros (versículo 5).
  • Abunden en esperanza y sean llenos de gozo (versículo 13).

Estas listas nos dan una idea bastante buena de la verdadera preocupación de Pablo. Su meta es que todos vivan juntos en unidad, cualquiera sea su posición con respecto a la conducta específica en cuestión. Él está dispuesto a permitir que cada grupo esté plenamente convencido en su propia mente, y no está tratando de poner a todos en un mismo grupo o en el otro. Esto probablemente dejó frustradas a algunas personas. Puedo escuchar a algunos de los creyentes romanos diciendo: “Pablo, danos la respuesta correcta. ¡Los dos lados no pueden estar en lo correcto! Dinos lo que debemos hacer”. Pero Pablo se resiste. Obviamente, esto no sería cierto acerca de todos los problemas de conducta. Cuando hubo un caso de incesto en la iglesia de Corinto, Pablo no dijo “Que cada uno esté plenamente convencido en su propia mente”. En ese caso, ¡les dijo exactamente lo que debían hacer! (ver 1 Corintios 5). Pero Pablo no considera que estas prácticas en disputa involucren problemas morales. Y donde no hay problemas morales básicos involucrados, Pablo considera que la pregunta real es en qué forma los creyentes deben relacionarse unos con otros.
Así que los débiles no deben juzgar a los fuertes, porque sólo Dios es el Juez. Usurpar esa función es un peligro espiritual. No deben juzgar, sino recibir. Pero también deben ser leales a sus convicciones. Hacer lo que uno cree que Dios ha prohibido es ir contra Dios. Los débiles pueden estar equivocados en cuanto a lo que Dios demanda, pero no deberían violar su comprensión de la voluntad de Dios para sus vidas. Hacerlo sería violar su relación con Dios.
Los fuertes, por otro lado, deberían ajustar su conducta de manera que no dañen a los débiles. Abstenerse de hacer algo que ellos creen que es aceptable no es violar sus convicciones. Ni siquiera es un ataque a su libertad. Más bien, muestra que ellos son tan libres que no tienen que ejercer su libertad a expensas de la de alguna otra persona. Así que no han de menospreciar a los débiles, sino que deben ser se4nsibles a las convicciones de los débiles, y asegurarse de que ellos mismos no están para agradarse a sí mismos. Si sus acciones hieren a los débiles, por amor a los débiles deberían ser suficientemente “fuertes” para renunciar a lo que ellos creen que es legítimo.
Ambos grupos deberían recibirse unos a otros. Romanos 14:1 y 15:7 agrupan toda esta discusión con la idea de recibirlos, darles la bienvenida. Recibirlos es más que tolerarlos. Crece de nuestra gratitud a Dios que nos ha recibido a nosotros. Dios recibe aún a las personas que no están de acuerdo con nosotros; ¿podemos nosotros hacer menos que recibirlos también?
Así que hemos de seguir lo que hace a la paz y la armonía que edifica a la comunidad. La expresión edifica es una de las favoritas de Pablo. Él la usa (en el griego original) cuatro veces en Efesios, nueve veces en las cartas a los Corintios, y dos veces aquí (14:19; 15:2). La meta es vivir en armonía, en paz y con gozo. Note los versículos siguientes, que concluyen su discusión de las disputas de los creyentes romanos sobre comidas y días. Pablo no menciona ni la comida ni los días. En cambio, se concentra en el problema de vivir juntos en paz y gozo. Enfatiza que esto incluye tanto a judíos como gentiles, citando de varios pasajes del Antiguo Testamento que muestran que los gentiles han de ser incluidos en el gozo (2 Samuel 22:20; Salmo 18:49; Deuteronomio 32:43; Salmo 117:1; Isaías 11:10). Estos párrafos resumen la menta del mensaje de Pablo en Romanos:

“Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios. Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:
‘Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles
y cantaré a tu nombre’.
Y otra vez dice:
‘Alegraos, gentiles, con su pueblo’.
Y otra vez:
‘Alabad al Señor todos los gentiles,
y magnificadle todos los pueblos’.
Y otra vez dice Isaías:
‘Estará la raíz de Isaí,
y el que se levantará a regir los gentiles;
los gentiles esperarán en Él”.
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:7-13).
El ministerio de Pablo y sus planes (Romanos 15:14-33)
Escribí acerca de esta sección en el primer capítulo de este libro, de modo que diré poco acerca de él aquí. Vimos allí como el compromiso de Pablo de llevar la colecta a Jerusalén, le hizo viajar centenares de kilómetros adicionales y le impidió seguir su plan de ir a España. También vimos que Pablo tenía preocupaciones acerca de ´como sería recibido en Jerusalén, y que él había implorado a los romanos que oraran en su favor. Finalmente vimos que Pablo se consideraba a sí mismo un apóstol a los gentiles, y en el capítulo 2 exploramos lo que eso significaba.
Una cosa que no destacamos anteriormente fue que Pablo les dijo a sus lectores romanos que él había hablado más bien osadamente a ellos en algunos asuntos (Romanos 15:15). Éste fue tal vez un dispositivo retórico que él usó porque estaba escribiendo a una iglesia que él nunca había visitado y tenía una meta específica. Cuando se compara esta carta con las de 1 y 2 de corintios y Gálatas, Romanos difícilmente parece atrevido. Pablo es bastante suave, aún cuando plantea asuntos que dividían a los romanos. Pero algunas personas quizá cuestionaron por qué estaba escribiendo a los romanos, y esta breve apología es su manera de mostrar que él no está tratando de ser presuntuoso.
Personas reales (Romanos 16)
Si se te pidiera nombrar cuál debe ser el libro más aburrido de leer en todo el mundo, podrías responder que son las páginas blancas (o amarillas) de la guía de teléfonos. ¡Imagínese leer nombre tas nombre tras nombre! El capítulo 16 de Romanos es principalmente un par de listas de nombres, y la mayoría de los lectores quizá las salteen porque parecen tan poco interesantes como leer una guía de teléfonos. Pero esos nombres representan personas, personas reales, y hay historias interesantes detrás de cada uno. Lamentablemente no conocemos la mayoría de las historias, pero lo poco que sabemos acerca de algunas de esas personas despierta nuestro apetito de saber más. Si la meta final de la justicia por la fe es una comunidad de creyentes que vive en armonía con Dios y los unos con los otros, entonces las listas de creyentes son una manera apropiada de terminar un libro cuya intención es motivar a la gente hacia esa meta.
Hay cinco partes en Romanos 16. 1) la recomendación que hace Pablo de Febe: 2) saludos a diversos miembros de la iglesia en Roma; 3) un pedido y una advertencia; 4) saludos de los compañeros de Pablo y 5) la bendición final.
La recomendación que Pablo hace de Febe
Pablo comienza este capítulo final recomendando a Febe a los romanos. Les escribe desde Corinto, y ella es de Cencrea, que era el puerto en el lado este de Corinto. Es probable que Febe fuese quien llevó la carta desde Corinto hasta Roma. No había servicio de correos para la población en general en tiempos de Pablo, de modo que cada carta tenía que ser llevada por un mensajero. Ella probablemente también fue quien leyó la carta a los Romanos.
No es seguro el modo como Pablo llama a Febe. Algunas traducciones la llaman diaconisa, pero otras la llaman sierva. El término diaconisa es el que se usa en el Nuevo Testamento para diácono, pero tambié3n se usaba más generalmente para los siervos, como cuando Pablo se llama a sí mismo siervo [ministro] del nuevo pacto (2 Corintios 3:6) y del evangelio (Colosenses 1:23). Siendo que Pablo añade “de la iglesia” después de ese término, posiblemente él esté usando la palabra para decir que ella era diaconisa (Romanos 16:1). No hay una terminación femenina en la palabra, de modo que sería equivocado traducirla como “diaconisa”. Veremos en todo este capítulo la importancia que Pablo asigna al asunto de las mujeres en el ministerio. Febe no es meramente una sierva, sino una dirigente de la iglesia. Pablo instruyó a los romanos a hacer lo que ella pedía y a atender a sus necesidades. Tal vez ella ya estaba comenzando a hacer sus preparativos para el viaje futuro de Pablo a  España.
Saludos a diversos miembros de la iglesia en Roma
Hubo un tiempo en que muchos comentadores de Romanos no creían que este capítulo fuese parte de la carta original a los romanos. Pensaban que podría haber sido escrito para otra congregación, como la de Éfeso. No podía imaginarse que Pablo conociera a tantas personas en Roma, siendo que cuando él escribió aún no había estado allí. Pero en el siglo I todos los caminos realmente conducían a Roma. No es sorprendente que muchos que estaban en Roma cuando Pablo escribía, pudieran haber vivido o visitado partes del imperio, y haberse encontrado con Pablo en esos lugares. No mencionaré a todas esas personas, sino sólo a aquellos de cuyas historias sabemos algo:

  • Prisca y Aquila (versículos 3-5). Vimos en el primer capítulo de este libro que, de acuerdo con Hechos 18, esta pareja se encontró con Pablo en Corinto después que ellos fueran echados de Roma por el emperador Claudio. Más tarde viajaron con Pablo a Éfeso y estuvieron allí trabajando por un tiempo. Ahora estaban de regreso en Roma y una iglesia se reunía en su casa. En el primer siglo, los cristianos no tenían edificios de iglesia. Debían reunirse en las casas. Note que Pablo menciona primero el nombre de Prisca, sugiriendo que ella era realmente la líder de este hogar-iglesia.

Pablo dice que Prisca y Aquila arriesgaron sus cuellos por él; tal vez cuando trabajaron juntos en Corinto. Esto puede parecer sencillamente una figura de lenguaje, pero también puede sugerir que ellos eran ciudadanos romanos, ya que sólo los ciudadanos romanos podían ser decapitados.

  • Andrónico y Junias (versículo 7). Quizás eran una pareja casada, ya que el nombre Andrónico es masculina y Junias es femenino. Pablo dice que eran sus parientes (¿literales o figurados?) que estuvieron en prisión con él en algún momento y que fueron apóstoles antes que él lo fuera. De este modo tenemos aquí el caso de un apóstol mujer. Pablo se refiere a varias otras mujeres que fueron obreras con él. Otra vez vemos que las mujeres desempeñaron una parte importante en el ministerio de la iglesia temprana.
  • Los de la casa de Aristóbulo (versículo 10) y los de la casa de Narciso (versículo 11). Pablo tal vez esté hablando de esclavos y siervos libertados que trabajaban en las casas de estas dos personas. Aristóbulo sugiere que este hombre tenía un trasfondo judío aristocrático. Narciso era un nombre de mujer, a menudo usado por ex esclavos. Quizá ninguno de estos jefes de hogares o establecimientos eran cristianos, pero una cantidad de sus esclavos y esclavas anteriores lo eran. Cada uno de estos grupos posiblemente constituía un hogar-iglesia que s reunía con el permiso de sus amos.
  • Rufo (versículo 13). Este es probablemente el nombre más fascinante en la lista por causa de la historia que puede estar detrás de él. Rufo era un nombre común, de modo que sólo porque aparece dos veces en el Nuevo Testamento no necesariamente significa que en las dos ocasiones se refiera a la misma personal Sin embargo, hay buena evidencia de que pudo ser así. Rufo también se menciona en Marcos 15:21, donde se nos dice que era hijo de Simón de Cirene, quien llevó la cruz de Jesús. Es poco probable que Marcos mencionara los nombres de los hijos de Simón a menos que él supiera que sus lectores los conocían. La tradición es que Marcos escribió su Evangelio para los creyentes en Roma como una década después que Pablo enviara su carta. Así que si Marcos esperaba que los que estaban en Roma supieran quién era Rufo, bien pudo haber sido el mismo Rufo. La parte realmente fascinante de la historia es que Pablo dice que la madre de Rufo también era la de él. Esto sin duda es figuradamente; él probablemente quiso decir que ella era como una madre para él. Pero si el Rufo de Marcos también era el Rufo de Pablo, esto sugiere que Simón de Cirene –quien llevó la cruz de Jesús meramente porque fue obligado a hacerlo– llegó a ser cristiano. Éste tuvo dos hijos (uno de los cuales era conocido tanto por Marcos como por Pablo), y se había casado con una mujer que fue como una madre para Pablo. ¿No le gustaría a usted saber si todo esto fue cierto?

En los versículos 14 y 15 Pablo enumera dos grupos de nombres, los saluda y luego añade saludos a los hermanos y hermanas que estaban con ellos. Aquí puede estar refiriéndose a dos diferentes hogares-iglesia. De este modo podemos haber visto por lo menos cinco diferentes hogares-iglesia en este capítulo. Quizá lo más que uno podría incluir en un hogar-iglesia serían unas 75 personas. Por supuesto, pudo haber habido otros hogares-iglesias que Pablo no menciona.
Un pedido y una advertencia
En los versículos 17 al 20 Pablo hace su tercer pedido específico a los romanos (los primeros dos están en Romanos 12:1 y 15:30): les pide que se fijen “en los que causan divisiones” y enseñan en forma contraria a lo que han aprendido (versículo 17). Esta es la primera advertencia en la carta contra falsos maestros. ¿Sabía Pablo de algún grupo específico que estaba yendo a Roma, o simplemente era un consejo general porque él sabía que personas así podían aparecer en cualquier parte? Realmente no podemos estar seguros. Estas personas que adulan pero realmente sirven a sus propios apetitos nos recuerdan una advertencia similar que más tarde Pablo dará a los creyentes de Filipos (ver Filipenses 3). Pablo también asegura a los romanos que pronto Jesús destruirá bajo sus pies el poder de Satanás.
Saludos de los compañeros de Pablo
Pablo no sólo saluda a los que están en Roma, sino que envía saludos de aquellos que estaban con él en el área de Corinto. Estas son personas que probablemente habían estado cerca de Pablo. Él estaba escribiendo al final de una estadía de tres meses en Corinto en su tercer viaje misionero. En su segundo viaje había pasado allí un año y medio.

  • Timoteo (versículo 21). Timoteo era uno de los asociados más cercanos a Pablo y principal mediador en conflictos. Se lo enumera como el coautor de 2 Corintios, Filipenses, 1 y 2 de Tesalonicenses y Filemón y es, por supuesto, quien recibe 1 y 2 Timoteo. Pablo lo envió a Corinto cuando esa iglesia se dividió (1 Corintios 4:17), y en Filipenses 23:19 al 22 es destacado por su fidelidad.
  • Lucio (versículo 21). Esta es otra forma del nombre Lucas. No sabemos si este es Lucas, el autor del Evangelio y de Hechos. Pero al escribir la sección de Hechos que habla del viaje de Pablo de Corinto a Jerusalén (Hechos 20 y 21), Lucas usó el término nosotros, primera persona, sugiriendo que él pudo estar con Pablo en ese tiempo.
  • Jasón (versículo 21). Hechos 18:5 al 9 cuenta la historia de Jasón en Tesalónica, quien recibió a Pablo en su casa y fue perseguido como resultado de ello. Pero no hay manera de saber si este es el mismo Jasón.
  • Tercio (versículo 22). Su nombre significa “tercero”. Casi siempre los esclavos recibían nombres como Primo, Segundo, Tercero y Cuarto. Este esclavo fue el escriba que escribió esta carta mientras Pablo se la dictaba. De todas las cartas de Pablo, éste es el único escriba cuyo nombre conocemos.
  • Gayo (versículo 23). Hechos 20:4 dice que un Gayo acompañó a Pablo cuando salió hacia Jerusalén, y en 1 corintios 1:14 encontramos que Pablo bautizó a Gayo en Corinto.
  • Erasto (versículo 23). Pablo envía saludos de un hombre de cierta prominencia: era el director de obras públicas de la ciudad de Corinto. Los arqueólogos han descubierto en Corinto una inscripción de mediados del siglo primero que menciona a un Erasto, quien era el director de las calles y que se mantenía en su cargo construyendo una calle a sus propias expensas. Esto casi seguramente se refiere a la persona cuyos saludos Pablo envió a Roma.
  • Cuarto (versículo 23). Este es el último nombre que menciona Pablo. Su nombre tal vez indica que era un esclavo.

¿No es interesante que los dos últimos nombres mencionados sean los de un esclavo y un hombre rico, oficial de la ciudad? En otras palabras, el evangelio alcanzó a todo un espectro de personas de las diversas clases sociales. Nos nombres de este capítulo –tanto los que eran saludados en Roma como los que enviaban saludos a Roma– también muestran que el evangelio alcanzó un espectro de nacionalidades, porque había nombres judíos, griegos y latinos en estas listas.
Así que las listas de nombres en Romanos no son una lista aburrida como las de una guía telefónica. Son nombres de personas, frutos del evangelio. Esas personas son la carne y los huesos de la fe.
Durante los últimos siete años y medio he tenido el privilegio de servir como pastor. En la actualidad nuestra feligresía llega a 2.10 nombres. Cuando repaso esa lista no hay nada de aburrido en ella. Veo los nombres de personas que bauticé, personas con quienes reí, personas con quienes lloré, personas que visité en el hospital, personas cuyos bebés dediqué, personas cuyos casamientos tuve el privilegio de realizar, personas cuyos cónyuges tuve que enterrar, y así sucesivamente. Deseo que pudiera decir que conozco a los 2.010, pero no. Sin embargo, al repasar los nombres, recuerdo muchas historias, y puedo decir exactamente dónde se sientan el sábado en la iglesia muchas de esas personas. Veo sus rostros mientras cantan alabanzas a Dios. Las palabras no pueden siquiera comenzar a describir lo que esas personas significan para mí.
Cuán apropiado es que Pablo concluya Romanos con estas listas de nombres. La iglesia, creyentes unidos en alabanza, fe y misión. Allí es donde concluye el libro de Romanos, como debería hacerlo. Sólo listas de nombres, pero nombres que Dios conoce y anota en el Libro de la Vida.
La bendición final
La bendición final de Pablo habla de la “obediencia a la fe”, una expresión que él usó allá en Romanos 1:5, donde él habló de Jesús, “por quien recibimos la gracia y el apostolado, para obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre”. Los escritores en los días de Pablo a menudo mostraban lo que era importante escribiendo las mismas palabras al comienzo y al final. Vea si puede descubrir lo que Pablo consideraba más importante, comparando las palabras de Romanos 1:5 con su bendición final en Romanos 16:25-27.

“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén”.

Ver Horacio, Sermones, 1.9:60-78

Es la forma en que Pablo escribe Priscila.

Para una fotografía de la inscripción, ver “Erasto” en el Diccionario bíblico adventista.

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