Posteado por: Lilliam A Garcia | mayo 3, 2010

Edición de Adultos Lección 6: Fe y curación Para el 8 de mayo de 2010

Lección 6: Fe y curación

Para el 8 de mayo de 2010

Sábado 1 de mayo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 3:8-10; Salmo 118:6; Proverbios 17:22; Mateo 6:27-34; Hebreos 13:6; 1 Juan 4:18.

Para Memorizar: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isa. 26:3).

CONVENCIDO DE QUE ERA VÍCTIMA de un hechizo, un paciente fue al médico con síntomas no relacionados con ninguna enfermedad o ningún síndrome conocidos. El médico puso delante del paciente dos tubos de vidrio, uno lleno con agua oxigenada y el otro con agua pura, aunque ambos parecían exactamente idénticos. Sacó sangre del paciente, y la mezcló con el agua oxigenada. La mezcla, de inmediato, comenzó a burbujear y a chisporrotear, por lo cual el paciente creyó que era la obra del hechizo.

El médico luego le dio al paciente una sencilla inyección salina, diciéndole que eso quebraría el hechizo. Después de un tiempo breve, le sacó sangre y la mezcló con el agua corriente en el otro tubo. No hubo burbujeo ni chisporroteo, “prueba” de que el hechizo se había quebrado. El paciente salió sintiéndose curado, y trajo a todos sus amigos al médico, para ser “curados” también.

Este estudio muestra, de hecho, cuán poderosa es la influencia de nuestra mente sobre nuestro cuerpo, que será parte de lo que estudiaremos esta semana.

Un vistazo a la semana: La fe y la confianza en la bondad del Señor pueden tener efectos muy positivos sobre la salud.

Domingo 2 de mayo: El factor temorDurante un tiempo, los que miraban la televisión en los Estados Unidos vieron un programa llamado “El factor Temor”, en el que los participantes eran puestos en diferentes situaciones de temor: desde estar en un pozo lleno de escorpiones o de ratas, hasta caminar dentro de un edificio incendiado, todo para ver cómo afrontaban el temor.

Pero, no hace falta fabricar temor. La vida misma está llena de situaciones que nos hacen sentir miedo. Un filósofo británico del siglo XVII, Thomas Hobbes, afirmaba que el temor era el factor principal y motivador de la vida humana, y que los seres humanos creamos gobiernos con el propósito de protegernos de aquellos que nos harían daño. No importa quiénes seamos, dónde vivamos, cuán seguros nos sintamos, todos afrontamos cosas que nos hacen sentir temor.

El temor, sin embargo, no siempre es malo.

¿Cuáles son algunas formas en las que el temor puede ayudar a protegernos? En realidad, ¿a qué cosas realmente deberíamos temer?

El temor es una emoción natural, que nos ayuda a enfrentar el peligro y a sobrevivir. Este sentimiento (o instinto) es necesario en un mundo sujeto a accidentes, crímenes, enfermedad, terrorismo y guerra.

¿Qué podemos aprender acerca del temor en la primera mención de él en la Biblia? Gén. 3:8-10.

Por cierto, en este mundo hay muchos factores que nos hacen temer. Pero, a menudo tememos cosas que nunca ocurren. El temor es una emoción que produce mucho estrés, que puede perjudicar seriamente nuestros cuerpos. Es decir, el temor no se limita solo a lo que hace a nuestras mentes; también puede tener efectos muy dañinos sobre la salud física. La pregunta, entonces, debería ser: ¿Cómo hemos de hacer frente al temor?

¿Cuáles son tus temores? ¿Cómo han afectado tu vida? ¿Cómo puedes aprovechar mejor las promesas de Dios al tratar con cosas que te hacen tener miedo?

Lunes 3 de mayo: Un hombre le dijo al universo

Un hombre le dijo al universo:

  • Señor, yo existo.
  • Sin embargo –le contestó el universo–, ese hecho no me genera un sentido de obligación”.–Stephen Crane.

Lee el poema de arriba. ¿Qué mensaje transmite? ¿Cómo deberíamos nosotros, como cristianos adventistas, diferir, en cuanto al concepto de nuestro lugar en el universo, con la idea presentada por ese poema? ¿Cuál es la razón principal para esa diferencia?

Piensa por un momento: imagina que no hubiera Dios, ni Creador, ni Poder divino que nos haya creado. Imagina que somos lo que mucha gente dice que somos: simios altamente avanzados, nada más; simplemente, seres que surgieron en un universo sin Dios, un universo que no se interesa en absoluto en nosotros. Imagina que estuviéramos a merced de fuerzas ciegas que no tienen interés ni preocupación por nosotros ni por nuestro bienestar. ¿Qué clase de mundo sería ese?

Pero, eso no es lo que creemos como cristianos. Creemos que Dios nos creó, nos sostiene y nos cuida. Por eso, más que todas las demás personas, nosotros tenemos razones para poder hacer frente a los temores y las pruebas que afligen a toda la humanidad.

Lee cuidadosamente los siguientes textos. ¿Qué esperanza y consuelo, aun en medio de tiempos llenos de temor, puedes obtener de ellos? Sal. 118:6; Prov. 3:5, 6; Luc. 12:6, 7; Rom. 8:38, 39; Heb. 13:6; 2 Tim. 1:7; 1 Juan 4:6.

No hay dudas: aun como cristianos que creemos en Dios, afrontamos un mundo aterrador, un mundo en el que cualquier cosa puede ocurrir. Con nuestro conocimiento de Dios, sin embargo, tenemos un contexto que nos ayuda a comprender mejor el mundo como un todo y nuestro lugar en él.

Y así, idealmente, podemos tener esperanza y consuelo aun en medio de los tiempos más difíciles. Esto no significa que no afrontaremos cosas malas, o cosas que pueden causarnos temor. En cambio, significa que tenemos un fundamento firme sobre el cual afrontar y tratar esos temores.

Martes 4 de mayo: El poder de la fe

“El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Prov. 17:22). ¿Qué nos indica este texto acerca del vínculo entre la mente y el cuerpo?

Un niñito yacía moribundo en el hospital cuando su maestro lo visitó y le dio tareas escolares para hacer. “Aquí, Miguel”, le dijo, “hay lecciones sobre verbos y adverbios. Haz lo mejor que puedas”. En realidad, el maestro sentía la inutilidad de todo eso ya que el niño parecía estar muy letárgico, resignado a la muerte. No obstante, muy pronto el niño tuvo un vuelco notable. Todo cambió, y ahora parecía en camino a la recuperación. Cuando le preguntaron por qué los deberes escolares parecían haberlo cambiado tanto, él contestó: “El maestro no iba a darle a un moribundo un trabajo con adverbios y verbos, ¿verdad?”

El vínculo entre la mente, las actitudes y el cuerpo es muy potente. Aunque la ciencia no entienda completamente cómo funciona, ella sabe que el vínculo está allí, y que puede producir una gran diferencia en nuestra salud general.

Y aquí la fe en Dios, la confianza en su amor y en su bondad, puede marcar una enorme diferencia. ¡Cuánto más fácil es tener menos estrés cuando conoces la realidad del amor de Dios y de su cuidado por ti! Los estudios en todo el mundo han mostrado que la fe religiosa trae consigo claros beneficios para la salud; que los que creen en Dios viven más tiempo, sufren menos depresión y tratan mejor los eventos traumáticos. Y, aunque no podemos olvidar el poder milagroso de Dios para darnos curación, eso no es necesariamente lo que siempre ocurre. En cambio, la paz, la seguridad, la esperanza que la fe da al creyente puede producir actitudes mentales que impactarán para bien de la salud. Un corazón alegre puede ser, realmente, como una medicina, y aún mejor, porque muy a menudo los medicamentos pueden producir efectos secundarios perjudiciales.

Lee Mateo 6:27 al 34. ¿Qué nos está enseñando Jesús? ¿Cómo podemos aplicar estas palabras a cualquier factor que nos esté causando temor y preocupación? ¿Hay alguno de esos temores que sea demasiado grande para que el Señor lo maneje? ¿Hay alguien que esté más allá del alcance amante de Dios? ¿Cómo puedes aprender a entregar estos temores al Señor y tener la paz que él promete?

Miércoles 5 de mayo: Agotamiento por estrés

Lee Romanos 15:13. ¿Cómo puedes aprender a reclamar estas promesas? ¿Qué actitudes o acciones te están impidiendo que lo hagas?

El estrés es uno de los desafíos más grandes a la salud que afrontamos, no solo en los grandes traumas de la vida, sino también en la vida diaria, por las presiones que tenemos.
Los médicos informan que hasta el noventa por ciento de los pacientes vienen con quejas relacionadas con el estrés. La ciencia enseña que, cuando estamos estresados, liberamos ciertas hormonas que pueden afectar a varios órganos y, con el tiempo, esos órganos pueden debilitarse, haciéndose más susceptibles a la enfermedad. El estrés puede liberar adrenalina, que acelera el corazón, y hasta produce palpitaciones. Algunas hormonas del estrés hacen que los vasos sanguíneos se constriñan, provocando hipertensión. El estrés puede inducir respiraciones rápidas y superficiales, y hasta hiperventilación. Puede alejar la sangre del estómago, provocando problemas digestivos. Puede causar un aumento de la glucosa en la sangre, que puede conducir a la diabetes. También tiene un impacto negativo sobre el sueño, que a su vez puede tener un efecto negativo sobre nuestra salud general. Se ha mostrado que el estrés también afecta en forma negativa nuestro sistema inmune, la primera línea de defensa de nuestro cuerpo contra la enfermedad.

La lista podría seguir y el punto debería ser claro: necesitamos aprender a manejar el estrés y la tensión. Aquí es donde la fe en Dios puede tener un lugar muy importante, porque saber y experimentar por uno mismo la realidad del amor de Dios puede ser un gran calmante, que reduce el estrés y las consecuencias negativas sobre la salud que a menudo lo siguen.

Ser religioso no es toda la respuesta. Lo más importante es tener una relación personal con Jesús, conociendo por nosotros mismos su amor y su cuidado. Esto se logra por la lectura diaria de su Palabra, mediante la oración (hablar con el Señor como si fuera un amigo), y por la contemplación de su carácter como lo revelan la naturaleza y la Escritura. ¿Cuánto tiempo pasas tratando de conocer al Señor por ti mismo? ¿Podrías necesitar, tal vez, pasar más tiempo con tu Señor y Hacedor?

Jueves 6 de mayo: La fe y las curaciones milagrosas

Gran parte del ministerio de Jesús involucró curaciones milagrosas: los enfermos, los ciegos, los moribundos, aun los muertos, fueron todos sanados gracias a su poder sobrenatural. En muchos casos, la fe fue un prerrequisito para la curación misma (Mat. 9:2, 22, 28, 29; 15:28).

Pero, en algunos casos, la incredulidad impidió la curación, como en Nazaret (Mat. 13:58; Mar. 6:5, 6). En un caso, cuando los discípulos no fueron capaces de realizar una curación, Jesús dijo que la causa había sido su incredulidad (Mat. 17:14-20).

El hecho de que la fe sea un componente muy importante en estas curaciones milagrosas ha hecho que algunos crean que si falla un intento de sanar por medio de la oración es por una falta de fe de la persona enferma. No obstante, esto es una comprensión muy superficial y falsa de la fe y la curación.

Lee los siguientes textos en los que Jesús sanó milagrosamente a diferentes personas. ¿Qué nos indican los textos acerca de la fe de aquellos que fueron sanados? ¿Qué lecciones podemos obtener de estos ejemplos? Mat. 12:9-13; Luc. 13:11-13; 14:2-4; 22:47-52.

En ninguno de estos textos se menciona la fe de los que fueron sanados. Esto no es para disminuir el lugar de la fe en la curación milagrosa, sino solo para mostrar que la fe expresada no siempre es un componente vital.

El hecho es que no comprendemos por qué en algunos casos vemos una intervención sobrenatural del Señor para la curación. En otros casos, la curación viene por procesos naturales, en los que podemos creer que la mano de Dios está obrando en favor del enfermo por ese medio. Y siempre existen aquellos casos en los que, por razones que no entendemos, la curación no se produce aunque hemos orado pidiendo que sucediera. Sin embargo, las buenas noticias son que, aun en estos últimos casos, todavía podemos confiar en el amor, la misericordia y la bondad de Dios.

¿Cómo podemos aprender a confiar en el Señor y en su amor por nosotros, aun cuando las oraciones que ruegan por salud y curación no resultaron como hubiéramos deseado?

Viernes 7 de mayo

Para Estudiar y Meditar:

“En la ciencia verdadera no puede haber nada que sea contrario a la Palabra de Dios, porque ambas tienen el mismo Autor. Un entendimiento correcto de ambas siempre confirmará que están en armonía la una con la otra” (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 269. Ver también El ministerio de curación, p. 367). Al comprender esto, deberíamos buscar la ayuda de Dios mediante la verdadera ciencia, que es una revelación de sus leyes naturales. Si tienes acceso al Handbook of Seventh-day Adventist Theology, lee las páginas 751 al 783.

“La simpatía que existe entre el espíritu y el cuerpo es muy grande. Cuando uno está afectado, el otro responde. La condición de la mente tiene mucho que ver con la salud del organismo. Si el espíritu está libre y feliz, con la conciencia de que hace lo recto y con la satisfacción de proporcionar felicidad a los demás, nacerá una alegría que reaccionará sobre todo el organismo, induciendo a la sangre a circular más libremente y a tonificar todo el cuerpo. La bendición de Dios es sanadora; y los que benefician abundantemente a los demás sentirán en su corazón y en su vida esa bendición prodigiosa” (JT 1:179; CMC 359, 360).

“Todos deseamos respuestas inmediatas y directas a nuestras oraciones, y estamos dispuestos a desalentarnos cuando la contestación tarda, o cuando llega en una forma que no esperábamos. Pero Dios es demasiado sabio y bueno para contestar siempre a nuestras oraciones en el plazo exacto y en la forma precisa que deseamos. […] Los sucesos que prueban nuestra fe son para nuestro bien, pues denotan si nuestra fe es verdadera y sincera, y si descansa en la Palabra de Dios sola, o si, dependiente de las circunstancias, es incierta y variable. La fe se fortalece con el ejercicio” (MC 176).

Preguntas Para Dialogar:

  1. ¿Cuál es el lugar de la ciencia médica en la curación de un cristiano? El buscar salud y curación en la ciencia médica, ¿significa que no tenemos fe en Dios? Compara tu respuesta con la de los demás en la clase.
  2. ¿Cuál ha sido tu experiencia personal con respecto al vínculo entre tus actitudes y emociones y tu salud física? ¿Qué aprendiste de tu propia experiencia que podrías compartir con otros, para ayudarlos a usar mejor el poder de la mente para beneficiar al cuerpo?
  3. ¿Conoces a alguien en tu iglesia que está enfermo y necesita curación? ¿Cómo pueden tú o tu clase ayudar a esa persona en el proceso de curación?

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