Posteado por: Lilliam A Garcia | abril 19, 2010

Comentarios de Elena G De White Leccion 4 El agua de vida

Comentario de EGW

Lección 04

El agua de vida

Sábado 17 de abril

¿Qué le dijo Jesús a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob?.. “El agua que yo te daré será… una fuente de agua que salte para vida eterna”. El agua a la cual Cristo se refirió era la revelación de su gracia en su Palabra; su Espíritu, su enseñanza, es una fuente que satisface a toda alma. Toda otra fuente a la cual recurramos resultará insatisfactoria. Pero la Palabra de verdad es como frescas corrientes, simbolizadas  por las aguas del Líbano, que siempre satisfacen. En Cristo hay plenitud de gozo para siempre. Los deseos, placeres y atractivos del mundo nunca satisfacen ni sanan al alma. Pero Jesús nos dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”. La benigna presencia de Cristo en su Palabra está siempre hablando al alma, representándolo por medio de la fuente del agua viva que refresca el alma sedienta. Es nuestro privilegio tener un Salvador vivo y permanente. El es la fuente de poder espiritual implantada dentro de nosotros, y su influencia se manifestará en palabras y acciones, refrigerando a todos los que están dentro de la esfera de nuestra influencia, creando en ellos deseos y aspiraciones de fuerza y pureza, de santidad y paz, y del gozo que no trae consigo dolor. Este es el resultado cuando el Salvador mora dentro de nosotros (Exaltad a Jesús, p. 178).

 

Domingo 18 de abril:
El agua viva

El sacerdote había cumplido esa mañana la ceremonia que conmemoraba la acción de golpear la roca en el desierto. Esa roca era un símbolo de aquel que por su muerte haría fluir raudales de salvación a todos los sedientos. Las palabras de Cristo eran el agua de vida. Allí en presencia de la congregada muchedumbre se puso aparte para ser herido, a fin de que el agua de la vida pudiese fluir al mundo. Al herir a Cristo, Satanás pensaba destruir al Príncipe de la vida; pero de la roca herida fluía agua viva. Mientras Jesús hablaba al pueblo, los corazones se conmovían con una extraña reverencia y muchos estaban dispuestos a exclamar, como la mujer de Samaria: “Dame esta agua, para que no tenga sed” (El Deseado de todas las gentes, p. 417).
Debemos albergar amor y gratitud, debemos mirar a Jesús y ser transformados a su imagen. El resultado de esto será un aumento de la confianza, de la esperanza, de la paciencia y del valor. Estaremos bebiendo del agua de la vida de la cual habló Cristo a la mujer de Samaria. .. Esta agua representa la vida de Cristo, y toda alma debe tenerla entablando una relación viva con Dios. Por lo tanto la confianza bendita, humilde, agradecida, será un principio permanente en el alma. El temor incrédulo será eliminado ante la fe viva. Contemplaremos el carácter de aquel que nos amó primero (Testimonios para los ministros, p. 228).

Una vez establecidos en Canaán, los israelitas se acostumbraron a celebrar con demostraciones de gran regocijo el flujo del agua de la roca en el desierto. En la época de Cristo esta celebración se había convertido en una ceremonia muy impresionante. Se realizaba en ocasión de la fiesta de las cabañas, cuando el pueblo de todo el país se congregaba en Jerusalén. Durante los siete días de la fiesta los sacerdotes salían cada día acompañados de música y del coro de los levitas, a sacar en un recipiente de oro agua de la fuente de Siloé. Iban seguidos por grandes multitudes de adoradores, de los cuales tantos como podían acercarse al agua bebían de ella, mientras se elevaban los acordes llenos de júbilo: “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salud” (Isaías 12:3). Luego el agua sacada por los sacerdotes era conducida al templo en medio de la algazara de las trompetas y de los cantos solemnes: “Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén” (Salmo 122:2). El agua se derramaba sobre el altar del holocausto, mientras que repercutían los cantos de alabanza y las multitudes se unían en coros triunfales acompañados por instrumentos de música y trompetas de tono profundo.

El Salvador utilizó este servicio simbólico para dirigir la atención del pueblo a las bendiciones que él había venido a traerles. “En el postrer día grande de la fiesta” se oyó su voz en tono que resonó por todos los ámbitos del templo, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre”. “Y esto -dice Juan- dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él” (Juan 7: 37-39). El agua refrescante que brota en tierra seca y estéril, hace florecer el desierto y fluye para dar vida a los que perecen, es un emblema de la gracia divina que solo Cristo puede conceder, y que, como agua viva, purifica, refrigera y fortalece el alma. Aquel en quien mora Cristo tiene dentro de sí una fuente eterna de gracia y fortaleza. Jesús alegra la vida y alumbra el sendero de todos aquellos que le buscan de todo corazón. Su amor, recibido en el corazón, se manifestará en buenas obras para la vida eterna. Y no solo bendice al alma de la cual brota, sino que la corriente viva fluirá en palabras y acciones justas, para refrescar a los sedientos que la rodean (Patriarcas y profetas, pp. 437, 438).

 

Lunes 19 de abril:
Las aguas del bautismo

Las obligaciones del pacto espiritual que se hace en el bautismo son mutuas. Mientras los seres humanos desempeñen su parte con obediencia ferviente, tendrán derecho a orar: “Sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel” (1 Reyes 18:36). El hecho de que habéis sido bautizados en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es una garantía de que si pedís su ayuda, estas potestades os ayudarán en toda emergencia (El evangelismo, p. 233).

Los que han participado del solemne rito del bautismo se han comprometido a buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios; a trabajar fervientemente por la salvación de los pecadores. Dios pregunta a los que adoptan su nombre: ¿Cómo estáis usando las facultades que han sido redimidas por la muerte de mi Hijo? ¿Estáis haciendo todo lo que podéis para alcanzar una altura mayor en la comprensión espiritual? ¿Estáis poniendo vuestros intereses y actos en armonía con los importantes requisitos de la eternidad?

El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Por esta profesión el yo muere a la vida de pecado. Las aguas cubren al candidato y en presencia del universo entero se sella la promesa mutua. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo el hombre es sepultado con Cristo en el bautismo y se levanta del agua para vivir una nueva vida de lealtad a Dios. Los tres grandes poderes del cielo son testigos del acto, invisibles pero presentes.

Hemos muerto al mundo… hemos sido sepultados en la semejanza de la muerte de Cristo y hemos sido levantados en la semejanza de su resurrección, y hemos de vivir una nueva vida. Nuestra vida debe estar ligada con la vida de Cristo (La fe por la cual vivo, p. 148).

Jesús fue nuestro ejemplo en todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Fue bautizado en el Jordán, tal como aquellos que acuden a él deben ser bautizados.

Cristo ha puesto el bautismo como condición para entrar en el reino espiritual… Los que reciben el rito del bautismo, por medio de él realizan una declaración pública de que han renunciado al mundo y se han hecho miembros de la familia real… Los que dan este paso deben someter todas las consideraciones mundanas a sus nuevas relaciones. Han declarado públicamente que no seguirán viviendo en el orgullo y para la satisfacción de sí mismos… Han quedado comprometidos por un solemne pacto a vivir para el Señor. Deberán usar para él todas las capacidades que le han sido confiadas.

Cuando nos sometemos al solemne rito del bautismo, damos testimonio ante los ángeles y los hombres de que hemos sido purificados de nuestros antiguos pecados y de que en adelante, habiendo muerto para el mundo, buscaremos “las cosas de arriba” (Colosenses 3:1). No olvidemos nuestro voto bautismal. Ante la presencia de los tres poderes más excelsos del cielo -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- hemos prometido hacer la voluntad de aquel que… declaró: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:20). Cristo perdona a todo pecador penitente, y cuando el perdonado, después del bautismo se levanta del sepulcro ácueo, es declarado una nueva criatura, cuya vida está oculta con Cristo en Dios. Recordemos siempre que es nuestro elevado privilegio ser purificados de nuestros antiguos pecados.

Cuando el cristiano toma su voto bautismal, se le promete la ayuda divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están listos para obrar en beneficio suyo. Dios pone a sus órdenes los recursos del cielo, para que sea un vencedor. Su propio poder es pequeño, pero Dios es omnipotente, y Dios es su ayudador. Diariamente debe dar a conocer sus necesidades al trono de la gracia. Puede ser más que vencedor mediante la fe y la confianza, apropiándose de los recursos provistos para él (Nuestra elevada vocación, p. 159).

 

Martes 20 de abril:
Los usos del agua

“Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4: 13, 14).

En la salud como en la enfermedad, el agua pura es una de las más exquisitas bendiciones del cielo. El uso conveniente de ella fomenta la salud. Ella es la bebida que Dios ha provisto para apagar la sed de animales y hombres. Bebida en abundancia, el agua suple las necesidades del organismo, y ayuda a la naturaleza a hacer frente a la enfermedad. Aplicada externamente, el agua es uno de los medios más sencillos y más eficaces para regularizar la circulación de la sangre.

El agua y el aire puros vigorizan los órganos vitales, purifican la sangre, y colaboran con la naturaleza en la tarea de dominar las perturbaciones del organismo cuando éstas se presentan.

El agua es el mejor líquido que hay para limpiar los tejidos.

Si los enfermos colaboraran con los esfuerzos de la naturaleza, usando agua pura, se evitarían muchos sufrimientos.

La administración prudente y habilidosa de tratamientos hidroterápicos puede ser un medio de salvar muchas vidas. Unid el estudio diligente a esmerados tratamientos. Ofreced oraciones de fe junto a la cama de los enfermos. Animad a los enfermos para que reclamen las promesas divinas para su beneficio.

El agua refrescante, que surge en una tierra árida y desolada, consiguiendo que el desierto florezca y brinde vida a los que perecen es un símbolo de la divina gracia que solo Cristo puede conceder. Ella es el agua viva y purificadora, refrescante y vigorizadora del alma (Meditaciones matinales 1952, p. 143).

Se ahorraría mucho sufrimiento si todos colaboraran para evitar la enfermedad, obedeciendo estrictamente las leyes de la salud. Se deben observar escrupulosamente los principios de higiene. Hay muchos que, aunque están sanos, no se preocupan por mantenerse siempre saludables. Descuidan su limpieza personal y no se ocupan del aseo de su indumentaria. A través de los poros el cuerpo absorbe constantemente las impurezas, en forma imperceptible, y si la superficie de la piel no se mantiene en condiciones saludables, el sistema se verá recargado de suciedad. Si la ropa que se usa no se lava a menudo ni se ventila al aire, ésta se mantiene sucia con las impurezas que el cuerpo despide mediante la traspiración. Y si las ropas no se limpian frecuentemente de esas impurezas, los poros vuelven a absorber los desperdicios que ya habían desechado. Si no eliminamos estas impurezas del cuerpo, se volverán a introducir en la sangre, de donde su presencia será forzada sobre los órganos internos. La naturaleza, para despojarse de estas impurezas dañinas, hace un gran esfuerzo para liberar al sistema. Este esfuerzo produce fiebre y termina más tarde en una enfermedad. Pero aun entonces, si las personas que se hallan enfermas colaboran con la naturaleza, usando agua pura podrían evitar muchos sufrimientos. Sin embargo, en vez de tratar de eliminar los venenos del sistema, muchos introducen en él otros venenos peores en su afán por acabar con el que está adentro (Consejos sobre la salud, p. 61).
Miércoles 21 de abril:
El poder del agua

“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).

Surgirán obstáculos para impedir el progreso de la obra de Dios. Pero no temáis. A la omnipotencia del Rey de reyes, nuestro Dios que guarda el pacto une la bondad y el cuidado de un tierno pastor. Nada puede permanecer en su camino. Su poder es absoluto, y es la garantía del seguro cumplimiento de las promesas que ha hecho a su pueblo. Puede quitar todo obstáculo que impida el progreso de su obra. Tiene todos los medios a su disposición para quitar toda dificultad, de manera que los que le sirven y respetan los medios que él emplea, puedan ser librados. Su bondad y su amor son infinitos, y su pacto es inalterable.

Los planes de los enemigos de su obra pueden parecer firmes y bien trazados, pero él puede subvertir los planes más poderosos, y lo hará a su tiempo y a su manera, cuando vea que nuestra fe haya sido suficientemente probada, y que nos estamos acercando a él para hacer de él nuestro consejero.

En los días tenebrosos, cuando aparentemente todo parece difícil, no temáis. Tened fe en Dios. Está cumpliendo su voluntad, realizándolo todo bien, en beneficio de su pueblo. La fortaleza de los que lo aman y lo sirven se renovará cada día. Pondrá a su servicio su comprensión, para que no yerren en la realización de sus propósitos (Hijos e hijas de Dios, p. 221).

El ser participantes de la naturaleza divina siempre nos llevará a ofrecer una mano ayudadora a los que están en necesidad. Así ocurría con Cristo: siempre se conmovía al ver la miseria humana. Lloraba junto a los sufrientes y apenados y su espíritu se compadecía de los que eran probados y tentados. Nunca se desanimaba, porque deseaba que todos alcanzaran la vida eterna. Murió en la cruz del Calvario para liberar al ser humano pecador de la penalidad de su transgresión y hacer posible su salvación.

Mantengámonos fuertes y de buen ánimo. Un soldado debe poseer valentía y fuerza para luchar con éxito. Aunque seamos débiles, tenemos la promesa: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31) (Signs of the Times, 7 de marzo, 1906).

 

Jueves 22 de abril:
El agua como terapia

…Un baño frío o siquiera fresco es excelente tónico. Los baños calientes abren los poros, y ayudan a eliminar las impurezas. Los baños calientes y templados calman los nervios y regulan la circulación.

Pero son muchos los que no han experimentado nunca los benéficos efectos del uso adecuado del agua, y le tienen miedo. Los tratamientos por el agua no son tan apreciados como debieran serlo, y su acertada aplicación requiere cierto trabajo que muchos no están dispuestos a hacer. Sin embargo, nadie debería disculpar su ignorancia o su indiferencia en este asunto. Hay muchos modos de aplicar el agua para aliviar el dolor y acortar la enfermedad. Todos debieran hacerse entendidos en esa aplicación para dar sencillos tratamientos caseros. Las madres, principalmente, deberían saber cuidar a sus familias en tiempos de salud y en tiempos de enfermedad (El ministerio de curación, p. 181).

Se han perdido casos de pacientes con fiebre, cuando, si los médicos hubieran desechado completamente el tratamiento con drogas, si hubieran colocado su ingenio a obrar y hubieran utilizado en forma sabia y persistente los propios remedios del Señor: aire y agua suficiente, los pacientes se habrían recuperado. El uso imprudente de estas cosas que deben descartarse ha decidido el caso del enfermo.

La experimentación con las drogas es un negocio muy caro. La parálisis del cerebro y de la lengua es a menudo el resultado, y las víctimas mueren de una muerte antinatural, cuando, si hubieran sido tratadas en forma perseverante, diligente, incansable y continua con agua fría y caliente, Con compresas calientes, con envolturas y sábanas mojadas, estarían vivas hoy (El ministerio médico, p. 300).

El Señor nos ha enseñado que el empleo del agua es muy eficaz para curar. Estos tratamientos deberían darse hábilmente. Se nos ha instruido para que descartemos el uso de drogas en nuestros tratamientos administrados a los enfermos. Hay hierbas sencillas que pueden emplearse para la restauración de los enfermos, cuyo efecto sobre el organismo es muy diferente del efecto de las drogas que envenenan la sangre y ponen en peligro la vida (Mensajes selectos, tomo 2, p. 330).

Pero muchas personas nunca han experimentado los efectos benéficos del agua, y temen utilizar una de las bendiciones más grandes del cielo. Se ha rehusado el agua a personas que sufrían de fiebre quemante por miedo a que les hiciese daño. Si en ese estado febril se les hubiese dado abundante agua para beber, y si se la hubiese aplicado externamente, se habrían evitado largos días y noches de sufrimiento, y se habrían salvado muchas vidas preciosas. Pero miles de personas han muerto por la fiebre consumidora, hasta que se agotó el combustible que las alimentaba, hasta que se consumieron las fuerzas vitales, y los pacientes murieron en la mayor agonía sin que se les permitiera beber agua para aliviar su sed abrasadora. El agua que se administra a un edificio insensible para apagar el fuego rugiente, le es negada a los seres humanos para apagar el fuego que consume sus fuerzas vitales (Mensajes selectos, tomo 2, p. 518).

 

Viernes 23 de abril:
Para estudiar y meditar

El ministerio de curación, pp. 503-505; Consejos sobre la salud, p. 103.

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