Posteado por: Lilliam A Garcia | julio 26, 2010

Lección 5 La justificación, la ley y Abraham Libro Auxiliar

Lección 5

La justificación, la ley y Abraham

En este punto de la carta, Pablo ha planteado su propuesta básica. La ira de Dios es revelada en el pecado universal, y la justicia de Dios es revelada en el don gratuito de la gracia ofrecida a toda la gente sobre la base de la fe aparte de la ley. Estas podrían ser palabras de contienda para algunos de los lectores judíos por dos razones. Primera, ellos podrían haber visto que Pablo socavaba la ley y abría el camino para un alboroto relativista en el que cada uno se sentiría libre para hacer lo que quería. Como ya hemos visto, Pablo admitía que algunas personas lo acusaban de enseñar exactamente eso (ver Romanos 3:8).
Segunda, los lectores judíos podrían haber pensado que Pablo es taba socavando la promesa que Dios había hecho a sus antepasados. ¿No indicaba el pacto que Dios había elegido a los judíos para ser un pueblo especial? Ahora Pablo está diciendo que Dios no tiene favoritos; que considera a todos del mismo modo; que todos son pecadores y ne cesitan su gracia. Ambos puntos ciertamente habrán hecho elevarse al gunas cejas y podrían tal vez haber producido algunas peleas teológicas.
Pablo comprende a sus lectores. Él sabe lo que están pensando. Así como hacen los buenos pastores, se detiene para dar un ejemplo e ilustrar el punto que presentó y reforzarlo. ¿Y qué mejor ejemplo podría haber que el de Abraham? Él era el padre de los judíos. Si Pablo podía mostrar que la experiencia de Abraham demostraba lo que estaba di ciendo, Pablo habría avanzado mucho para quebrar la oposición a esos dos puntos de controversia.
La importancia de Abraham
Aun en tiempos del Antiguo Testamento, Abraham era considerado el modelo con respecto a la justicia. Note Isaías 51:1 y 2:
“Oídme, los que seguís la justicia,
los que buscáis a Jehová.
Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados,
y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.
Mirad a Abraham vuestro padre,
y a Sara que os dio a luz;
porque cuando no era más que uno solo lo llamé,
y lo bendije y lo multipliqué”.
El gran profeta Isaías dice que si quieres seguir la justicia y buscar a Dios, necesitas mirar a Abraham, el padre de los judíos. Él es quien le mostrará cómo ser justo.
Los libros no inspirados escritos en el tiempo entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos también reconocen la importancia de Abraham. En el libro llamado La sabiduría de Ben Sirac, o Eclesiástico (no confundir con el Eclesiastés, que es canónico), leemos:
“Abraham, padre insigne de una multitud de naciones,
no se halló quien le igualara en gloria.
Él guardó la ley del Altísimo,
y con él entró en alianza” (Eclesiástico 44:19, 20, BJ).
Se considera a Abraham como el que guardó la ley, lo cual hizo que los judíos lo consideraran como un gran ejemplo. Note que en este libro se lo ve además como el padre de otras naciones.
El Nuevo Testamento también presenta a Abraham como un ejem plo. Mateo lleva la genealogía de Jesús hasta Abraham (Mateo 1). Quiere mostrar que los ascendientes de Jesús llegan hasta el padre de los ju díos. Que Jesús sea un heredero legítimo de Abraham le da credibilidad. Y en Hebreos 11, en la lista de los grandes ejemplos de fe, Abraham ocupa más espacio que cualquier otro. Así, desde el Antiguo Testamen to, pasando por el período entre los dos testamentos, hasta el Nuevo Testamento, Abraham es considerado el padre de los judíos y un ejem plo que los inspira a obedecer a Dios. Si Pablo puede mostrar que el ejemplo de Abraham realmente apoya lo que está diciendo, entonces habrá demostrado su punto. Y Pablo hace precisamente eso. Encuentra dos textos acerca de Abraham en el libro del Génesis que hablan acerca de ambos puntos de controversia con los cuales comenzó el capítulo.
Abraham y el Génesis
Los dos pasajes son Génesis 15:6 y 17:5. El primero se ocupa del tema de la salvación por la fe y no por las obras, y el segundo trata acer ca de la universalidad de la gracia de Dios. Pablo muestra que, en ambos temas, Abraham está de su parte.
El primer pasaje, Romanos 4:3, cita Génesis 15:6 y dice: “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”. Esto, por supuesto, tam bién podría ser traducido como: “Abraham confió en Dios” o “Tuvo fe en Dios”. Pablo usa este pasaje para enfatizar que algo “acreditado” a usted no es algo que usted ha ganado. Así, Génesis dice que Abraham no ganó su justicia; le fue dada como un regalo, basado en su fe en Dios. Porque Abraham tuvo fe en Dios le fue dada la justicia. De este modo, Abraham llegó a ser el ejemplo perfecto de la justificación por la fe.
Pero hay otro punto que también se debe destacar aquí. El inciden te registrado en Génesis 15:6, que sucedió antes de la circuncisión de Abraham (Romanos 4:9-12). Por tanto, la justificación difícilmente puede basarse en la circuncisión. Y como la circuncisión era la señal de que alguien era judío, la justicia de Abraham no podría haberse basado en su judaísmo. Así que, si Abraham es el ejemplo principal de justificación, entonces tenemos que concluir que la justificación es un regalo acredi tado sobre la base de la fe. No es el resultado ni de guardar la ley ni de ser judío. Esto es precisamente lo que Pablo había dicho en el capítulo 3. ¡Ahora también tiene a Abraham de su lado!
Pablo cita el segundo pasaje, Génesis 17:5, en Romanos 4:17:”Te he puesto por padre de muchas gentes”. Cuando lea esto recuerde que la palabra griega traducida “gente” también puede ser traducida como “naciones” o “gentiles”. Abraham no es sólo el padre de los judíos; también es el padre de los gentiles. Los judíos del tiempo de Pablo creían esto, pero en realidad no habían descubierto todas sus implicancias. Pablo se asegura que lo hagan. Si Abraham es el ejemplo de justificación y también es el padre de los gentiles, entonces la salvación de Dios difícil mente puede limitarse a los judíos.
Los judíos se veían como los herederos de las promesas hechas a Abraham. Pablo afirma que lo son. Pero no son los únicos herederos. Los gentiles también son herederos de la promesa. Ambos están en pie de igualdad, y ambos son salvados del mismo modo: poniendo su con fianza en Dios.
Este mensaje de Romanos elimina la doctrina del dispensacionalismo que sostienen muchos cristianos evangélicos hoy. El dispensacionalismo dice que Dios ha tenido diferentes métodos de salvación en diferentes eras de la historia de la Tierra. Hubo una dispensación del pacto antiguo en el que las personas eran salvadas por obedecer la ley. Pero Cristo introdujo una nueva dispensación: el pacto de gracia. En este nuevo pacto de gracia, la ley es abolida y ya no es válida.
Hay dos problemas con este pensamiento. Primero, Pablo enseña en Romanos que todos son salvados de la misma manera. En el tiempo de Abraham, como en el tiempo de Pablo, la gente se salva por poner su confianza en Dios. La justificación siempre fue un don de la gracia de Dios. La ley nunca tuvo la intención de salvarnos. Revela el pecado, pero sólo Dios puede salvarnos.
En Romanos 3:25 y 26 Pablo dice que Dios pasó “por alto” los peca dos pasados con vistas a manifestar su justicia en el tiempo actual. Esto no significa que Dios ignoró esos pecados o no se preocupó por ellos. Significa que esperaba la solución del problema del pecado en Jesucris to. Todas las personas en todas las eras han sido salvadas de la misma manera: confiando en la gracia de Dios.
El segundo problema con el concepto dispensacionalista es que el nuevo pacto no da por abolida la ley. Los pasajes que hablan de un nue vo pacto -tales como Jeremías 31:31 al 34 y Hebreos 8:8 al 12, que cita el pasaje de Jeremías- no hablan de eliminar la ley, sino de cambiar su localización. En el nuevo pacto, la ley ya no es un código externo; está escrita en el corazón. Está internalizada. Tener la ley escrita en el cora zón e internalizada no es ignorarla o quebrantarla, sino vivir de acuerdo con ella; no por obligación, sino porque queremos hacerlo.
Una cosa es decir: “Realmente me gustaría robarle la cortadora de césped de mi vecino, pero la ley dice que no debo robar, de modo que no lo haré. ¡Qué desagradable!” Otra cosa es tener tanto amor por mi vecino que no desearía robar su cortadora de césped o cualquier cosa que le pertenece. De este modo, la internalización de la ley del nuevo pacto hace exactamente lo opuesto de abolirla. Eso es precisamente lo que Pa blo quiere decir en Romanos 3:31: “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera [¡Absolutamente no!], sino que confirmamos la ley”.
Así, para Pablo, todos son salvados de la misma manera: confiando en un Dios de gracia. Abraham es el primer ejemplo de ello.
Otras lecciones de Abraham
Mientras que los dos puntos que Pablo presenta al citar Génesis 15:6 y 17:5 —que Abraham fue salvado por la fe, y que él es también el padre de los gentiles así como lo es de los judíos— son centrales en este capítulo, él también extrae varias otras lecciones de Abraham. Las ve mos en los versículos finales del capítulo 4:
“Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descen dencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:18-25).
Pablo usa el ejemplo de Abraham para mostrarnos algo de la na turaleza de la fe. Tener fe significa confiar en Dios aun cuando las cosas parezcan ir en contra de lo que Dios dice. Abraham era un hombre an ciano, con un cuerpo como si estuviera muerto, cuando Dios le dijo que sería un padre de muchas naciones. Mientras el cuerpo de Abraham era débil, su fe era fuerte. Esta clase de fe fuerte es la que confía en Dios aun cuando su promesa parezca dudosa.
Esta es exactamente la situación en la que muchos estamos con res pecto a la salvación. Se nos hace difícil aceptar la noticia de que somos salvos por la gracia de Dios a pesar de nosotros mismos. Pensamos que la aceptación de Dios puede aplicarse a otros, pero nos conocemos de masiado bien para creer que es para nosotros. Sin embargo, de acuerdo con Pablo, las promesas de Dios no fueron escritas sólo para Abraham; fueron escritas también para usted y para mí. ¡Cristo fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación!
Encontramos en Romanos 4:25 la misma palabra que notamos tres veces en Romanos 1:18 al 26. Allí la palabra se usó para mostrar la na turaleza de la ira de Dios: Dios entregó a los pecadores a su maldad. Pero Dios no podía permitir que la ira fuera la última palabra. Por tanto, entregó a Jesús por nuestros pecados y luego lo resucitó para nuestra justificación.
Preparar el camino
Algunas observaciones acerca del libro de Romanos. En Romanos 4 Pablo enfatiza la fortaleza de la fe de Abraham en contraste con una “fe débil”. Él puede estar haciendo eso como un anticipo de algo en lo que se concentrará hacia el fin de la carta. Podría ser útil notar que este es sólo uno de varios elementos en estos primeros capítulos que adelantan su análisis en Romanos 14 y 15.
Como notará hacia el final de este libro, hay controversia sobre cómo se relacionan entre sí las diversas secciones de Romanos. Casi todos reconocen que Romanos se divide fácilmente en tres partes: los capítulos 1 al 8, 9 al 11 y 12 al 16. La pregunta es cómo estas tres partes se relacionan entre sí. Por el momento, concentrémonos en las seccio nes primera y última.
Algunos eruditos no ven ninguna relación entre las partes primera y última de Romanos. Dicen que en los capítulos 1 al 8 Pablo plantea su mensaje teológico básico, y que en los capítulos 12 al 16 ofrece esa clase de pensamiento ético tradicional que se encuentra al final de la mayo ría de los ensayos filosóficos escritos por autores grecorromanos. Ellos piensan que esta sección no está realmente relacionada con el mensaje teológico de Romanos; está más o menos añadida como un apéndice que se puede leer sin considerar el resto de la carta. Algunos hasta han ido tan lejos como para decir que los capítulos 12 al 16 son más o menos inconsistentes con la primera parte de la carta porque se concentra en la conducta, lo que contradice el mensaje de gracia del comienzo de la carta.
Otros sostienen que la tercera sección de Romanos es realmente el clímax de la carta, hacia el cual Pablo estuvo apuntando desde el mis mo comienzo. Está preocupado no sólo por lo que la gente cree, sino también por la forma en que actúan, especialmente, en cómo se tratan mutuamente. La gracia de Dios hacia nosotros nos lleva a tratar a otros con gracia. Pablo está muy preocupado acerca de las contiendas de los romanos sobre cosas como comida, y está tratando de llevarlos a una nueva unidad en Cristo. Así, la primera sección de Romanos (capítulos 1 al 8) está poniendo el fundamento para la verdadera preocupación pastoral por lo que estaba sucediendo en Roma, de lo que se ocupa en los capítulos 14 y 15.
Hay buenas evidencias de que esta segunda posición es la correcta, porque hay varios pasajes en los primeros capítulos de Romanos que parecen anticipar y preparar el camino para lo que Pablo dirá en los ca pítulos 14 y 15, cuando se ocupe de los problemas específicos de Roma.
Por ejemplo, Pablo comienza el capítulo 2 diciendo:”Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo” (versículo 1). Cuando Pablo llega a Romanos 14, encontramos que esto es exactamente lo que hacen los creyentes romanos: se están juzgando unos a otros. Por eso Pablo dice allí: “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué me­nosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (versículo 10).Y en el versículo 13 Pablo añade:”Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros”. Parece que los romanos tenían un problema con el juzgarse, y como se ve ya en el capítulo 2, Pablo está pre parando el camino para lo que dirá más tarde acerca de este problema.
Otra de sus vislumbres se ve en Romanos 4:19, que trata de Abra ham. Allí Pablo enfatiza que Abraham no fue débil en la fe. ¿Podría ser que Pablo lo hace porque está preocupado acerca de esos creyentes en Roma que eran débiles en la fe y que son parte del debate que lo pre ocupa? Note las declaraciones de Romanos 14 y 15:
•    “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones” (Romanos 14:1).
•    “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (15:1).
Pablo usa el ejemplo de Abraham no sólo para fortalecer sus ar gumentos teológicos acerca de la gracia y la salvación para todos, sino también para socavar las disputas que lo hacen preocuparse por la uni dad de la Iglesia de Roma.
Finalmente, Pablo ha hablado con frecuencia acerca de la justifica ción en cada uno de los cuatro capítulos iniciales. Luego, en Romanos 14, donde Pablo aconseja a los romanos acerca de sus disputas, les dice que el reino de Dios no es comida ni bebida, que era el tema de la dispu ta. Es acerca de la justicia (ver el versículo 17). Hablaremos de esto con más detalle cuando lleguemos a los capítulos finales.
La mayoría de nosotros que está leyendo este libro estudiaremos la carta a los Romanos a lo largo de trece semanas. Recordemos que los romanos lo experimentaron en una hora. Los primeros capítulos toda vía estarían frescos en su mente cuando llegaran al final, y de este modo quizá habrán notado la conexión entre el mensaje teológico del comien zo de la carta y las preocupaciones éticas y prácticas al final de ella. Esto debería recordarnos que al estudiar Romanos estamos en un viaje que avanza hacia un clímax. Darnos cuenta de eso cambia la manera en que leemos cada parte de la carta, incluyendo esos primeros capítulos.


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