Posteado por: Lilliam A Garcia | marzo 22, 2010

Lección 13: El fruto del Espíritu: la esencia del carácter cristiano Edición de Adultos

Lección 13: El fruto del Espíritu: la esencia del carácter cristiano

Sábado 20 de marzo.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 6:33; Juan 15:8; Romanos 3:20-26; 14:17; 1 Timoteo 6:11; 1 Juan 2:15.

Para Memorizar: “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

Cuando Moisés le pidió a Dios que le mostrara su gloria, el Señor le reveló su carácter como misericordioso, piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad (Éxo. 34:6). Y así, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, [nosotros] somos transformados de gloria [carácter] en gloria [carácter] en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18).

“Al creer en Cristo, la raza caída que él redimió puede obtener la fe que obra por el amor y que purifica el alma de toda impureza. Aparecen entonces los atributos que nos asemejan a Jesús: porque contemplándolo los hombres se transforman a su imagen de gloria en gloria, hasta adquirir su carácter. Se produce buen fruto. El carácter es modelado de acuerdo con la divina semejanza, y se manifiesta integridad, rectitud y verdadera benevolencia” (MeM 55).

Domingo 21 de marzo: Buscad primeramente el reino de Dios.

Muy a menudo nuestras oraciones son más acerca de lo que podemos obtener que acerca de lo que deberíamos llegar a ser. Piensa en tus propias oraciones o en las oraciones que oyes que otros pronuncian. No importa cuán legítimas sean las preocupaciones, ¿en qué categoría entrarían la mayoría de ellas: qué puedo obtener, o qué pudo llegar a ser? ¿Cómo entendemos esta tendencia a la luz de lo que Jesús nos dice, que está transcripto a continuación?

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33). ¿Qué quiere decir Jesús cuando nos dice que busquemos “primeramente” el reino de Dios? ¿Por qué buscarlo primero? Ver Mat. 16:26.

¿Cómo nos ayuda Romanos 14:17 a entender lo que es el reino de Dios?

Nota que la justicia, la paz y el gozo son el fruto del Espíritu. Por lo tanto, debemos buscar el fruto del Espíritu antes que cualquier otra cosa. Al fin, podemos tener todo lo que el mundo ofrece, pero ¿qué significa eso si no tenemos justicia, paz y gozo?

Si alguien te preguntara: “Pero ¿significa esto que Jesús no está interesado en mi bienestar físico o financiero?”, ¿cómo le contestarías a la luz del mandato de Cristo de poner el fruto del Espíritu antes que las necesidades físicas o materiales?

Una madre preocupada dijo: “Pastor, por favor, ore por mi hijo, ha dejado la fe y ha perdido su trabajo. Ore para que encuentre trabajo”. ¿Estaba esta madre preocupada buscando primero el reino de Dios y su justicia para su hijo? Recordando que la prioridad de la vida cristiana no es obtener, sino llegar a ser, ¿cuál debió haber sido su pedido en favor de su hijo?

¿Cuáles son tus preocupaciones principales como lo revelan no solo tus oraciones, sino tu vida en general: conseguir lo que deseas para ti o llegar a ser lo que Dios quiere que seas? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tus prioridades?

Lunes 22 de marzo: Otro fruto del espíritu.

Gálatas 5:22 y 23, y Efesios 5:9 no son los únicos textos que enumeran el fruto del Espíritu que constituye la esencia del carácter cristiano. Mucho del fruto está repetido en 1 Timoteo 6:11, 2 Timoteo 3:10, y 2 Pedro 1:5 al 7, donde se añaden cualidades tales como la piedad, la virtud, y el conocimiento. Es interesante notar que 1 Corintios 13:4 al 8 repite como un eco las cualidades del amor y afirma muchas de ellas usando la palabra negativa no: “no tiene envidia; […] no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia”.

A esta altura debe ser claro que no hay una lista oficial del fruto del Espíritu. Hay muchos aspectos y matices diferentes del carácter cristiano. Lo que los apóstoles hacen en cada caso es enumerar los que son especialmente aplicables a sus lectores. Lo que condujo a Pablo a la enumeración en Gálatas fue sin duda su conocimiento pastoral de las necesidades específicas de la congregación a la que le estaba escribiendo.

El fruto de la “piedad” se menciona en 1 Timoteo 6:11. En el idioma original, la palabra piedad significaba reverencia, respeto y devoción a Dios. Romanos 5:4 y 5 menciona la cualidad de la “esperanza”. ¿Qué lugar ocupa la esperanza en el carácter cristiano? Cuando se ha dicho y hecho todo, nuestra fe cristiana no nos ofrece nada, sino la esperanza.

Segunda de Pedro 1:5 al 7 es una lista de cualidades, entre las cuales está la “virtud”, que no se menciona en la lista de Gálatas 5:22 y 23. La virtud está asociada con la bondad moral, como la modestia y la pureza. ¿Por qué es indispensable esta cualidad en la vida cristiana? ¿De qué modo se relaciona esta cualidad con el séptimo mandamiento?

Segunda de Pedro 1:5 y 6 añade a la lista el “conocimiento”. Aunque la palabra que se usa, gnósis, significa conocimiento general y comprensión, como fruto de la vida llena del Espíritu, ¿qué lugar debe tener el conocimiento? ¿De qué modo se relaciona el conocimiento, por ejemplo, con el don del discernimiento?

Pedro no llamó a su lista “fruto del Espíritu” en 2 Pedro 1:5 al 7, pero es esencialmente eso, porque revela qué clase de personas deberíamos ser como seguidores de Jesús

¿Cuán bien se manifiestan estas características en tu propia vida? Si estás desanimado por lo que ves, ¿cuál es tu esperanza? ¿Cuál es el único lugar al que puedes huir, y qué puedes encontrar allí?

Martes 23 de marzo: Perseverancia en la fe.

El análisis de ayer planteó la pregunta de cuán bien nos encontramos al cultivar el fruto que es nuestro privilegio llevar para honra y gloria de Dios. Sin duda, cuando uno mira todas esas cualidades de carácter, y luego se compara con ellas, es fácil desanimarse. Después de todo, ¿no deberíamos llevar más fruto del que llevamos?

Esta es una pregunta justa, en la que todos deberíamos pensar seriamente. “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Cor. 13:5). Necesitamos hacer un inventario de nosotros mismos; de cómo estamos viviendo y de qué clase de testimonio presentamos al mundo.

Al mismo tiempo, podemos afrontar un peligro. Como cristianos tenemos el ejemplo de Jesús, el único ser humano sin pecado que alguna vez vivió. Al compararnos con él, cuán fácil podría ser desanimarnos. Cuán fácil es ver su ausencia de pecado y su perfección en contraste con nuestro carácter pecaminoso y nuestras debilidades. Tenemos una norma perfecta que seguir, una ley perfecta que obedecer y un Salvador perfecto que imitar. Como todos sabemos, a menudo estamos lejos de alcanzar esa norma, esa ley y a ese Salvador. Cuán fácil puede ser, después de caer una y otra vez, después de no ver la clase de crecimiento que nos gustaría ver, desanimarnos hasta el punto de renunciar a todo, pensando: ¿Por qué molestarme, si no puedo hacerlo?

No obstante, aquí es donde necesitamos comprender plenamente qué es la salvación por la fe. Aquí necesitamos comprender dónde reside nuestra salvación. Aquí necesitamos comprender lo que Jesús realizó por nosotros en la cruz.

Lee Romanos 3:20 al 26. ¿Qué mensaje hay allí acerca de la salvación? ¿Por qué es tan importante que nos aferremos a esta verdad, especialmente cuando nos sentimos desanimados acerca del estado de nuestro propio fruto?

No importa cuán fervientemente procuremos vivir la vida cristiana y pelear la batalla contra el pecado y el yo, mientras mantengamos delante de nosotros cada día, a cada momento, la realidad de que nuestra aceptación de parte de Dios se encuentra en Jesús y su justicia, la cual él obró por nosotros y nos acredita por fe, nunca nos daremos por vencidos. ¿Por qué lo haríamos? Nuestra salvación permanece segura, no en nosotros mismos, sino en Jesús

Miércoles 24 de marzo: El desafío del mundo.

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15). ¿Qué está diciendo este texto? ¿Significa que Dios no ama a los que aman al mundo, o que los que aman al mundo no aman a Dios? Explica tu respuesta.

“A veces su alma anhela la santidad y el cielo; pero no tienen tiempo para apartarse del ruido del mundo a fin de escuchar el lenguaje del Espíritu de Dios, que habla con majestad y con autoridad. Las cosas de la eternidad se convierten en secundarias y las cosas del mundo en supremas. Es imposible que la simiente de la palabra produzca fruto; pues la vida del alma se emplea en alimentar las espinas de la mundanalidad” (PVGM 32).

Aunque debemos ser conscientes de los peligros del legalismo, el antiguo Israel siempre apostató cuando trató de contemporizar y llegar a ser como las naciones que lo rodeaban. Primera de Juan 2:15 nos advierte que el amor al mundo hace imposible un amor de corazón hacia Dios. Cuán cuidadosos necesitamos ser como iglesia en asegurarnos de que, en nuestros intentos por alcanzar al mundo, no nos enamoremos de él y seamos arrastrados por él, ¡todo en el nombre del Señor!

¿De qué modo puede una persona saber cuándo su amor por el mundo ha remplazado su amor hacia Dios? ¿Qué señales deberíamos buscar?

El peligro de amar al mundo más que a Dios adquiere nuevo significado en Santiago 4:4: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. ¿Por qué usaría Santiago la metáfora del adulterio para los miembros de la iglesia que son arrastrados por el mundo? Nota, también, cómo Juan no deja lugar para las componendas en 1 Juan 2:15. Presenta una opción: Dios, o el mundo.

¿Con qué aspectos del mundo luchas mayormente? ¿Qué cosas encuentras atrayentes? ¿Cómo puedes aprender a pelear la batalla de la fe y no ser arrastrado por algo que, al fin, no puede satisfacerte, sino que te destruirá?

Jueves 25 de marzo: Cómo cultivar el fruto del espíritu (Juan 15:8).

Aunque no podemos hacer crecer una semilla, hay cosas que definidamente podemos hacer para facilitar su crecimiento hasta que lleve fruto. Así es la vida llena del Espíritu. Mientras la obra del Espíritu Santo en el corazón del creyente es una parte del gran misterio de la vida misma, las Escrituras nos han dado instrucciones definidas sobre cómo estimular ese crecimiento, de modo que podamos cumplir el deseo de Jesús de que produzcamos mucho fruto para la gloria del Padre (Juan 15:8).

Lo que sigue a continuación son algunas maneras de estimular el crecimiento del fruto del Espíritu:

El estudio de la Palabra de Dios. Lee 2 Timoteo 3:16. ¿Para qué son útiles las Escrituras? Como resultado, ¿qué se logrará en nuestras vidas? (Ver el vers. 17; ver también Sal. 119:105).

La oración. “La oración es el aliento del alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituida por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo, la salud del alma. La oración pone al corazón en inmediato contacto con la Fuente de la vida, y fortalece los tendones y músculos de la experiencia religiosa. Descuídese el ejercicio de la oración, u órese irregularmente de vez en cuando, según parezca propio, y se perderá la fortaleza de Dios. Las facultades espirituales perderán su vitalidad, la experiencia religiosa carecerá de salud y vigor” (OE 268).

La clase correcta de pensamientos. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8). ¿Cómo podemos aprender a mantener nuestra mente con pensamientos elevados?

La testificación cristiana. El hombre a quien Jesús sanó de los demonios le pidió ir con él. Jesús le negó el pedido y en cambio le pidió que volviera a donde había vivido y contara lo que el Señor había hecho por él (Mar. 5:18-20). ¿De qué modo el compartir nuestra fe contribuye al crecimiento del fruto del Espíritu en nuestras vidas?

El fruto del Espíritu no aparecerá por sí mismo. Tus propias elecciones determinarán tu destino. ¿Qué cambios necesitas hacer en tu estilo de vida, en tus asociaciones, y en todo lo que haces, que pueda permitir tu crecimiento espiritual?

Viernes 26 de marzo.

Para Estudiar y Meditar:

“Dios manda que llenemos la mente con pensamientos grandes y puros. Desea que meditemos en su amor y misericordia, que estudiemos su obra maravillosa en el gran Plan de la Redención. Entonces podremos comprender la verdad con claridad cada vez mayor, nuestro deseo de pureza de corazón y claridad de pensamiento será más elevado y más santo. El alma que mora en la atmósfera pura de los pensamientos santos, será transformada por la comunión con Dios por medio del estudio de las Escrituras.

“‘Y llevan fruto’. Los que habiendo recibido la Palabra la guardan, darán frutos de obediencia. La palabra de Dios, recibida en el alma, se manifestará en buenas obras. Sus resultados se verán en una vida y en un carácter semejantes a los de Cristo. Jesús dijo de sí mismo: ‘El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón’ (Sal. 40:8). ‘No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre’ (Juan 5:30). Y la Escritura dice: ‘El que dice que pertenece en él, debe andar como él anduvo’ (1 Juan 2:6)” (PVGM 39, 40).

Preguntas Para Dialogar:

  1. Como iglesia, con la misión de esparcir los mensajes de los tres ángeles al mundo, a menudo luchamos para encontrar maneras de hacer que nuestro mensaje sea relevante para la cultura que nos rodea. ¿Qué peligros inherentes afrontamos cuando hacemos esto? La historia muestra que muy a menudo la iglesia, a lo largo de los siglos, termina convirtiéndose a los caminos del mundo, en vez de que el mundo se convierta a los caminos de la iglesia. ¿Qué diremos de nosotros, como adventistas? ¿Nos engañamos a nosotros mismos al pensar que esto no nos ocurre a nosotros, o que no nos puede ocurrir? ¿Vemos evidencias a nuestro alrededor de que esto ya esté sucediendo? Y si es así, ¿qué podemos hacer?
  2. En el siglo XXI, en tu propia cultura, ¿cuáles son algunos de los desafíos más grandes para cultivar el fruto del Espíritu? ¿Contra qué aspectos específicos de la cultura tienes que batallar resueltamente?
  3. ¿Por qué la cruz es tan central para todo el tema del fruto del Espíritu y del desarrollo del carácter? ¿Qué nos ofrece la cruz que es indispensable en el desarrollo del carácter? Después de todo, sin la cruz, ¿cuál sería el propósito mismo de llevar este fruto?
  4. ¿Por qué el desarrollo de nuestro carácter y las buenas obras dan gloria a Dios?
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Responses

  1. “Dios manda que llenemos la mente con pensamientos grandes y puros. Desea que meditemos en su amor y misericordia, que estudiemos su obra maravillosa en el gran Plan de la Redención. Entonces podremos comprender la verdad con claridad cada vez mayor, nuestro deseo de pureza de corazón y claridad de pensamiento será más elevado y más santo. El alma que mora en la atmósfera pura de los pensamientos santos, será transformada por la comunión con Dios por medio del estudio de las Escrituras.

    “‘Y llevan fruto’. Los que habiendo recibido la Palabra la guardan, darán frutos de obediencia. La palabra de Dios, recibida en el alma, se manifestará en buenas obras. Sus resultados se verán en una vida y en un carácter semejantes a los de Cristo. Jesús dijo de sí mismo: ‘El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón’ (Sal. 40:8). ‘No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre’ (Juan 5:30). Y la Escritura dice: ‘El que dice que pertenece en él, debe andar como él anduvo’ (1 Juan 2:6)” (PVGM 39, 40).

  2. Muy bien, exelente, sigan adelante ,nuestro Dios los vs a bendecir siempre


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