Posteado por: Lilliam A Garcia | agosto 3, 2010

Lección 6 Explicación de la fe Libro Complementario

Lección 6

Explicación de la fe

¿Y qué?
En teología, esta es siempre una pregunta importante. Después de haber hablado con toda la jerga teológica, ¿qué diferencia hace en la vida real? En Romanos 5, Pablo se detiene un mo mento para hacerse la pregunta”¿Y qué? Nos ha dicho que somos jus tificados por fe. ¿Qué diferencia hace esto? Hemos sido justificados por fe, ¿y qué?
Pablo era pastor. El no estaba interesado en las meditaciones teoló gicas por sí mismas; se interesaba en la vida práctica de todos los días. Por esto comenzó Romanos 5 con las palabras:”Justificados, pues, por la fe”. Lo que sigue es una hermosa descripción de lo que significa experi mentar el don de la salvación que terminó de analizar. En otras palabras, contesta el”¿Y qué?”
Primero de todo dice que experimentar la justificación significa te ner “paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (versículo 1). Pablo usa la palabra paz once veces en Romanos. En sus días, esta palabra era muy abarcante. Más que la ausencia de guerra, significaba un bienestar integral. Estar en paz con Dios es estar en una relación co rrecta con él, estar cómodos con él, vivir sin tenerle temor. Por supuesto, de esto se trata la justificación: relaciones correctas.
Pablo nunca siquiera sugiere que Dios está en guerra con nosotros. Recuerda, él ve aún la ira de Dios como que Dios se aparta y nos entrega a nuestras propias elecciones. Su punto es que una vez vivimos en un es tado de rebelión contra Dios, teniendo miedo y siendo hostiles a él. Ahora vivimos en paz con él, sabiendo de su amor inmenso hacia nosotros.
Segundo, habiendo sido justificados, vivimos nuestras vidas en una nueva atmósfera. En el versículo 2 Pablo habla de que “tenemos entrada… a esta gracia en la cual estamos firmes”. Gracia –la maravillosa aceptación de Dios que recibimos aparte de cualquier cosa que pudié ramos hacer para ganarla– llega a ser la atmósfera en la cual vivimos y respiramos.
Mientras escribo estas palabras estoy en el sur de California, EE.UU. Durante las últimas semanas hemos vivido en una atmósfera de humo por los incendios forestales cercanos. No es una atmósfera ideal para los ojos y los pulmones. Anhelamos aire puro y limpio para respirar. La gracia es esa atmósfera pura y limpia para la vida espiritual. Cuando res piramos esa atmósfera de gracia, vivimos con gozo y libertad. Es como estar en un mundo completamente nuevo.
El tercer resultado práctico de la experiencia de la justificación es sorprendente. Es tan sorprendente que muchas traducciones la escon den. ¡La sorpresa es que los que son justificados se jactan! Esto sorpren de porque, apenas dos capítulos antes, Pablo dijo que la fe excluye la jactancia (Romanos 3:27). Ahora dice que los que están justificados se jactan.
Esto parece tan inconsistente, que muchos traductores sustituyen jactarse por gloriarse o regocijarse. Pero jactarse es la mejor traducción de la palabra griega que usó Pablo. Cuando quería decir regocijarse o gloriarse usaba una palabra diferente. Pablo eligió intencionalmente jactarse en este pasaje. Si la palabra se traduce como “regocijarse” o “gloriarse” el lector pierde la conexión con Romanos 3:27, y Pablo usó la misma palabra en los capítulos 3 y 5 con un propósito. No lo hizo por ser inconsistente, sino para enfatizar el contraste entre nuestra situación antigua y esta nueva atmósfera en la que vivimos.
La jactancia que se excluye en Romanos 3:27 es la de atribuirnos nuestra salvación o la de felicitarnos por nuestra bondad. La jactancia que Pablo permite –en realidad recomienda– en el capítulo 5 tiene un enfoque completamente diferente. Es jactarse en Dios. Es una alabanza tan entusiasta a Dios y hacia lo que hizo por nosotros, que nos permite jactarnos aun cuando, desde una perspectiva terrenal, las cosas no va yan tan bien. Pablo usa la palabra tres veces en este capítulo:

  • Versículo 2 – Nos jactamos en la esperanza de la gloria de Dios.
  • Versículo 3 – Nos jactamos en nuestros sufrimientos.
  • Versículo 11 – Nos jactamos en Dios.

Pablo dice que porque nos jactamos en Dios y en la esperanza con fiada de que compartiremos su gloria, incluso podemos jactarnos en nuestros sufrimientos. No que nos gocemos en el sufrimiento ni que lo elijamos, sino que también “sabemos” que “la tribulación produce pa ciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza” (Romanos 5:3-5).
Cuando Pablo añade que la esperanza no “avergüenza”, el vocablo traducido “avergüenza” es una palabra fuerte. Es más que “no defraudar” (NVI), ya que en el mundo en que vivía Pablo el honor y la vergüenza eran conceptos muy importantes. En nuestra sociedad individualista tendemos a hacer lo nuestro sin preocuparnos por lo que otros piensen. Pero en el mundo más orientado hacia la comunidad, en el siglo I, no había nada peor que la comunidad viera vergüenza en alguien. Era casi como si la vergüenza fuera una máscara en el rostro que todos podían ver. Pablo dice que la esperanza no produce vergüenza. Más bien, pro duce confianza. Esto invierte el concepto común de vergüenza y honor. La gente en los días de Pablo pensaba que al jactarse en sus realiza ciones evitaban la vergüenza. Pablo dice que la única manera en que podemos evitar la vergüenza es jactarnos en Dios y esperar en él.
La paz con Dios, una atmósfera de gracia, y el jactarse en Dios no importa qué suceda, es porque sabemos que vivimos en esperanza: to das estas cosas con el “¿Y qué?” de la experiencia de la justificación por la fe. Pero se vuelve aún mejor. Pablo sigue resumiendo lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.
Por medio del Espíritu “el amor de Dios fue derramado en nuestros corazones” (Romanos 5:5). En los siguientes tres versículos (6-8), Pablo enfatiza que la medida de este amor es la muerte de Cristo por nosotros. Su muerte vino en el momento preciso. Pablo tenía dos palabras dispo nibles para “tiempo”: una que significa tiempo en un sentido meramen te cronológico, y otra que se refiere a una cualidad del tiempo. Él usa la segunda aquí. Era el tiempo oportuno.
La muerte de Cristo también vino por iniciativa de Dios, aparte de cualquier cosa que podríamos haber hecho. Pablo usa tres palabras en estos tres versículos que enfatizan nuestra impotencia. Dice que Cristo murió cuando éramos “débiles”, “impíos” y “pecadores”. En otras pala bras, cuando estábamos en un lío y éramos demasiado débiles para ha cer algo para solucionarlo.
Pablo quiere que esto se comprenda tanto en el ámbito cósmico como en el personal. El mundo era pecaminoso, y Cristo murió por el mundo y todos sus habitantes. Pero él murió también por cada uno de nosotros. Y murió por nosotros cuando éramos débiles y pecadores. Esto va en contra del sentido de la conducta humana normal. Nosotros no morimos por una persona justa, mucho menos por un pecador. Bue no, si Pablo dice que podríamos morir por una persona buena, proba blemente sugiere por una persona carismática y simpática (ver el versículo 7). Pero todo el evangelio se resume en la conducta inusual de Cristo: “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (versículo 8).
Mucho más
En la España del siglo XV apareció una moneda que representaba las columnas de Hércules, las cuales simbolizaban el estrecho de Gibraltar. Una inscripción en la moneda decía: “Nada más allá”. Gracias a Colón y a otros exploradores, la moneda llegó a ser anticuada. Alrede dor de 1537 apareció otra moneda con el mismo dibujo, pero con una inscripción nueva:”Mucho más allá”.
En Romanos 5 Pablo señala al “mucho más” que viene como resul tado de la salvación por gracia. Él usa la expresión cuatro veces. Las pri meras dos veces en que usa la expresión contrasta la experiencia positi va actual que tenemos con la promesa de algo aun mayor en el futuro. En las otras dos veces contrasta el legado negativo del pasado de Adán con la promesa positiva de nuestras expectativas en Cristo. El siguiente cuadro muestra esos contrastes:

Vers. Ahora Futuro
9 “Estando ya justificados en su sangre…” “…mucho más… por él seremos salvos de la ira”.
10 “Si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…” “…mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.
Adán Cristo
15 “Porque si por la transgresión de aquel uno [Adán] murieron los muchos…” “…abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo”.
17 “Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte…” “…mucho más remarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”.

Los primeros dos contrastes, en los versículos 9 y 10, dicen algo importante acerca del concepto paulino de la salvación y la escatología. Para él, la segunda venida de Jesús no es sólo un evento en el futuro que esperamos que suceda. Ya está asegurada y garantida por la fuerza de lo que actualmente hemos recibido de Dios. Nuestra experiencia actual de la salvación ya es el anticipo de todo lo que esperamos. Si ya hemos sido justificados y estamos en paz con Dios, sabemos que él nos salvará eternamente. Si Dios nos amó tanto que nos reconcilió consigo mis mo por medio de Cristo cuando todavía éramos enemigos, cuánta más confianza podemos tener en la salvación ahora que somos amigos. La experiencia actual que gozamos nos asegura nuestra esperanza futura.
Note que Dios es el sujeto –el que inicia la acción– de esta recon ciliación. No nos reconciliamos nosotros con Dios. Ni Cristo hizo algo para hacer que Dios nos ame más y nos acepte. Como resulta claro en el versículo 8, es Dios el que demostró su amor por nosotros cuando Cris to murió por nosotros, pecadores. Dios es el sujeto. Él nos ama desde el comienzo y actúa en Cristo para salvarnos. Pablo presenta el mismo punto en 2 Corintios 5:19 cuando dice que “Dios estaba en Cristo recon ciliando consigo al mundo”.
Hay una antigua herejía en la iglesia cristiana que todavía está muy arraigada en nuestros huesos. De alguna manera tendemos a ver a Dios como un Padre severo y duro a quien Jesús tiene que suplicar que nos ame y no nos castigue. Pero eso no es lo que significa la intercesión de Jesús. Jesús no tiene que cambiar el pensamiento de Dios hacia nosotros; Dios nos ama desde el principio y es Aquel que en Cristo está reconci liando al mundo consigo. No obstante, si le pregunta a los niños en las divisiones infantiles de la Escuela Sabática que dibuje a Dios el Padre, y haga otro dibujo de Jesús, generalmente el cuadro de Jesús será mucho más benévolo. De alguna manera necesitamos transmitir en toda nuestra enseñanza que Dios el Padre nos ama tanto como nos ama Jesús.
Este concepto de la reconciliación es otra metáfora para añadir a la lista que notamos en el capítulo 4. La experiencia de la salvación no es sólo ser absuelto por un juez, liberado de la esclavitud o perdonado por medio de un sacrificio en el templo, también es ser reconciliado con un enemigo por medio de la intercesión de un embajador.
Adán y Cristo
En nuestra cultura occidental, cuando pensamos en la humani dad, comenzamos con los seres humanos autónomos. La humanidad está compuesta por una colección de individuos. Los individuos son la materia prima de la humanidad. Sin embargo, en los tiempos bíblicos, cuando la gente pensaba en la humanidad, pensaban en un grupo o comunidad. Es cierto, el grupo estaba compuesto por individuos, pero la materia básica de la humanidad era la comunidad. Esa diferencia está detrás de la analogía sostenida que comienza en Romanos 5:12.
Pablo ve a los seres humanos en comunidad o solidaridad con Adán o con Cristo. Somos parte natural de la tribu o clan de Adán. Estamos en una comunidad de pecadores caracterizada por Adán. Pero cuando aceptamos a Cristo, entramos en una comunidad nueva, caracterizada por Cristo. Y hay una diferencia enorme entre estas dos comunidades.
Tal vez podamos comprender mejor esto si pensamos acerca de nuestra lealtad a los equipos deportivos. Si usted es aficionado a un determinado equipo, y su amigo lo es de otro equipo, y un día van al estadio donde hay un encuentro entre esos dos equipos, no será difícil distinguir quién es el “hincha” de un equipo o del otro, generalmente por el color de la ropa que lleva. Pero también porque gritan o vitorean en momentos diferentes. Se nos distingue fácilmente.
Los que viven en Adán y los que viven en Cristo también son fácil mente distinguibles. Pablo da una lista de diferencias:

Vers. En Adán En Cristo
12,15 El pecado entró por él, y por su pecado muchos murieron. Por medio de él, la gracia sobreabunda.
16 El trajo la condenación. El trajo la justificación.
17 Por él reinó la muerte. Por medio de él reinaremos con vida.
18 Por él vino la condenación a todos. Por él vino la justificación a todos.
19 Por su desobediencia, los muchos fueron hechos pecadores. Por su obediencia, los muchos serán hechos justos.

Cuando Pablo habla de “los muchos” quiere decir todos. O todos es tamos conectados con Adán como pecadores o con Cristo como pueblo de fe. Pertenecer a un grupo significa muerte; pertenecer al otro significa vida. En Adán la muerte reina, y perdemos lo mejor que tenemos. Pero en Cristo reinamos y vivimos en la atmósfera de la gracia de Dios, con la seguridad de que nuestra esperanza no nos fallará. Pablo nos muestra cómo pasar de estar en Adán a estar en Cristo por medio de la fe.
El pecado original
Una de las discusiones persistentes acerca de Romanos 5 ha gira do en torno al concepto del pecado original. ¿Somos pecadores porque nosotros pecamos, o por causa del pecado inherente de Adán? No es el propósito de Pablo responder a esa pregunta aquí; sin embargo, los teólogos han tratado de usar este capítulo para responder a la pregunta. Una buena parte del debate se ha centrado en la traducción de Roma nos 5:12. En el griego, idioma en el que Pablo escribió, la última frase de este versículo comienza con una preposición y un pronombre que lite ralmente significan “en el que” o “en quien”. Desde el tiempo de Agustín de Hipona algunos han creído que esto significa “en quien todos peca ron”, donde “quien” es Adán. De este modo argumentan a favor de un pecado original que pasó de Adán a toda su posteridad. Todos somos pecadores porque Adán pecó. Nacemos pecadores porque recibimos el pecado como una herencia de Adán.
Otros, incluyendo la mayoría de las traducciones modernas, toman esta preposición-pronombre como significando “porque”. Si leemos este versículo así, somos pecadores no “en” Adán sino “porque” peca mos. Pablo usa esta específica estructura preposición-pronombre en por lo menos tres otros pasajes (2 Corintios 5:4; Filipenses 3:12; 4:12), y en cada uno de estos casos el significado es “porque”. Probablemente esa es la forma que también tendría que traducirse aquí.
Sin embargo, esto no responde a la pregunta de cómo llegamos a ser pecadores. ¿Nacemos puros y luego llegamos a ser pecadores la primera vez que quebrantamos la ley? ¿O nacemos pecadores antes de la primera vez que quebrantamos la ley? Pablo no lo dice; sencillamente nos pone a todos en la categoría de pecadores hasta que somos capta dos por la gracia de Dios y ponemos nuestra confianza en él.
No les lleva mucho tiempo a los niños pequeños revelar cierto or gullo, egoísmo u obstinación. Si eso no es pecado, pronto florece hasta serlo. He observado esto en mi nieto menor este verano. Estábamos de vacaciones con nuestra hija, yerno y dos nietos en la península de Yuca tán, México. Era un día caluroso. Habíamos visitado algunas ruinas ma yas en Tulum, y luego bajamos a la playa para refrescarnos. Mi nieto de un año y medio, Conlan, tenía apetito. También estaba sucio y cubierto de arena. Su padre sacó una galletita, la quebró y le dijo:”Déjame que te ponga este pedazo en la boca. Tus manos están demasiado sucias para tocarla”. Pero cuando el padre de Conlan trató de ponerlo en la boca de Conlan, éste emitió toda una serie de protestas. Era obvio que quería ponerse el trozo en la boca él mismo. Finalmente, el padre lo sujetó y le puso la galletita en la boca. Pero apenas el padre se había alejado unos pocos pasos, Conlan sacó el trozo de galleta, la tomó con su mano sucia, y mostró una gran sonrisa como diciendo: “¡Miren, gané!” La volvió a poner en la boca y la comió. No hemos crecido mucho antes de creer que tenemos que ser los primeros. Esa actitud parece estar en nuestro corazón tan humano. Para Pablo, eso es lo que significa estar en Adán.
Pablo creía que el problema del pecado comenzó con Adán. Ese primer hombre transgredió un mandato específico de Dios. El resultado del pecado es la muerte, y el hecho de que el pecado reinó “desde Adán hasta Moisés”  (Romanos 5:14) muestra que el pecado estaba en el mundo aun antes que Dios promulgara la ley en Sinaí. Cuando él dio la ley, reveló la naturaleza y el panorama del pecado. Aun cuando el pecado ya estaba en el mundo y provocaba sus daños, no era fácilmente visible o comprendido hasta que la ley lo definió. Esta es una manera en que la ley hizo “abundar” el pecado (ver 5:20). Pero Pablo concluye que cuando la ley aumentó el pecado que Adán había introducido, “sobreabundó la gracia” (5:20). No tenemos que vivir una vida orientada hacia el pecado en solidaridad con Adán. La gracia de Dios, disponible para todos en Cristo, excede por mucho el problema del pecado.
Esto plantea la pregunta: Si la gracia puede realmente cubrir cual quier cantidad de pecado, ¿por qué no seguimos pecando de modo que la gracia pueda abundar más todavía? Pareciera haber cierta lógica en esta idea. Pablo la analiza en Romanos 6, como veremos en el próximo capítulo.

No es la única manera. Rabio nos mostrará otra en Romanos 7.


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