Posteado por: Lilliam A Garcia | mayo 9, 2010

Comentario de EGW Lección 07 Descanso y restauración

Lecciones de Escuela Sabática Abril – Junio 2010 Comentario de EGW Lección 07

Descanso y restauración Sábado 8 de mayo Cuando los discípulos contaron a Jesús lo que les había ocurrido, el Maestro comprendió su necesidad. Su trabajo los había exaltado y animado muchísimo, pero también los había agotado… La palabra desierto no significaba una región desolada y solitaria, sino un lugar de retiro y quietud, agradable a la vista y vigorizador para el cuerpo. Buscaron un lugar semejante cerca de cierto punto favorito situado a orillas del mar de Galilea… La vida, cristiana no es solamente actividad incesante o meditación continua… El sabía que un período de descanso y recreación, lejos de la multitud y del radio de sus labores los vigorizaría. Cristo trató de apartarlos de las tumultuosas ciudades llevándolos a un tranquilo rincón donde podrían pasar un período de valiosa camaradería con él y los unos con los otros… Los discípulos de Jesús tenían que aprender a trabajar y a descansar. Hoy en día es necesario que los obreros de Dios escuchen el mandato de Cristo que les ordena apartarse y reposar un poco (Meditaciones matinales 1952, p. 137). Domingo 9 de mayo: No hay tiempo El cielo es un lugar de actividad provechosa. Sin embargo para el cansado y sobrecargado, para los que han peleado la buena batalla de la fe, será un descanso glorioso, pues será suyo el vigor juvenil de la inmortalidad, y no tendrán que luchar más contra el pecado y Satanás. Para los obreros enérgicos sería tedioso un estado de eterna indolencia. No sería cielo para ellos. A los moradores del Edén se les encomendó el cuidado del huerto, para que lo labraran y lo guardasen. Su ocupación no era cansadora, sino agradable y vigorizadora. Dios dio el trabajo como una bendición con que el hombre ocupara su mente, fortaleciera su cuerpo y desarrollara sus facultades… Están en gran error los que consideran el trabajo como una maldición, si bien éste lleva aparejados dolor y fatiga. A menudo los ricos miran con desdén a las clases trabajadoras; pero esto está enteramente en desacuerdo con los designios de Dios al crear al hombre. ¿Qué son las riquezas del más opulento en comparación con la herencia dada al señorial Adán? Sin embargo, éste no había de estar ocioso. Nuestro Creador, que sabe lo que constituye la felicidad del hombre, señaló a Adán su trabajo. El verdadero regocijo de la vida lo encuentran solo los hombres y mujeres que trabajan. En el cielo se trabaja constantemente. No hay holgazanes allá. “Mi Padre hasta ahora trabaja” dijo Cristo, “y yo trabajo”. No podemos imaginar que nuestra parte consistirá en estar ociosos y descansar en un estado de bienaventurada inactividad cuando llegue el triunfo final y tengamos las mansiones que nos han sido preparadas. Dios quiere que todos trabajen. La atareada bestia de carga responde mejor a los propósitos de su creación que el hombre indolente. Dios trabaja constantemente. Los ángeles trabajan; son ministros de Dios para los hijos de los hombres. Los que esperan un cielo de inactividad quedarán chasqueados; porque en la economía del cielo no hay lugar para la satisfacción de la indolencia. Pero se promete descanso a los cansados y cargados. El siervo fiel es el que recibirá la bienvenida al pasar de sus labores al gozo de su Señor (¡Maranata: El Señor viene!, p. 348). Al regresar los discípulos de su primera gira de evangelización, Jesús les dio la invitación: Venid aparte, y reposad un poco. Los discípulos habían vuelto llenos de gozo por su éxito como pregoneros del evangelio, cuando tuvieron noticia de la muerte de Juan el Bautista a manos de Herodes. Esto les causó amarga tristeza y desengaño. Jesús sabía que al dejar que el Bautista muriera en la cárcel había sometido a una dura prueba la fe de los discípulos. Con compasiva ternura contemplaba sus semblantes entristecidos y surcados de lágrimas. Con lágrimas en los ojos y emoción en la voz les dijo: “Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco” (Marcos 6:3 1). Cerca de Betsaida, al extremo norte del mar de Galilea, extendíase una región aislada que, hermoseada por el fresco verdor de la primavera, ofrecía agradable retiro a Jesús y sus discípulos. Allá se dirigieron, cruzando el lago en su barco. Allí podían descansar lejos del bullicio de la muchedumbre. Allí podían oír los discípulos las palabras de Cristo, sin que los molestaran las argucias y acusaciones de los fariseos. Allí esperaban gozar una corta temporada de intimidad con su Señor. Corto fue efectivamente el tiempo que Jesús pasó con sus queridos discípulos; pero ¡cuán valioso fue para ellos! juntos hablaron de la obra del evangelio y de la posibilidad de hacer más eficaz su labor al acercarse al pueblo. Al abrirles Jesús los tesoros de la verdad, sentíanse vivificados por el poder divino y llenos de esperanza y valor (El ministerio de curación, pp. 35, 36). Lunes 10 de mayo: La necesidad de descanso No se debería pasar por alto la importancia de la regularidad de las horas para comer y dormir. Puesto que la obra de reparar el cuerpo se efectúa durante las horas de descanso, es esencial especialmente para los jóvenes, que el sueño sea metódico y abundante (La educación, pp. 205, 206). Los siervos de Cristo no han de tratar su salud con indiferencia. No trabaje nadie hasta el agotamiento, con lo cual se descalificará para esfuerzos futuros. No tratéis de hacer en un día el trabajo de dos días. Al fin se verá que los que trabajaron cuidadosa y prudentemente han hecho tanto como aquellos que gastaron de tal manera su fuerza física y mental que no les quedó reserva de la cual sacar en tiempo de necesidad. La obra de Dios es mundial; exige toda jota y tilde de la capacidad y fuerza que tengamos. Hay peligro de que sus obreros abusen de sus fuerzas al ver que el campo está maduro para la siega; pero el Señor no pide esto. Después que sus siervos hayan hecho lo mejor que puedan, podrán decir: La mies a la verdad es mucha, y los obreros pocos; mas Dios “conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo”. Intemperancia en el comer y beber, intemperancia en el trabajo, intemperancia en casi todas las cosas, es lo que se ve por todos lados. Los que hacen grandes esfuerzos para hacer cierta cantidad de trabajo en un tiempo dado, y siguen trabajando cuando su criterio les dice que debieran descansar, no salen nunca gananciosos. Están gastando fuerzas que necesitarán algún día. Cuando es requerida la energía que han empleado tan temerariamente, fracasan por falta de ella. La fuerza física desapareció y no pueden disponer de fuerza mental. Llegó su tiempo de necesidad, y sus recursos están agotados. Cada día trae sus responsabilidades y deberes, pero la obra de mañana no debe abarcarse en las horas de hoy. Dios es misericordioso, lleno de compasión, razonable en lo que pide. No exige de nosotros que sigamos un curso de acción que resulte en pérdida de la salud física o debilitamiento de las facultades mentales. El no quiere que trabajemos bajo presión y tensión hasta que a ello siga el agotamiento, con postración de los nervios (Obreros evangélicos, pp. 259, 260). Martes 11 de mayo: El descanso en la presencia de Dios Venid a Jesús, y recibid descanso y paz. Ahora mismo podéis tener la bendición. Satanás os sugiere que sois impotentes y que no podéis bendeciros a vosotros mismos. Es verdad: sois impotentes. Pero exaltad a Jesús delante de él: “Tengo un Salvador resucitado. En él confío, y él nunca permitirá que yo sea confundido. Yo triunfo en su nombre. El es mi justicia y mi corona de regocijo”. En lo que respecta a esto, nadie piense que su caso es sin esperanza, pues no es así. Quizá os parezca que sois pecadores y estáis perdidos, pero precisamente por eso necesitáis un Salvador. Si tenéis pecados que confesar, no perdáis tiempo. Los momentos son de oro. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiamos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Serán saciados los que tienen hambre y sed de justicia, pues Jesús lo ha prometido. ¡Precioso Salvador! Sus brazos están abiertos para recibirnos, y su gran corazón de amor espera para bendecirnos (Mensajes selectos, tomo 1, p. 414). Necesitamos comprender mejor el sentido de estas palabras: “Debajo de su sombra me senté con gran deleite” (Cantares 2:3, V. M.). Ellas no evocan en nuestro espíritu la imagen de un apresuramiento febril, sino por el contrario, la de un dulce reposo. Son muchos los que profesan ser cristianos y que manifiestan inquietud y depresión, y los que rebosan actividad, pero no pueden hallar tiempo para reposar tranquilamente en las promesas de Dios. Obran como si no pudiesen permitirse tener paz y tranquilidad. A éstos dirige Cristo esta invitación: “Venid a mí… que yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Apartémonos de las encrucijadas polvorientas y calurosas que frecuenta la multitud y vayamos a descansar a la sombra del amor del Salvador. Allí es donde obtendremos fuerza para continuar la lucha; allí es donde aprenderemos a reducir nuestros afanes y a loar a Dios. Aprendan de Jesús una lección de calma confiada aquellos que están trabajados y cargados. Deben sentarse a su sombra si quieren recibir de él paz y reposo (Testimonios para la iglesia, tomo 7, p. 70). Hay una condición para el descanso y la paz que aquí nos ofrece Cristo. Es estar unidos en yugo con él. Todos los que acepten esta condición, encontrarán que el yugo de Cristo los ayudará a llevar cada carga que sea necesario que lleven. Sin Cristo a nuestro lado para llevar la parte más pesada de la carga, ciertamente debemos decir que es pesada. Pero unidos en yugo con él para cumplir nuestro deber, todas las cargas de la vida serán llevadas fácilmente. Y en la misma proporción en que actúe el hombre en obediencia voluntaria a los requisitos de Dios, vendrá el descanso de su espíritu… La mansedumbre y la humildad caracterizarán a todos los que son obedientes a la ley de Dios, a todos los que llevan con sumisión el yugo de Cristo. Esas gracias proporcionarán los resultados deseables de paz en el servicio de Dios… El Señor llama fácil a su yugo y liviana a su carga. Sin embargo, ese yugo no nos dará una vida de comodidad, libertad y complacencia egoístas. La vida de Cristo fue de abnegación y sacrificio propio a cada paso. Y sus verdaderos seguidores, con ternura y amor semejantes a Cristo y consecuentes, seguirán en las pisadas de su Maestro (A fin de conocerle, p. 122). Miércoles 12 de mayo: El descanso diario En muchos casos, es mejor comer dos veces al día que tres. La cena, a una hora temprana, interrumpe la digestión de la comida anterior. A una hora tardía, no tiene tiempo para ser digerida antes del momento de ir a acostarse. En esa forma, el estómago no tiene el descanso debido, se perturba el sueño, el cerebro y los nervios se cansan, se pierde el apetito por el desayuno, y todo el organismo no recibe nuevo vigor, ni está preparado para desempeñar los deberes del día. No se debería pasar por alto la importancia de la regularidad de las horas para comer y dormir. Puesto que la obra de reparar el cuerpo se efectúa durante las horas de descanso, es esencial especialmente para los jóvenes, que el sueño sea metódico y abundante (La educación, pp. 205, 206). Para tener buena sangre, debemos respirar bien. Las inspiraciones hondas y completas de aire puro, que llenan los pulmones de oxígeno, purifican la sangre, le dan brillante coloración, y la impulsan, como corriente de vida, por todas partes del cuerpo. La buena respiración calma los nervios, estimula el apetito, hace más perfecta la digestión, y produce sueño sano y reparador (El ministerio de curación, pp. 206, 207). Algunos creen que las riquezas y la ociosidad son bendiciones en sí mismas; pero los que siempre están ocupados y que cumplen gozosamente sus tareas cotidianas, son los más dichosos y gozan de mejor salud que nadie. El cansancio que resulta del trabajo bien organizado les asegura los beneficios de un sueño reparador. La sentencia de que el hombre debe trabajar para ganarse el pan de cada día, y la promesa de felicidad y gloria futuras, provienen del mismo trono, y ambas son bendiciones (Meditaciones matinales 1952, p. 173). Algunos jóvenes se oponen al orden y a la disciplina. No respetan las reglas del hogar que requieren levantarse a una hora normal. Se quedan en la cama hasta varias horas después que el sol haya salido, cuando todos los demás ya están en actividad. Encienden sus lámparas hasta la media noche y dependen de luz artificial en lugar de la luz que la naturaleza ha provisto en las horas establecidas por ella para cada estación. Se excusan diciendo que no pudieron terminar sus tareas, que tienen algo más que hacer, y que no pueden acostarse temprano. Además de dar un gasto adicional al hogar, están durmiendo durante las mejores horas que la naturaleza ha provisto; se pierden el canto tempranero de los pájaros y trastornan el curso normal de todo el día. Nuestro Dios es un Dios de orden y desea que sus hijos vivan también sujetos al orden y la disciplina. ¿No sería mejor, entonces, quebrar ese hábito de transformar la noche en día y las frescas horas de la mañana en noche? (The Youth’s Instructor, 28 de enero, 1897). Jueves 13 de mayo: El descanso semanal El sábado no está destinado a ser un período de inactividad inútil. La ley prohíbe el trabajo secular en el día de reposo del Señor; debe cesar el trabajo con el cual nos ganamos la vida; ninguna labor que tenga por fin el placer mundanal o el provecho es lícita en ese día; pero como Dios abandonó su trabajo de creación y descansó el sábado y lo bendijo, el hombre ha de dejar las ocupaciones de su vida diaria, y consagrar esas horas sagradas al descanso sano, al culto y a las obras santas. La obra que hacía Cristo al sanar a los enfermos estaba en perfecta armonía con la ley. Honraba el sábado (Meditaciones matinales 1952, p. 238). El sábado y la familia fueron instituidos en el Edén, y en el propósito de Dios están indisolublemente unidos. En ese día, más que en cualquier otro, nos es posible vivir la vida del Edén. Era el plan de Dios que los miembros de la familia se asociasen en el trabajo y en el estudio, en el culto y en la recreación, el padre como sacerdote de su casa, y él y la madre como maestros y compañeros de sus hijos. Pero los resultados del pecado, al cambiar las condiciones de la vida, han impedido, en extenso grado, esta asociación. Con frecuencia ocurre que el padre apenas ve los rostros de sus hijos durante la semana. Se encuentra casi totalmente privado de la oportunidad de ser compañero de ellos e instruirlos. Pero el amor de Dios ha puesto un límite a las exigencias del trabajo. En ese día reserva a la familia la oportunidad de tener comunión con él, con la naturaleza y con sus prójimos (Hijos e hijas de Dios, p. 183). De acuerdo con el cuarto mandamiento, el sábado fue dedicado al descanso y al culto religioso. Todo asunto secular debía ser suspendido, pero las obras de misericordia y benevolencia estaban en armonía con el propósito del Señor. Estas obras no estaban limitadas ni por el lugar ni por el tiempo. Aliviar a los afligidos y consolar a los tristes es un trabajo de amor que realmente honra el santo día de Dios (El ministerio de la bondad, p. 81). “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado”. Estas palabras rebosan instrucción y consuelo. Por haber sido hecho el sábado para el hombre, es el día del Señor. Pertenece a Cristo. Porque “todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho”. Y como lo hizo todo, creó también el sábado. Por él fue apartado como un monumento recordativo de la obra de la creación. Nos presenta a Cristo como Santificador tanto como Creador. Declara que el que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, y mediante quien todas las cosas existen, es cabeza de la iglesia, y que por su poder somos reconciliados con Dios. Porque, hablando de Israel, dijo: “Díles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico”, es decir, que los hace santos. Entonces el sábado es una señal del poder de Cristo para santificamos. Es dado a todos aquellos a quienes Cristo hace santos. Como señal de su poder santificador, el sábado es dado a todos los que por medio de Cristo llegan a formar parte del Israel de Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 255). Durante toda la semana, debemos recordar el sábado y hacer preparativos para guardarlo según el mandamiento. No solo debemos observar el sábado en forma legal. Debemos comprender su importancia espiritual sobre todas las acciones de nuestra vida. Todos los que consideren el sábado como una señal entre ellos y Dios y demuestren que Dios es quien los santifica, representarán los principios de su gobierno. Pondrán diariamente en práctica las leyes de su reino. Diariamente rogarán que la santificación del sábado descanse sobre ellos. Cada día tendrán el compañerismo de Cristo y ejemplificarán la perfección de su carácter. Cada día su luz brillará para los demás en sus buenas obras (Testimonios para la iglesia, tomo 6, p. 355). Viernes 14 de mayo: Para estudiar y meditar Consejos sobre la salud, pp. 98, 99.


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