Posteado por: Lilliam A Garcia | junio 26, 2010

Comentario de EGW Lección 13 Apoyo social: el vínculo que une

Lecciones de Escuela Sabática

Abril – Junio 2010

Comentario de EGW

Lección 13

Apoyo social: el vínculo que une

Sábado 19 de junio

Los que aman a Dios no pueden abrigar odio o envidia. Mientras que el principio celestial del amor eterno llena el corazón, fluirá a los demás, no simplemente porque se reciban favores de ellos, sino porque el amor es el principio de acción y modifica el carácter, gobierna los impulsos, domina las pasiones, subyuga la enemistad y eleva y ennoblece los afectos. Este amor no se reduce a incluir solamente “a mí y a los míos”, sino que es tan amplio como el mundo y tan alto como el cielo, y está en armonía con el de los activos ángeles. Este amor, albergado en el alma, suaviza la vida entera, y hace sentir su influencia en todo su alrededor. Poseyéndolo, no podemos sino ser felices, sea que la fortuna nos favorezca o nos sea contraria. Si amamos a Dios de todo nuestro corazón, debemos amar también a sus hijos. Este amor es el Espíritu de Dios. Es el adorno celestial que da verdadera nobleza y dignidad al alma y asemeja nuestra vida a la del Maestro. Cualesquiera que sean las buenas cualidades que tengamos, por honorables y refinados que nos consideremos, si el alma no está bautizada con la gracia celestial del amor hacia Dios y hacia nuestros semejantes, nos falta verdadera bondad, y no estamos listos para el cielo, donde todo es amor y unidad (Testimonios para la iglesia, tomo 4, p. 221).

Aquellos que aman y sirven a Dios lo manifestarán amando y sirviendo a sus semejantes. Pablo nos presenta el ejemplo de liberalidad de los nuevos conversos cuyas obras de caridad excedían las más altas expectativas. El amor por sus prójimos era el resultado de haberse entregado primeramente al Señor y haber permitido que el Espíritu divino trabajara en sus corazones, dándoles una compasión similar a la de Cristo por aquellos que tenían necesidades y sufrimientos. Comprendían cuáles eran sus obligaciones y actuaban en armonía con la voluntad divina. Al hacerlo, glorificaban a su Padre celestial (Signs of the Times, 23 de enero, 1896).

 

Domingo 20 de junio:
La imagen original

A fin de comprender lo que abarca la obra de la educación, necesitamos considerar tanto la naturaleza del hombre como el propósito de Dios al crearlo. Necesitamos considerar también el cambio verificado en la condición del hombre por la introducción del conocimiento del mal, y el plan de Dios para cumplir, sin embargo, su glorioso propósito en la educación de la especie humana.

Cuando Adán salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor. “Creó Dios al hombre a su imagen”, con el propósito de que, cuanto más viviera, más plenamente revelara esa imagen -más plenamente reflejara la gloria del Creador. Todas sus facultades eran susceptibles de desarrollo; su capacidad y su vigor debían aumentar continuamente. Vasta era la esfera que se ofrecía a su actividad, glorioso el campo abierto a su investigación. Los misterios del universo visible “las maravillas del Perfecto en sabiduría”, invitaban al hombre estudiar. Tenía el alto privilegio de relacionarse íntimamente, cara a cara, con su Hacedor. Si hubiese permanecido leal a Dios, todo esto le hubiera pertenecido para siempre. A través de los siglos eternos, hubiera seguido adquiriendo nuevos tesoros de conocimiento, descubriendo nuevos manantiales de felicidad y obteniendo conceptos cada vez más claros de la sabiduría, el poder y el amor de Dios. Habría cumplido cada vez más cabalmente el objeto de su creación; habría reflejado cada vez más plenamente la gloria del Creador (La educación, pp. 14, 15).

En los concilios celestiales, dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó” (Génesis 1:26, 27). El Señor creó al hombre con facultades morales y perfección física. Era una transcripción impecable de sí mismo. Le dio sus santos atributos y le preparó un jardín expresamente para él. Solo el pecado podría arruinar esos seres que habían sido creados por la mano del Todopoderoso (The Youth’s Instructor, 20 de julio, 1899).

El hombre había de llevar la imagen de Dios, tanto en la semejanza exterior, como en el carácter. Solo Cristo es “la misma imagen” del Padre (Hebreos 1:3); pero el hombre fue creado a semejanza de Dios. Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros, sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz de llevar la imagen de Dios y de mantenerse en perfecta obediencia a la voluntad del Padre (Patriarcas y profetas, pp. 25, 26).

 

Lunes 21 de junio:
Las personas: Seres sociales

Por medio de las relaciones sociales el cristianismo se revela al mundo. Todo hombre y mujer que ha recibido la divina iluminación debe arrojar luz sobre el tenebroso sendero de aquellos que no conocen el mejor camino. La influencia social, santificada por el Espíritu de Cristo, debe servir para llevar almas al Salvador. Cristo no debe permanecer oculto en el corazón como tesoro codiciado, sagrado y dulce, para que de él solo goce su dueño. Cristo debe ser en nosotros una fuente de agua que brote para vida eterna y refrigere a todos los que se relacionen con nosotros (El ministerio de curación, p. 396).

Dios nos da la vida como un cometido sagrado a fin de que la 1 utilicemos para él. Al visitar a los enfermos y consolar a los pobres y afligidos, hablándoles del Redentor compasivo, producimos salud para nuestro cuerpo y paz para nuestra mente. Nuestro rostro reflejará el gozo que proviene como recompensa de un servicio desinteresado. Es invaluable la acción de ofrecer un amor como el de Cristo; el que lo hace llega a ser como él, que no vivió para agradarse a sí mismo (The Youth’s  Instructor, 13 de febrero, 1902).

“Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Corintios 9:22).

Todos deberían reflexionar detenidamente para decidir en qué forma podrían ser más útiles y convertirse en una bendición para los que los rodean.

Todos los que profesan ser hijos de Dios deben tener en mente el hecho de que son misioneros cuando trabajan con toda clase de mentalidades. Habrá hombres que serán falsos en su trato con sus semejantes; hallaréis al aristócrata, el vano, el orgulloso, el frívolo, el independiente, el quejoso, el indiferente, el abatido, el fanático, el egoísta, el tímido; y los sensibles, los de mente elevada, y los corteses; los disipados, los descorteses y los superficiales… No es posible tratar de igual manera a todos esos espíritus. Sin embargo, todos ellos, ricos o pobres, encumbrados o humildes, subordinados o independientes, necesitan bondad, simpatía, verdad y amor. Mediante el contacto mutuo nuestras mentes deben pulirse y refinarse. Dependemos el uno del otro, y estamos ligados con los vínculos de la fraternidad humana.

Mediante las relaciones sociales es como el cristianismo se transmite al mundo. Cada hombre y mujer que ha gustado el amor de Cristo y ha recibido iluminación divina en su corazón, tiene la obligación ante Dios de iluminar el sendero de los que no conocen el camino mejor…

Debemos confesar a Cristo abierta y valerosamente, y revelar en nuestro carácter su mansedumbre, humildad y amor, hasta que los hombres se sientan cautivados por la hermosura de la santidad.

La influencia social, santificada por el Espíritu de Cristo, debe ser aprovechada para llevar almas al Salvador… Debemos tener a Cristo en nosotros como fuente de agua que salte para vida eterna y que refresque a todos los que entran en contacto con nosotros (Meditaciones matinales 1952, p. 195).

 

Martes 22 de junio:
Unidad en la redención

Se debe enseñar a los alumnos que no son átomos independientes, sino que cada uno es una hebra de hilo que ha de unirse con otras para completar una tela. En ningún departamento puede darse esta instrucción con más eficacia que en el internado escolar. Es allí donde los estudiantes están rodeados diariamente de oportunidades que, si las aprovechan, les ayudarán en gran manera a desarrollar los rasgos sociales de su carácter. Pueden aprovechar de tal modo su tiempo y sus oportunidades que logren desarrollar un carácter que los hará felices y útiles. Los que se encierran en sí mismos y no están dispuestos a prestarse para beneficiar a otros mediante amigable compañerismo, pierden muchas bendiciones; porque merced al trato mutuo el entendimiento se pule y refina; por el trato social se formalizan relaciones y amistades que acaban en una unidad de corazón y en una atmósfera de amor agradables a la vista del cielo.

Especialmente aquellos que han gustado el amor de Cristo debieran desarrollar sus facultades sociales; pues de esta manera pueden ganar almas para el Salvador. Cristo no debiera ser ocultado en sus corazones, encerrado como tesoro codiciado, sagrado y dulce, que solo ha de ser gozado por ellos; ni tampoco debieran ellos manifestar el amor de Cristo solo hacia aquellos que les son más simpáticos. Se debe enseñar a los alumnos la manera de demostrar, como Cristo, un amable interés y una disposición sociable para con aquellos que se hallan en la mayor necesidad, aun cuando los tales no sean sus compañeros preferidos. En todo momento y en todas partes, manifestó Jesús amante interés en la familia humana y esparció en derredor suyo la luz de una piedad alegre. Se debe enseñar a los estudiantes a seguir sus pisadas. Se les ha de enseñar a manifestar interés cristiano, simpatía y amor hacia sus compañeros jóvenes y a empeñarse en atraerlos a Jesús; Cristo debiera ser en sus corazones como un manantial de agua que brote para vida eterna, que refresque a todos aquellos con quienes tratan.

Es este ministerio voluntario y amante prestado a otros en momentos de necesidad el que Dios aprecia. De esta manera, aun mientras asisten a la escuela, los alumnos pueden ser, si son fieles a su profesión, misioneros vivos para Dios. Todo esto llevará tiempo; pero el tiempo así empleado es de provecho, porque así aprende el alumno a presentar el cristianismo al mundo.

Cristo no rehusó alternar con otros en trato amistoso. Cuando era invitado a un banquete por un fariseo o un publicano, aceptaba la invitación. En tales ocasiones cada palabra que pronunciaba tenía sabor de vida para sus oyentes; porque hacía de la hora de la comida una ocasión para impartir muchas lecciones preciosas adaptadas a sus necesidades. De este modo Cristo enseñó a sus discípulos cómo debían conducirse cuando se hallasen en compañía tanto de los que no eran religiosos como de los que lo eran. Por su ejemplo, les enseñó que al asistir a alguna reunión pública, su conversación no tenía por qué ser como la que se solía consentir en tales casos (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 438, 439).

 

Miércoles 23 de junio:
Apóyense unos a otros

Todo leal y abnegado obrero de Dios tiene la disposición de gastar y ser gastado por causa de otros. Cristo dice: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25). Mediante esfuerzos fervientes y reflexivos para ayudar donde sea necesario, el verdadero cristiano muestra su amor a Dios y a sus prójimos. Puede perder su vida en el servicio; pero cuando venga Cristo para reunir sus joyas, la encontrará otra vez.

Hay muchas almas perplejas, cargadas con el peso de la culpa, que desean ser liberadas del pecado. Se han separado de las cristalinas fuentes de la verdadera felicidad y han envenenado sus vidas bebiendo de las turbias aguas de la transgresión. Necesitan una mano amiga que les muestre cómo elevarse y cómo vivir para ganarse el respeto de sus semejantes. Aunque su voluntad se haya debilitado y corrompido, pueden tener esperanza en Cristo, quien llenará su corazón de impulsos más elevados y más santos. Esas almas necesitan que se las anime para que encuentren esperanza en el evangelio. Las promesas que se encuentran en la Palabra de Dios son para ellos como las hojas del árbol de la vida. Debemos continuar con nuestros esfuerzos hasta que puedan asirse de la esperanza de redención que se encuentra en Cristo

Aquellos que han sido tentados y probados hasta que, al parecer, han perdido toda esperanza, pero que fueron salvados al escuchar el mensaje de amor, son los que están en mejores condiciones de ayudar a los que necesitan escuchar ese mismo mensaje. Los que están llenos del amor de Cristo, porque él los buscó y los trajo de vuelta al redil, son los que mejor saben cómo trabajar por otros, cómo señalarles al Cordero de Dios para ser aceptos en el amado, y cómo asirse, con su débil mano, de la mano que ofrece ayuda. El ministerio de tales creyentes traerá muchos pródigos a la casa del Padre para que se presenten a él arrepentidos y contritos (Signs of the Times, 3 de junio, 1908).

Nos estamos acercando al fin del tiempo. Abundarán las pruebas de afuera, pero no permitamos que provengan de adentro de la iglesia. Por amor de la verdad, por amor a Cristo, niéguense a sí mismos los que profesan ser hijos de Dios. “Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo” (2 Corintios 5:10). Todo aquel que ame de veras a Dios, tendrá el espíritu de Cristo y un ferviente amor hacia sus hermanos. Cuanto más en comunión con Dios esté el corazón de una persona, y cuanto más se concentren sus afectos en Cristo, menos perturbada se sentirá ella por las asperezas y penurias que encuentre en esta vida. Los que están creciendo a la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús, se volverán cada vez más semejantes a Cristo en su carácter y se elevarán por encima de la disposición a murmurar y estar descontentos. El dedicarse a la censura les inspirará desprecio (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 187).

El Señor ha hecho que la proclamación del evangelio dependa de la consagrada capacidad y de las ofrendas voluntarias de su pueblo. Al paso que ha llamado a hombres para predicar la Palabra, ha convertido en el privilegio de toda la iglesia el participar en la obra por medio de la contribución de sus recursos para su sostén. Y les ha confiado también el cuidado de los pobres, como representantes suyos… Pide nuestro servicio y nuestros dones… porque el servicio y el sacrificio hechos para el bien de los demás fortalecerán el espíritu de beneficencia en el corazón del dador y lo unirán más estrechamente con Aquel que era rico pero que se empobreció por amor a nosotros (En lugares celestiales, p. 303).

 

Jueves 24 de junio:
Sírvanse unos a otros

El amor es la cuerda de seda que une los corazones. No debemos pensar en erigirnos como un modelo. Mientras pensemos en nosotros mismos y en lo que los demás nos deben a nosotros, será imposible realizar nuestra obra para salvar almas. Cuando Cristo toma posesión de nuestros corazones, entonces ya no hacemos más del estrecho círculo del yo el centro de nuestros pensamientos y de nuestras atenciones…

¡Qué maravillosa reverencia hacia la vida humana expresó Jesús en la misión de su vida! No anduvo entre la gente como un rey, exigiendo atención, reverencia, servicio, sino como uno que anhelaba servir y elevar a la humanidad. Dijo que no había venido para ser servido, sino para servir… Dondequiera que Cristo veía a un ser humano, veía a uno que necesitaba simpatía humana. Muchos de nosotros estamos dispuestos a servir a ciertas personas en particular -a aquellos que honramos- pero pasamos por alto, como indignas de ser notadas, a esas mismas personas a quienes Cristo quisiera bendecir por medio de nosotros, si no fuéramos tan fríos de corazón (Nuestra elevada vocación, p. 178).

Si pensamos que debemos preocuparnos solamente por alcanzar a los grandes y talentosos descuidando a las clases pobres y humildes, debemos recordar que Cristo, en su parábola de la gran cena, instruye a sus mensajeros a ir por los caminos y los vallados y traer a todos, a los pobres y humildes de la tierra. Todos los que viven en las tinieblas deben ser instados a venir a la fiesta. Nuestra obra debe incluir a todas las clases sociales.

Los hombres y las mujeres humildes que reciben la verdad, también serán aceptados por Cristo para servir en su obra; pueden alcanzar a los de su propia clase social. Dios acepta el trabajo de los que son talentosos e inteligentes, pero si éstos rehúsan usar sus dones para el servicio, él utilizará humildes instrumentos. Es Dios quien da a todos sus talentos y posesiones, y los que rehúsan usarlos, quedarán librados a su propia sabiduría y pueden perderlo todo. Una multitud de humildes instrumentos que le ofrecen a Dios su servicio paciente y amante, llevarán adelante su obra (Review and Herald, 8 de mayo, 1900).

Los seguidores de Cristo han sido redimidos para servir. Nuestro Señor enseña que el verdadero objeto de la vida es el ministerio. Cristo mismo fue obrero, y a todos sus seguidores les presenta la ley del servicio, el servicio a Dios y a sus semejantes. Aquí Cristo presenta al mundo un concepto más elevado acerca de la vida de lo que jamás ellos habían conocido. Mediante una vida de servicio en favor de otros, el hombre se pone en íntima relación con Cristo. La ley del servicio viene a ser el eslabón que nos une a Dios y a nuestros semejantes (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 262).

 

Viernes 25 de junio:
Para estudiar y meditar l

Consejos sobre la salud, pp. 569-573; El ministerio de curación, pp. 64-74; 397-402.

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