Posteado por: Lilliam A Garcia | marzo 14, 2010

Leccion 12 Solo la verdad Libro Complementario

I Trimestre de 2010

Libro Complementario

El fruto del Espíritu Santo

Leccion 12

“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad” (Efe. 6:14).

Estaba oyendo a los niños de los vecinos jugar en su patio. Uno de ellos comenzó a cantar: “¡Mentiroso, mentiroso, pantalón roñoso!” Un estudio de la conducta humana reveló que gente dice hasta cincuenta mentiras por día. Una de las mas comunes es: “El cheque está en el correo”. Otra es: “Solo estaba bromeando”. Aquí hay una mentira muy común: “Me pondré a hacerlo ahora mismo”. Créase o no, otra mentira popular es: “Lo lamento”, junto con “No quería herir tus sentimientos”. Muchos usan esta: “¡Oh, no, no me despertaste!”
Ella estaba donde no debía haber estado. Estaba sola, lo que tampoco debía haber hecho. Y entonces vio algo que no necesitaba haber visto: una serpiente que hablaba. No era como las que a veces encuentro en el patio de mi casa aquí, en Florida, EE.UU. Esta víbora le hizo una pregunta; la misma pregunta que continuaría despertando el interés de la humanidad a lo largo de los siglos: ¿No te gustaría ser capaz de decidir por ti mismo lo que es bueno y lo que es malo?
Su respuesta fue cauta: no un Sí o un No, sino una disculpa: “Dios nos ha dicho que si comemos el fruto de ese árbol, moriremos”. La serpiente rápidamente replicó: “No, no morirán” (ver Gén. 2:15-17; 3:1-3).
Por supuesto, no fue realmente la serpiente la que que habló; fue el ángel caído que había sido el querubín cubridor. La Biblia nos dice que Satanás es el padre de las mentiras son el idioma nativo del diablo. Cuando mentimos, estamos, en realidad, permitiendo que nosotros mismos seamos títeres del diablo, y él llega a ser ventrílocuo.
Hoy en día, no usamos la palabra mentira, por lo menos, tanto como antes. Hay otras palabras, más aceptables, como encubrimiento, engaño, o palabras que se oyen en los círculos políticos: desinformación o manipulación.
Las mentiras afectan la vida diaria de todos nosotros. Un técnico cristiano que trabaja para una empresa nacional de reparaciones dijo que su jefe le había dado la orden de que cuando alguien llamara para pedir un servicio, debía contestarle que alguien iría a hacerlo dentro de los dos días siguientes, ya sea que fuera posible o no.
Estaba hablando con un joven que trabajaba en un gran negocio de ventas al detalle. Él confesó que se lo había instruido para nunca decir “No lo sé”. Cuando escuché eso, pensé en las veces que había ido a esa sección del negocio para preguntar al vendedor qué herramienta era la mejor para el trabajo que estaba haciendo. Quienquiera que me atendiera me recomendaba esta o aquella herramienta, y yo la compraba. Ahora está este amigo diciéndome que, aun cuando él no tuviera la más mínima idea, tenía que decir algo, y por eso adivinaba.
Aun quienes pretender ser cristianos han llegado a estar algo “confundidos” en este asunto de decir la verdad. Pero allá voy, haciendo como el resto. Yo no debería haber dicho confundidos, porque esa es la excusa que damos cuando no queremos hacer lo que sabemos que es lo correcto.

Confundidos acerca de la verdad
Un compañero de trabajo una vez me explicó su concepto del Mandamiento: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. Me dijo: “Nota que el Mandamiento dice ‘contra tu prójimo’. La palabra clave es contra”. Siguió diciendo que, si es para el bien de la persona o para y un bien mayor, está bien mentir. De acuerdo con esta interpretación, el mandamiento no quiere significar que no debes decir algo que no es verdad; solo significa que no hagas lo que heriría a tu prójimo. Bueno, eso es lo que yo llamaría una interpretación “amplia”. Pero, allí estoy otra vez. Esto no es una interpretación amplia, sino una mala interpretación. ¿No hay un texto acerca de “que usa bien la palabra de verdad”? (2 Tim. 2:15). ¿Cuándo rechazaremos finalmente todo lo que sabemos que es malo y lo llamaremos por su nombre correcto?
El apóstol Juan menciona que Jesús estaba “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Y si nosotros, como seguidores de Jesús, estamos bajo su gracia, también deberíamos estar llenos de verdad; y esto no significa solo verdad doctrinal.
Una mentira es una mentira, pero las mentiras a menudo vienen con diferentes envoltorios. Por ejemplo, está la así llamada mentira blanca. La mayoría de nosotros concordaría en que una mentira con mayúscula es una mentira muy grande, y no tiene lugar en la vida cristiana. Pero, muchos de nosotros hemos participado en pequeñas mentiras blancas. Por ejemplo, suena el teléfono y no queremos hablar con quien llama, así que le decimos a la persona que contesta el teléfono: “Dile que no estoy en casa”. O preferimos aprovechar el día hermoso en vez de ir a la oficina, de modo que avisamos que estamos enfermos. Y la lista sigue.
Consideramos que estas pequeñas mentiras blancas con inofensivas o, por lo menos, una mejor alternativa a decir la verdad. Pero, la Biblia no clasifica las mentiras por color. No hay tal cosa como una pequeña mentira blanca o una gran mentira blanca, para el caso. Una cosa es verdad o es una mentira.
Otra forma de mentir es la adulación. La adulación es la falsificación del interés y la preocupación. Significa: “Te diré lo que quieres escuchar, de modo que yo pueda obtener de ti lo que quiero conseguir”. Tómese un momento y lea Salmo 12:2. Note cómo las palabras lisonja y doblez de corazón van juntas.
Además, está lo que llamamos medias verdades. Una media verdad es una mentira porque, aunque la información que contiene es verdadera, no presenta el cuadro completo. Decir la verdad intencionalmente fuera del contexto es decir una mentira.
Los que manifiestan la verdad como un fruto del Espíritu deben ser veraces en todo sentido. Si algún día tendremos que defender la verdad, tenemos que ser personas que siempre dicen la verdad y que aman oír la verdad ahora. Pero, debemos estar en guardia. El error a menudo viene envuelto en una delgada piel de verdad, haciendo que sea difícil reconocerlo.
Como hemos notado, el primer pecado que cometieron Adán y Eva fue introducido por una mentira (Gén. 3:4). El diablo usó mentiras al comienzo de la Gran Controversia, y serán mentiras las que impulsarán los eventos del fin.

Decir la verdad
Sucedió cuando yo estaba en primer grado. No recuerdo lo que había hecho, pero recuerdo que mi maestra me llamó a su escritorio. Me dijo que fuera a la oficina del director y le dijera que me había portado mal. Dejé mi banco y me fui al pasillo, donde se me ocurrió que no necesitaba ir a la oficina del director; que podía quedarme en el pasillo por algunos minutos y luego volver a la sala de clases. Eso fue lo que hice. Cuando regresé a la sala, no estaba preparado para la pregunta que me hizo la maestra:
-¿Qué te dijo el directo?
Tomado por sorpresa, contesté:
-Me dijo que fuera un buen muchacho.
Durante el recreo, no me sentí con ánimo de jugar con los otros chicos. Recuerdo haber estado solo junto al cerca de la escuela. Cuando terminaron las clases, mi maestra me palmeó la cabeza y dijo:
-Tú no fuiste a la oficina del directo, ¿verdad?
-No -le confesé mientras me caían las lágrimas por las mejillas.
Había mentido a mi maestra y estaba seguro de que eso chasquearía también a mi madre. Ella siempre me decía:
-Dick, es mejor morir que una mentira decir.
Me pregunto si las madres todavía les ofrecen este ideal a sus hijos. No me parece, porque la honestidad ha estado declinando por estos tiempos. Muchas personas saben lo que es correcto, pero se han permitido entrar en el hábito de mentir.
Hay personas que señalan los casos en las Escrituras donde hombres y mujeres considerados piadosos dijeron mentiras. Siendo que la Biblia no condena específicamente a esas personas, a veces se supone que, bajo ciertas circunstancias, Dios tolera la mentira. Rahab, la prostituta que vivía en Jericó, es un ejemplo de esto. Ella dijo una mentira para proteger a los dos espías que vinieron a su casa (Jos. 2:4).
Algunos dicen que la historia acerca de Rahab y los espías significa que la Biblia recomienda la ética situacional: está bien decir una mentira para salvar una vida. Si eso fuese cierto, entonces, estaríamos haciendo que los Diez Mandamientos estuvieran uno en contra de otros. Una mujer podría trabajar como prostituta para ganar dinero, a fin de ayudar a pagar el costo de unas reuniones evangelizadoras, o un hombre podría robar un banco con la intención de proveer recursos financieros para ayudar a los necesitados.
Las Escrituras son escrupulosamente honestas. Cuentan las historias de vida de hombre y mujeres que llegaron a ser héroes para el Señor, con todos sus defectos. Solo porque una persona llegó a ser un héroe bíblico no significa que todo lo que ello hicieron a lo largo del camino fue para la gloria de Dos, o un modelo para la vida cristiana.
No digo esto para disminuir a ningún personaje bíblico. El punto es: seguiremos en nuestros pecados y pereceremos en ellos a menos que lleguemos a ser perfectamente honestos con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Juan 8:32 declara: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Lo que implica este texto es que no solo hay una verdad objetiva, que es Jesucristo, sino también nosotros mismos debemos llegar al punto en que prefiramos la verdad. No solo debemos preferir escuchar la verdad, sino también debemos preferir decir la verdad. Las Escrituras enseñan que quienes se perderán no serán solo los que dijeron mentiras, sino también los que amaron escuchar las mentiras (ver Apoc. 22:15).
Mentir, en realidad, está muy alto en la jerarquía de los pecados, porque es el paraguas bajo el cual justificamos todos los otros pecados que habitualmente cometemos. Mentir es fatal para el crecimiento espiritual porque nos bloquea, impidiéndonos recibir la verdad, y sin la verdad no podemos ser liberados del pecado. No podemos ganar la victoria sobre cualquier pecado hasta que hayamos obtenido la victoria sobre el decir mentiras.
“El que encubre sus pecados no prosperará; más el que confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Prov. 28:13). Mientras tratemos de esconder nuestros pecados de los demás y de nosotros mismos, no nos arrepentiremos, y si no nos arrepentimos, no podremos encontrar la misericordia del Señor.

Conocer la verdad
Mi padre dijo en cierta oportunidad que todos recordaremos lo que estábamos haciendo cuando oímos que el presidente Kennedy había sido asesinado: eso es cierto; por lo menos, de todos los que nacieron antes de noviembre de 1963. Para el resto de ustedes, el evento divisorio de aguas fue el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York. La fecha fue el 11 de septiembre de 2001. Es muy posible que usted recuerde lo que estaba haciendo cuando escuchó la noticia. Desde ese día, terrorismo ha llegado a ser una palabra de uso doméstico.
Una cosa es segura: si las personas buenas hubiesen sabido por anticipado respecto del ataque, no hubiera sucedido. ¡Piensa en todos los engaños que rodearon ese evento! Los terroristas no eran turistas, como decían sus pasaportes. No eran pasajeros comunes en los aviones. No iban a donde indicaban sus boletos. Nada acerca de ellos era verdad. El punto es que no saber la verdad puede fácilmente llegar a ser un asunto de vida o muerte. Con respecto a las cosas espirituales, Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mal el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:28).
Hay algunos que dicen que no es trascendente lo que creemos siempre que creamos en Jesús. Debemos ser cuidadosos con esto. Permítame explicarlo. Antes de que Jesús viniera a la tierra por primera vez, había personas que creían en el Mesías y esperaban su venida. Entre ellos, había dos grupos: los que creían que el Mesías vendría como un rey conquistador para gobernar la tierra, y los que lo estaban esperando, como lo había profetizado Isaías (cap. 53) -y estos eran una minoría-, que sería despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores y experimentado en quebrantos. No marcaba una diferencia lo que creyera una persona acerca del Mesías quinientos años antes de que viniera. Lo importante era la gente que vivía entonces y esperaba, por fe, su venida. No producían una diferencia para los que vivieron cien años o cincuenta años, antes de que viniera. Pero, lo que creían acerca del Mesías marcó toda la diferencia cuando realmente vino, porque aquellos cuya doctrina respecto del Mesías no era la correcta lo crucificaron.
Sencillamente, no es cierto que no produzca diferencia lo que crees, mientras creas. No saber la verdad acerca del Septiembre 11 les costó la vida a más de tres mil personas. En estos últimos días, la mayoría del pueblo de Dios tiene falsas doctrinas y falsas expectativas con respecto a los eventos finales y el gran engaño. Dios ha confiado la verdad para este tiempo a los adventistas del séptimo día. A menos que amemos la verdad y la compartamos con otros, gran número de cristianos sinceros será engañado cuando el anticristo haga su movimiento final para entrampar al mundo. Recuerda, es el plan favorito del diablo engañar a tantos como sea posible. El engaño es el nombre de su juego.
Hay algunos que suscriben la idea de que creer algo hará que sea realidad. Eso puede ser un buen título para un canto, pero no es un argumento muy sólido. Durante la Edad Media, la mayoría de la gente creía que la tierra plana. Pero solo porque se enseñó algo durante mil años no lo convierte en verdad. La gente podía creer que la tierra plana por mucho tiempo y tan firmemente como quisiera, pero eso no la convertía en plana.
Hace algunos años, hubo un programa de televisión, en los Estados Unidos, llamado “Decir la verdad”. La premisa básica era sencilla: varios participantes, cada uno de los cuales pretendía ser cierta persona, generalmente eran personas que tenían una ocupación inusual o que habían hecho algo digno de nota. Un panel de cuatro celebridades hacía preguntas al participante, en un intento por identificar cuál era el verdadero y cuáles eran falsos. Después de que todas las celebridades tuvieron sus turnos para hacer preguntas a los invitados, ellos votaban cuál creían que era el verdadero. Cuando se completaba la votación, el moderador decía la línea que se hizo famosa: “Que el verdadero… se ponga de pie”. Entonces la persona se ponía de pie, y los demás participantes revelaban quiénes eran realmente.
El juego era muy divertido, hasta que pensabas en ello cuidadosamente. Estaba basado en que los participantes falsos mintieran, en un intento de engañar al panel. El show estaba entreteniendo a miles de nosotros, que lo mirábamos a través de las mentiras de los participantes. Era honrar a aquellos cuyas mentiras engañaban a los jueces. Era condicionar a las personas para mentir. Mirando hacia atrás a ese entretenimiento, me pregunto por qué pensamos que era tan entretenido. Si pensáramos en cómo se siente Dios acerca de la mentira, dudo que hubiéramos estado entretenidos. En los últimos días, saber la verdad y decir la verdad es un asunto de vida o muerte.
El fruto del Espíritu es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Aquellos que están recibiendo el don de la verdad personalmente conocerán a Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6). Los que están recibiendo el fruto de la verdad serán veraces. Cuando Jesús regrese a purificar la tierra del pecado y de sus consecuencias, la Santa Ciudad será el lugar de seguridad para los redimidos. El Apocalipsis advierte que “todo aquel que ama y hace mentira” estará fuera de la ciudad, junto con los “hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras” (Apoc. 22:15). Note que dice no solo los que dicen mentiras, sino también los que aman la mentira.
Lo que declaró la serpiente hace tanto tiempo fue y es una mentira. No hay tal cosa como mentiras blancas, o mentiras pequeñas o la creencia de que en tiempo de crisis no importa. Gracias a Dios que conocemos a quien es la Verdad, porque él nos ha hecho libres.

Para meditar
1. Apocalipsis 22:15 se refiere no solo a quienes dicen mentiras sino también a los que aman oírlas. ¿Cuáles crees que son algunas mentiras que le gusta oír a la gente?
2. ¿En qué clases de circunstancias has sido tentado a mentir? ¿Cuál es el secreto de ser vez siempre?
3. ¿Estás de acuerdo con que hay una “verdad presente”? ¿Qué la hace diferente de cualquier otra verdad?



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