Posteado por: Lilliam A Garcia | abril 27, 2010

Escuela Sabatica Lección 5: El medioambiente edicion para Adultos

Sábado 24 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 1-2:7; 2:18-24; 3:7, 17-19; Sal. 24:1; Mateo 25:34-46; Marcos 2:27, 28; 3:4.

Para Memorizar: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Sal. 24:1).

EL CREADOR PASÓ LOS PRIMEROS CINCO DÍAS de la semana de la Creación preparando el medioambiente para los seres humanos que iban a vivir allí. Puso a Adán y a Eva en un jardín (Gén. 2:8, 15) y les dio la supervisión de todas las criaturas terrenales. Así, ellos podían estudiar, gozar y desarrollarse como representantes de Dios en la Tierra. El sábado sellaría su relación con él.

El pecado cambió el plan de Dios. El medioambiente llegó a ser hostil. El trabajo duro reemplazó al trabajo placentero. El egoísmo dominó. Comenzó la explotación de los recursos de la Tierra que sigue hasta hoy. Los bosques han sido talados. Los cursos de agua han sido alterados y la contaminación es desenfrenada. La riqueza del suelo ha sido malgastada en forma irreflexiva. La luz del sol, vital para la salud, puede llegar a ser un enemigo de la salud, si nos exponemos a él en exceso. A pesar de todo, el mundo todavía sostiene nuestra existencia aquí, a pesar de nuestros abusos interminables del planeta.

Un vistazo a la semana: Nuestro medioambiente es tanto un don de Dios como la vida misma; por eso, tenemos la responsabilidad de cuidarlo.

Domingo 25 de abril: Creación del medioambienteAlgunas teorías, hoy, describen la creación de la Tierra y de la vida sobre ella como nada más que un accidente, la operación de fuerzas amorales que, con el tiempo y sin ningún pensamiento, trajeron a la existencia la Tierra y toda la vida sobre ella. En contraste, la Biblia presenta un cuadro radicalmente diferente de nuestros orígenes. El contraste entre el modelo ateo y desprovisto de propósito de nuestros orígenes, como lo expresa la teoría de la evolución, y el informe de la Creación del Génesis no podría ser más diferente. Estos dos conceptos son, básicamente, incompatibles

Lee Génesis 1 y 2:1 al 7. ¿De qué modo los actos de Dios prepararon el camino para la obra culminante de la Creación: el hombre y la mujer? ¿En qué forma la creación de los seres humanos fue diferente del resto de la Creación?

Detengámonos un momento en la escena del Dios creador cuando trabaja en la creación del hombre y de la mujer. Primero, formó a Adán del suelo; aquí está Dios, el Escultor. Luego, cuando todo lo demás estuvo listo, se inclinó y sopló su propio aliento en la forma de Adán, que estaba esperando. Dios, el Dador de la vida, trajo a Adán a la vida. ¡Qué cuadro maravilloso de nuestro Dios en operación!

Pero, eso no fue todo. Él llega a ser Dios el Cirujano al sacar una costilla de Adán y formar a Eva para ser la compañera de Adán y la madre de la raza. Ella también ha de pararse a su lado en este medioambiente perfecto (ver Gén. 2:18-24). Luego, puso a estos seres flamantes, recién creados, en el lugar de belleza y maravilla que había estado preparando el tiempo previo.

Dios proveyó los alrededores más saludables posibles para Adán y Eva. El tranquilo verde del follaje, el color de las flores y las frutas: todo se combinaba a fin de constituir el hogar ideal para ellos. El Señor no planificó una vida de ocio para nuestros primeros padres. Habían de trabajar en el jardín y cuidarlo. De esta manera, ellos encontrarían satisfacción y gozo. Aprenderían más acerca de Dios y de lo que hemos venido a llamar “el segundo libro de Dios, la naturaleza”.

Lee, en Génesis 1 y 2, el informe de la Creación otra vez. ¿Qué encontramos allí que nos señala la idea de que, como seres humanos, deberíamos ser buenos administradores de la Tierra?

Lunes 26 de abril: El ambiente del sábadoCuán interesante es el hecho de que Dios no terminó toda la obra de la Creación hasta que creó el sábado. Qué contraste: toda la obra de crear el mundo, los animales, los mares, la vegetación y finalmente la humanidad, y entonces, como acto final, el acto de descansar.

Lee Génesis 2:2 y 3. ¿Qué podemos concluir del hecho de que Dios mismo descansó en el sábado?

¿Dios mismo, en su papel como Creador, guardó el séptimo día, el sábado? ¡Qué diremos acerca de mostrar las raíces profundas del sábado! Cualesquiera que sean las implicaciones de esa idea, una cosa es segura: el sábado vino de Dios mucho antes de que existiera una nación y un pueblo judíos.

Entretanto, el sábado nos da la oportunidad de concentrar nuestra atención en el Creador, en su amor y en su cuidado por sus criaturas de una manera que no hubiera sido fácil para nosotros. Ayudó a poner límite al trabajo, aun en un tiempo en el que el trabajo era relativamente fácil y productivo.

Después de que el pecado entró, el trabajo llegó a ser mucho más difícil y cansador (Gén. 3:17-19), y el sábado puso este límite al trabajo, y el llamado a recordar al Creador llegó a ser aún más importante. El sábado, un recordativo de la Creación, nos debería ayudar a concentrarnos en nuestra responsabilidad para con el mundo creado.

Con el paso de los siglos, el verdadero significado del descanso en el sábado llegó a perderse con numerosas reglas y reglamentos que desviaron los pensamientos de la gente del verdadero significado y valor del sábado.

Lee Marcos 2:27 y 28, y Marcos 3:4. ¿Cómo entendía Jesús el sábado?

Cristo restauró el significado del sábado en función de lo que Dios había querido que fuera. Él mostró que Dios considera el sábado como un día para hacer el bien, para procurar el avance de su Reino y para servir a todos los que tienen necesidad.

¿De qué modo podía y debía la observancia del sábado ayudarnos a entender mejor el maravilloso regalo que Dios nos dio del mundo creado? Más aún, ¿cómo puede y debe ayudarnos a comprender mejor nuestra obligación de cuidar de él?

Martes 27 de abril: Cambios en el medioambiente después del pecado

Lee Génesis 3:7 y 17 al 19. ¿Cuál fue la primera indicación dada a Adán y Eva para mostrarles que la acción de comer del fruto prohibido tenía consecuencias?

Con la entrada del pecado en sus vidas, Adán y Eva afrontaron algunas consecuencias penosas. Primero, como escribió Elena de White, desapareció la vestimenta de luz que los había cubierto. El medioambiente del mundo de las plantas cambió también. Crecieron cardos y espinas. El suelo se volvió duro y pobre. Y, peor aún, ahora entró la muerte, algo que ellos nunca debieran haber conocido.

De repente, el maravilloso medioambiente que habían gozado cambió, y les presentó nuevos desafíos que, con el tiempo y en generaciones subsiguientes, se volverían peores. Los seres humanos, entretanto, comenzaron a explotar la Tierra para su propia ganancia y gloria.

Lee 1 Reyes 10:14 al 22. ¿Qué nos indica esto acerca de cómo los seres humanos llegaron a ver la Creación?

Además de la explotación, la decadencia y la muerte han estado presentes en todos los pueblos, y es parte del ciclo de la vida. Pero no fue así al comienzo y no es el plan final de Dios. La mayordomía de la Tierra por parte de la humanidad se ha vuelto una explotación de aquella, mientras personas avaras sacan de la Tierra todo lo que pueden, sin tomar en cuenta las consecuencias.

La contaminación del aire, del agua, del suelo, la presencia de agentes de enfermedad nuevos y temibles, todos señalan un envejecimiento de la Tierra y la necesidad creciente de renovación. Mientras que más países procuran desarrollarse, y mientras que los países desarrollados procuran seguir manteniendo su nivel de vida, la humanidad afronta desafíos a la salud que pueden ser enormes por causa del daño al medioambiente.

Hace años, un dirigente político hizo una afirmación que decía más o menos así: “No tenemos que preocuparnos acerca del medioambiente, porque Jesús regresa pronto”. ¿Cuál es la lógica de este argumento? ¿Cómo le responderías?

Miércoles 28 de abril: Nuestra responsabilidad hacia el medioambiente

Lee el Salmo 24:1. ¿Qué implicación tienen estas palabras para nosotros y la forma en que nos relacionamos con el mundo? Al mirar a nuestro alrededor y ver las condiciones de nuestro mundo, necesitamos hacernos la pregunta: “¿Qué podemos hacer para mejorar el medioambiente?”

Necesitamos comenzar recordando el señorío de Dios sobre la Tierra. No estamos libres de responsabilidad ante él y sus obras creadas. No solo la Tierra es de él sino también la gente: nosotros y todos los demás. Tenemos responsabilidad ante él por la otra gente, así como por el resto de la creación terrena. Podemos y debemos conservar los recursos naturales.

Un ejemplo es el agua. Podemos ser cuidadosos al usar el agua. Podemos apoyar los esfuerzos para proporcionar agua limpia a quienes no la tienen. En ciertas partes del mundo, la falta de agua limpia es un problema muy serio, que conduce a una tremenda pérdida de vidas.

Podemos seguir la dieta que Dios bosquejó para nosotros. Si más personas fueran vegetarianas, habría más alimentos para todos, porque se necesita muchos más recursos naturales para sostener una dieta basada en carne que para sostener una dieta vegetariana.

Podemos cuidar de las plantas y de los árboles por los que tenemos responsabilidad. Esto ayudará a mantener el aire puro.

Hasta donde podamos, deberíamos procurar reducir el nivel de emisiones de carbono, que está llegando a ser, cada vez más, una preocupación mundial debido al impacto potencialmente peligroso para el medioambiente.

Al ser buenos mayordomos de la Tierra, al procurar cuidar el medioambiente, al no acumular los recursos naturales para nosotros mismos, al estar dispuestos a compartir con otros de nuestra abundancia, podemos mejorar la vida diaria de aquellos que necesitan nuestra ayuda. Como cristianos, que profesamos seguir al Señor Jesús, estamos obligados a ayudar a los que están en necesidad.

Lee Mateo 25:34 al 46. ¿De qué modo nuestra mayordomía de la Tierra, de alguna manera, es parte de lo que Jesús nos pide que hagamos? ¿Qué otros versículos puedes recordar que también se aplican a este problema?

Jueves 29 de abril: Adoradores del sol

Solo a la luz de la eternidad captaremos el impacto negativo del pecado sobre nuestro medioambiente. Es difícil imaginarnos cómo era nuestro mundo y cuán perfectamente adecuado era el medioambiente en el que vivieron nuestros primeros padres.

El pecado no solo impactó la Tierra, sino también a los seres humanos. Uno de los impactos negativos del pecado llevó a los seres humanos a la idolatría, que se manifestó por su adoración a las “criaturas” (Rom. 1:25) en vez de al Creador.

Lee 2 Reyes 23:5, Jeremías 8:2 y Ezequiel 8:16. ¿Qué sucedía? ¿Por qué, en un sentido, tendría sentido adorar al sol?

Sabemos hoy que la luz del sol, aunque muy importante para nuestra salud, puede tener efectos muy dañinos si nos exponemos demasiado a él. Así, los modernos adoradores del sol viven en casi tanta ignorancia como sus predecesores.

Sabemos, también, que demasiada exposición al sol aumenta el riesgo de diversos cánceres de la piel.

Por otro lado, la luz del sol ayuda a producir la vitamina D, que es esencial para el metabolismo del cuerpo y la formación de huesos fuertes y sanos. Una exposición adecuada a la luz del sol también ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer.

¿Cuál es, entonces, la exposición óptima a la luz del sol? Las personas de piel clara en un medioambiente ecuatorial requieren, por lo menos, cinco minutos por día de exposición al sol para la producción de su vitamina D. Las personas de piel oscura en el mismo medioambiente requieren cerca de treinta minutos para la producción de la misma cantidad de vitamina D. En áreas en las que las horas de luz solar son más limitadas, la vitamina D debe ser suplida bajo supervisión médica.

También es saludable abrir las cortinas y las ventanas, para permitir que la luz solar entre en las habitaciones, lo que ayuda a destruir ciertas bacterias.

Los estudios muestran que las personas que no tienen una exposición adecuada a la luz solar pueden estar más inclinadas a sufrir depresiones estacionales: este problema ocurre especialmente en zonas en las que los días son cortos en invierno. La cura es sencilla: más exposición a la luz, aun si es artificial, en los meses de invierno.

El quid de la cuestión es que, para tener una vida saludable, la temperancia y el equilibrio con respecto a la luz solar son vitales.

Viernes 30 de abril

Para Estudiar y Meditar:

Lee “La Creación”, en Patriarcas y profetas, páginas 24 a 33; “El fin del conflicto”, en El conflicto de los siglos, páginas 729 a 737.

“‘Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas’ (Rom. 1:20). Las cosas de la naturaleza que ahora contemplamos nos dan apenas un débil concepto de la gloria del Edén. El pecado afeó la belleza de la Tierra, y por doquiera pueden verse los estragos del mal. No obstante, queda aún mucha hermosura. La naturaleza atestigua que un Ser infinito en poder, grande en bondad, misericordia y amor, creó la Tierra, y la llenó de vida y de alegría. Aunque ajadas, todas las cosas manifiestan la obra de la mano del gran Artista y Maestro. Por doquiera que nos volvamos, podemos oír la voz de Dios y ver pruebas evidentes de su bondad” (MC 319, 320).

Preguntas Para Dialogar:

  1. El problema del medioambiente, especialmente el tema del calentamiento global, ha estado en los últimos años en las noticias destacadas. ¿Cuál es la respuesta de tu país, tu comunidad, y tu iglesia a estos problemas?
  2. ¿De qué modo debería un cristiano, alguien que cree que Dios creó el mundo, relacionarse con los temas del medioambiente en forma diferente de alguien que cree que estamos aquí como producto del azar?
  3. ¿De qué modo puede y debe el sábado desempeñar un papel en nuestra preocupación por el medioambiente? ¿En qué forma guardar el sábado nos ayuda a estar más interesados en nuestro medioambiente?
  4. Si Jesús vuelve pronto, como creemos, ¿deberíamos realmente estar tan preocupados por el medioambiente? Justifica tu respuesta.
  5. Si es posible, haz una investigación acerca de los efectos negativos sobre la salud que el daño ocasionado al medioambiente está produciendo en diversos lugares del mundo. ¿Qué sucede en tu comunidad? ¿Qué papel desempeñas y deberías desempeñar en esta área? ¿Cómo podrías aprovechar algún activismo ecologista para la difusión del evangelio?
  6. ¿Qué cambios, aun pequeños, podrías hacer en tu estilo de vida que podrían beneficiar el medioambiente? ¿Cuánto sacrificio propio requeriría de tu parte?

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