Posteado por: Lilliam A Garcia | julio 20, 2010

LECCIÓN 3 Todos hemos pecado PARA MAESTROS

MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO

LECCIÓN 3

Todos hemos pecado

El sábado enseñaré…

Texto clave: Romanos 3:23

Enseña a tu clase a:

Saber describir la profundidad de la depravación tanto de los paganos como de los que profesan ser cristianos pero están sin Cristo.

Sentir la desesperante necesidad de una relación salvadora con Cristo.

Hacer recurrir a Cristo en reconocimiento de nuestro quebranto total, y de su poder y disposición para salvar.

Bosquejo de la lección:

  1. I. Saber: Desesperados sin Cristo
    1. Algunos cristianos judíos insistían en las leyes y tradiciones judaicas como necesarias para los gentiles conversos, mientras otros enfatizaban la salvación por la fe sola como vital para judíos y gentiles por igual. ¿Cuáles fueron las consecuencias? ¿Cómo afrontaron Pablo y otros líderes de la iglesia laprimera división en la iglesia?

  1. II. Sentir: Mirar hacia arriba
    1. Al tener evidencias de nuestra depravación y nuestra gran necesidad de Dios, podemos elegir perdernos en sentimientos de desánimo y desesperación, o podemos arrojarnos sobre la bondad deDios. ¿Qué hemos experimentado en nuestras propias vidas que demuestra nuestra gran necesidadde Dios y la necesidad diaria de un Salvador?
    2. ¿Qué hemos experimentado que demuestra el gran amor de Dios y su compasión hacia nosotros?
  1. I. Hacer: Depender de Cristo
    1. ¿Cómo podemos responder a las evidencias abrumadoras de nuestra condición pecaminosa natural?
    2. ¿Cómo podemos expresar cada día, en oración, no solo la realidad de nuestra necesidad, sino también nuestra aceptación de las provisiones de Cristo para nuestra salvación?

Resumen: Los cristianos y los paganos, por igual, deben reconocer su total necesidad y completa dependencia del poder de Cristo para salvarlos de sus naturalezas pecaminosas.

Ciclo de aprendizaje

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Solamente recibimos el don de la salvación mediante la gracia de Dios.

Solo para los maestros: En la lección de esta semana, analizamos y exploramos el hecho de que la mera bondad humana no alcanza a llegar a la justicia de Dios.

En el siglo XVIII, las personas reflexivas comenzaron a considerar la sociedad occidental y se dieron cuenta de que, a pesar de todas las pretensiones de cristianismo y moralidad, la gente todavía no era buena. De hecho, era bastante mala y, tal vez, la civilización –incluyendo definidamente a la iglesia– tenía la culpa. ¿Será posible –se preguntaban– que la gente, en lo que ellos llaman el “estado natural”, es esencialmente buena y que la iglesia, el estado y la sociedad hacen que las personas parezcan ser malas?

A medida que los exploradores volvían de otras regiones con informes de diversas sociedades que parecían vivir en idílica armonía con la naturaleza, estos pensadores tomaron los informes como confirmación de sus sospechas. De esa mezcla entre una insatisfacción legítima con el status quo y los informes condescendientes y mal comprendidos de otras sociedades, nació el concepto del salvaje noble.

Desde entonces, diversas ideologías y filosofías han intentado hacer regresar a la humanidad a su estado natural, virtuoso y feliz. La mayoría de los intentos terminaron en chascos o catástrofes. La moralidad personal y social parece estar en caída libre. Si la sociedad nos hace malos y la naturaleza nos hace malos, ¿qué esperanza hay? ¡Sigue leyendo!

Considera: ¿Por qué nos resulta tan difícil aceptar el hecho de que nuestra naturaleza es pecaminosa?

Comentario de la Biblia

I. No me avergüenzo del evangelio

(Repasa con tu clase Romanos 1:16, 17; y 1 Corintios 1:23).

En el tiempo de Pablo, como ahora, había muchas voces que predicaban diversos evangelios. Algunos de ellos eran “cristianos” con algo adicional. Tal vez ese agregado era alguna forma de legalismo heredado de los fariseos. O tal vez era una mezcla de las enseñanzas de Cristo con cosmologías particulares y mapas del más allá que capacitaban al portador para llegar al cielo un poco más rápido. Todas estas cosas eran presentadas como “el evangelio” pero, supuestamente, con un poco más de poder.

Con todas esas posibilidades de elección, ¿por qué piensas que el creyente en perspectiva deseaba “conformarse” con el evangelio de Pablo, que era simplemente Cristo crucificado y resucitado? ¡Era tan sencillo! Demasiado sencillo. O así puede haber parecido a uno que lo veía sin el ojo de la fe.

En realidad, el evangelio de Pablo era el evangelio. El evangelio, no de Pablo, sino de Cristo. Y este evangelio no necesitaba suplementos de legalismo anticuado o cosmologías especulativas. No necesitaba más poder; era el verdadero poder de Dios. Y aquí está lo realmente chocante: no solo no le ayudaba ninguna adición de “algo más”; no podía coexistir con ese “algo más”.

Sin embargo, había, en realidad, algo más: la fe, el nuevo sentido que Dios nos da para que podamos percibir sus obras poderosas. Para la persona que no tenía fe, el evangelio era simplista e ilógico. ¿De qué modo podría la muerte de una persona histórica en un rincón remoto del Imperio Romano lograr mi salvación? Ese pensamiento estaba en contraste directo con los sistemas religiosos y filosóficos –de entonces y actuales –que apelaban al oyente con lógica poderosa, adulación y explicaciones complicadas acerca del significado de la vida.

El evangelio de Pablo –y de Cristo– puede haber parecido débil y necio a los intelectuales de la antigüedad, al igual que para muchos posmodernos de hoy; no obstante, su verdadero poder puede verse en las vidas de aquellas personas que permiten que Dios les dé el nuevo sentido conocido como fe y que las transforme por medio de ella. Todos queremos ser mejores de lo que somos, pero solo Dios puede hacer eso por nosotros; y el evangelio es su instrumento.

Considera: ¿Por qué el evangelio de Cristo crucificado y resucitado es todo lo que necesitamos para la salvación?

II. Conduce al arrepentimiento

(Repasa con tu clase Romanos 2:4-12.)

En este pasaje Pablo se está dirigiendo a personas que creían que eran justificadas por sus obras, y despreciaban a otras personas que eran presumiblemente menos justas que ellas (pero que en realidad tenían menos información), mientras que ellos mismos no llegaban a alcanzar sus propias normas. Podemos imaginarlos racionalizando –dándose un margen que nunca darían a otros– porque de alguna manera eran los favoritos de Dios.

Seguramente Dios pasaría por alto sus diminutas transgresiones ya que, por lo demás, eran muy ejemplares.

Pablo señala correctamente que sus transgresiones no eran tan diminutas y que ellos, en realidad, hacían todo o casi todo lo que condenaban en otros. Al suponer que de algún modo estaban exentos del juicio, estaban contradiciendo su propia teología y condenando, no a otros, sino a sí mismos. En realidad, estaban en peor situación que una persona ignorante que tenía un sentido rudimentario del bien y del mal, e intentaba vivir según él.

Otro punto es que mientras todos somos pecadores y no podemos guardar la ley, nuestro fracaso no es algo que podamos tomar livianamente. Todos pecan, pero no hay seguridad en los números. Lo que se espera es la obediencia a la ley y, si fallamos, estamos condenados. Dios nos ha redimido por medio de su gracia, pero el elevado costo fue la sangrienta, dolorosa y solitaria muerte de su Hijo.

Considera: ¿Por qué Pablo, al referirse a las recompensas y castigos por obedecer o desobedecer la ley, enfatiza que estas cosas vendrán al “judío primeramente y también al griego” (Romanos 2:9)?

Solo para los maestros: Anima a tus alumnos a usar estas preguntas para pensar acerca de la esperanza cristiana en relación con sus propias vidas y con el mundo en general.

Preguntas para reflexionar:

  1. Pablo enfatiza el “evangelio de Cristo” en Romanos 1:16, como también en 1 Corintios 9:16 al 18. Para la mayoría de nosotros, hay solo un evangelio, que es el de Jesucristo. Pero Pablo pensaba que había otros (falsos) evangelios que competían con el suyo. Lo hace más explícito posteriormente, en Gálatas 1:6 al 9. En las últimas décadas hemos visto que esto era literalmente cierto con el descubrimiento de “evangelios” que se servían principalmente del nombre de Cristo para apoyar alguna idea o doctrina favorita. ¿Qué clase de falsos evangelios existe hoy?
  2. Desde el púlpito se ha predicado que “no necesitas ser bueno para ser salvo, pero tienes que ser salvo para ser bueno”. ¿Estás de acuerdo con esto o no? ¿Por qué? ¿Es posible ser bueno sin ser salvo? Y, si es así, ¿qué significa ser “bueno” en este contexto?

Preguntas de aplicación

  1. ¿Por qué es tan difícil convencer a la gente, hoy, de la condición pecaminosa humana? ¿Por qué esto es vital para una aceptación salvadora de Jesucristo? ¿Cómo presentarías con tacto este concepto a quienes no lo comprenden o no lo aceptan?
  2. ¿Cuáles son los peligros de tener una percepción demasiado aguda de los pecados de otros? Ver Romanos 2.

Solo para los maestros: Esta semana hemos aprendido que ninguno de nosotros es aceptable a los ojos de Dios sin la intercesión de cristo. pero, en su infinita misericordia, Dios el Padre aceptó el sacrificio voluntario de cristo y, por medio de esta ofrenda, somos aceptados como si nunca hubiéramos pecado. Enfatiza que así como todos somos igualmente pecadores por nuestros propios méritos, todos somos igualmente justos si aceptamos el sacrificio de Cristo en nuestro favor.

Para enfatizar el nivel de santidad que deberíamos alcanzar a fin de ser aceptables a Dios por nuestros propios méritos, haz lo siguiente: llena una jarra con agua y ponle una etiqueta con grandes letras que diga: “Agua casi pura”. Pregúntale a la clase si alguno de ellos quiere un vaso de esa agua “casi” pura. Ten a mano vasos desechables. Casi seguramente preguntarán por qué el agua es casi pura, en vez de ser pura. Diles que contiene más o menos 1% de cieno, pesticidas y desperdicios químicos no identificados, pero que el otro 99% es definidamente la mejor agua fresca de manantial. Pregunta otra vez si alguien quiere tomar de ella. Probablemente no querrán.

Destaca el hecho de que Dios ve de la misma manera nuestra bondad casi pura. Aun si somos justos en un 99% –lo que seguramente no es cierto– todavía tenemos 1% de veneno. Para que el agua sea totalmente potable, tiene que haber sido filtrada o destilada para quitar todas las impurezas. Jesús es nuestro filtro o destilador.

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