Posteado por: Lilliam A Garcia | marzo 1, 2010

Lección 10 Comentario de EGW El fruto del Espíritu es templanza

Comentario de EGW

Lección 10

Para el de Marzo 2010

El fruto del Espíritu es templanza

Sábado 27 de febrero

Todos corren en la carrera, pero uno solo gana el premio. Los demás que van en busca de la perecedera corona de laurel, están condenados al fracaso, no importa cuán cabal sea su preparación ni cuán fervientes y decididos sean sus esfuerzos. La carrera cristiana es diferente; ninguno que corra con fervor y perseverancia, fracasará. La carrera no es solamente para los valientes, ni la batalla para los fuertes. El santo más débil así como el más fuerte puede ganar la corona de gloria inmortal, si están dispuestos a experimentar privaciones y pérdidas por amor de Cristo. El apóstol hace referencia al cuidado y la diligencia que se requería para asegurarse la victoria en esos antiguos juegos, y exhorta a todos los que comienzan la carrera cristiana a hacerlo con toda diligencia para asegurarse el éxito, a fin de recibir la corona de gloria que el Juez justo dará a todos los que se mantengan fieles hasta el fin de la carrera: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:26, 27) (Review and Herald, 18 de octubre, 1881).

Domingo 28 de febrero:
La paradoja del dominio propio

Todo el que desee participar de la naturaleza divina tenga en cuenta el hecho de que debe huir de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Debe haber una lucha constante y diligente del alma contra las impías imaginaciones de la mente. Es necesaria una firme resistencia ante la tentación de pecar en pensamiento o acción. Se debe guardar el alma de toda mancha mediante la fe en aquel que es poderoso para guardarnos sin caída. Debiéramos meditar en las Escrituras, pensando sobria y sinceramente en las cosas que atañen a nuestra salvación eterna. La misericordia infinita y el amor de Jesús, el sacrificio hecho por nosotros, demandan nuestra reflexión más seria y solemne. Deberíamos espaciamos en el carácter de nuestro amado Redentor e Intercesor. Debiéramos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Tendríamos que meditar en la misión de aquel que vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar constantemente los temas celestiales, se fortalecerán nuestra fe y nuestro amor. Nuestras oraciones serán más y más aceptables ante Dios, porque estarán mezcladas cada vez más con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes. Habrá una confianza más constante en Jesús, y tendremos una experiencia diaria y viviente en cuanto a la voluntad y el poder de Cristo para salvar hasta lo sumo a todo el que se allega a Dios por medio de él (Comentario bíblico adventista, tomo 3, p. 1163).

La Palabra de Dios presenta claramente ante nosotros la verdad de que nuestra naturaleza física entrará en conflicto con la espiritual. El apóstol nos encarga que nos abstengamos de los placeres carnales que guerrean contra el alma. Cada apetito pervertido es una pasión guerrera. La indulgencia ante los apetitos que perjudican la fuerza física es la causa de las enfermedades del alma. Las pasiones que menciona el apóstol no se limitan solamente a la violación del séptimo mandamiento, sino a toda indulgencia en el gusto que menoscabe el vigor físico, la cual se convierte en una pasión que causa conflictos. El apóstol declara que el que desee obtener victorias y alcanzar objetivos más altos “de todo se abstiene” (1 Corintios 9:25). La temperancia en la comida y la bebida, así como el ejercicio de la temperancia en cualquier otro aspecto, es esencial si queremos vencer como Cristo venció. Dios nos ha dado luz, no para que la tratemos con indiferencia, sino para que sea nuestra guía y ayuda (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pp. 212, 213).

Al referirse a estas carreras como figura de la lucha cristiana, Pablo recalcó la preparación necesaria para el éxito de los contendientes en la carrera: la disciplina preliminar, el régimen alimenticio abstemio, la necesidad de temperancia. “Y todo aquel que lucha –declaró– de todo se abstiene”. Los corredores renunciaban a toda complacencia que tendería a debilitar las facultades físicas, y mediante severa y continua disciplina, desarrollaban la fuerza y resistencia de sus músculos, para que cuando llegase el día del torneo, pudieran exigir el mayor rendimiento a sus facultades. ¡Cuánto más importante es que el cristiano, cuyos intereses eternos están en juego, sujete sus apetitos y pasiones a la razón y a la voluntad de Dios! (Los hechos de los apóstoles, p. 250).

Lunes 1 de marzo:
José y los resultados inmediatos de la justicia

Recuerde que su experiencia no es la primera de su índole. ¿Recuerda las historias de José y Daniel? El Señor no impidió las maquinaciones de hombres impíos; pero hizo que sus artimañas obraran para el bien de aquellos que, en medio de la prueba y el conflicto, mantuvieron su fe y lealtad.

El fuego del horno no tiene como propósito destruir, sino refinar, ennoblecer y santificar. Sin la prueba no sentiríamos tan hondamente nuestra necesidad de Dios y de su ayuda; y nos tomaríamos orgullosos y autosuficientes. En las pruebas que encara, yo veo evidencia de que el Señor vela por usted y que se propone atraerlo hacia él. No son los sanos sino los heridos los que necesitan un médico; aquellos que se ven presionados más allá de lo que pueden aguantar son los que necesitan un ayudador. Acuda a la fortaleza. Aprenda la valiosa lección: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30) (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pp. 135, 136).

José caminó con Dios. No permitió que se lo desviara de la senda de la justicia para desobedecer la ley de Dios ni con halagos ni con amenazas. Su dominio propio y su paciencia en la adversidad, y su inalterable fidelidad, han quedado registrados para beneficio de todos los que habrían de vivir más tarde sobre la tierra. Cuando sus hermanos reconocieron su pecado en su presencia, los perdonó ampliamente y manifestó mediante sus actos generosos y amantes que no albergaba resentimiento por la forma cruel como lo habían tratado previamente (La historia de la redención, p. 105).

El Señor no permitió que José fuera solo a Egipto. Los ángeles prepararon el camino para la recepción que allí se le iba a dar… Cuando se lo tentó para que se desviara de la senda recta, para que violara la ley de Dios y traicionara a su amo, resistió firmemente y dio evidencias del poder elevador del temor de Dios en la respuesta que dio a la esposa de su señor. Después de referirse a la gran confianza de éste, y al hecho de que le había confiado todo lo que tenía, exclamó: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?’ Nadie lograría que se desviara de la senda de la justicia para que pisoteara la ley de Dios ni con halagos ni con amenazas.

Cuando se lo acusó falsamente de haber cometido un nefando crimen, no se hundió en la desesperación. Consciente de su inocencia y su justicia continuó confiando en Dios. Y el Señor, que lo había sostenido hasta ese momento, no lo abandonó. Fue aherrojado y lanzado a una lóbrega celda. Pero el Señor convirtió en bendición incluso esa desgracia. Suscitó la simpatía del encargado de la prisión, y pronto José estuvo a cargo de todos los presos.

Aquí tenemos un ejemplo para todas las generaciones de creyentes que habrían de vivir sobre la tierra. Aunque estén expuestos a la tentación debieran saber que hay una defensa al alcance de la mano, y que si finalmente no reciben protección será por su propia culpa. Dios será un pronto auxilio y su Espíritu será un escudo. Aunque estén rodeados de las más terribles tentaciones hay una fuente de fortaleza a la cual pueden recurrir para resistirlas.

¡Cuán tremendo fue el embate que se lanzó contra la naturaleza moral de José! Provino de alguien que ejercía influencia, de una persona bien preparada para desviarlo. No obstante, con cuánta prontitud y firmeza resistió. Sufrió por causa de su virtud y su integridad, porque la que quería desviarlo se vengó de la integridad que no pudo derrotar, y gracias a su influencia lo envió a prisión, acusándolo falsamente de un delito que no había cometido. José sufrió entonces porque no quiso claudicar. Había puesto su reputación y sus intereses en las manos de Dios. Y aunque se permitió que fuera afligido por cierto tiempo para prepararlo con el fin de que ocupara un puesto importante, el Señor protegió esa reputación que había sido ensombrecida por una malvada acusadora, y más tarde, a su debido tiempo, permitió que aquella resplandeciera. Dios usó incluso la prisión como un camino que lo conduciría a su elevación. La virtud proporcionará a su debido tiempo su propia recompensa. El escudo que protegía el corazón de este joven era el temor de Dios, que lo indujo a ser fiel y justo con su amo, y leal a su Señor (La historia de la redención, pp. 103-105).

Martes 2 de marzo:
Sansón y los frutos del fracaso

La promesa de Dios de que por medio de Sansón comenzaría “a salvar a Israel de manos de los filisteos” se cumplió; pero ¡cuán sombría y terrible es la historia de esa vida que habría podido alabar a Dios y dar gloria a la nación! Si Sansón hubiera sido fiel a su vocación divina, se le habría honrado y ensalzado, y el propósito de Dios se habría cumplido. Pero él cedió a la tentación y no fue fiel a su cometido, y su misión se cumplió en la derrota, la servidumbre y la muerte.

Físicamente, fue Sansón el hombre más fuerte de la tierra; pero en lo que respecta al dominio de sí mismo, la integridad y la firmeza, fue uno de los más débiles. Muchos consideran erróneamente las pasiones fuertes como equivalentes de un carácter fuerte; pero lo cierto es que el que se deja dominar por sus pasiones es un hombre débil. La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las emociones que él domina, y no por las que le dominan a él.

El cuidado providencial de Dios había asistido a Sansón, para que pudiera prepararse y realizar la obra para la cual había sido llamado. Al principio mismo de la vida se vio rodeado de condiciones favorables para el desarrollo de su fuerza física, vigor intelectual y pureza moral. Pero bajo la influencia de amistades y relaciones impías, abandonó aquella confianza en Dios que es la única seguridad del hombre, y fue arrebatado por la marea del mal. Los que mientras cumplen su deber son sometidos a pruebas pueden tener la seguridad de que Dios los guardará; pero si los hombres se colocan voluntariamente bajo el poder de la tentación, caerán tarde o temprano.

Aquellos mismos a quienes Dios quiere usar como sus instrumentos para una obra especial son los que con todo su poder Satanás procura extraviar. Nos ataca en nuestros puntos débiles y obra por medio de los defectos de nuestro carácter para obtener el dominio de todo nuestro ser, pues sabe que si conservarnos estos defectos él tendrá éxito. Pero nadie necesita ser vencido. No se le deja solo al hombre para que venza el poder del mal mediante sus débiles esfuerzos. Hay ayuda puesta a su disposición, y ella será dada a toda alma que realmente la desee (Conflicto y valor, p. 132).

Miércoles 3 de marzo:
La larga carrera de Pablo

Si los hombres, sin tener un objetivo más alto que el de una corona perecedera como recompensa de su ambición, se sometían a la temperancia en todas las cosas, ¡cuánto más deben estar dispuestos a practicar la negación de sí mismos aquellos que profesan estar buscando no solo una corona de gloria inmortal, sino una vida que ha de durar tanto como el trono de Dios, y riquezas eternas, honores imperecederos y un permanente peso de gloria!

¿No debieran los estímulos presentados ante los que corren la carrera cristiana, inducirles a practicar la negación de sí mismos y la temperancia en todas las cosas a fin de que puedan mantener sujetas sus propensiones animales, herir el cuerpo, y controlar el apetito y las pasiones carnales? Entonces podrán ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que está en el mundo por medio de la concupiscencia (Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 98, 99).

Los años de abnegación, de privaciones, de pruebas, de aflicciones y persecuciones que soportó Pablo, los llamaba él algo momentáneo. Las cosas del tiempo presente no eran consideradas dignas de mención al compararlas con el eterno peso de gloria que le aguardaba cuando hubiera terminado la lucha. Esas mismas aflicciones eran los operarios de Dios, dispuestas para la perfección del carácter cristiano. Cualesquiera sean las circunstancias del cristiano; no importa cuán oscuros y misteriosos sean los caminos de la providencia; no importa cuán grandes sus privaciones y sufrimientos, él puede apartar de tales cosas su mirada dirigiéndola a lo invisible y eterno. Tiene la bendita seguridad de que todas las cosas le ayudan para su bien…

El Espíritu Santo iluminaba el alma de Pablo con luz del cielo, y él estaba seguro de que tenía una participación en la posesión comprada, reservada para los fieles. El lenguaje de Pablo era vigoroso. No podía encontrar palabras de suficiente fuerza para expresar la excelencia de esa gloria, ese honor y esa inmortalidad que recibirán los creyentes cuando Cristo venga. En comparación con la escena en que se posaban los ojos de su mente, todas las aflicciones temporales solo eran momentáneas, leves aflicciones, indignas de consideración. Vistas a la luz de la cruz, las cosas de esta vida eran vanidad y vacuidad. La gloria que le aguardaba era sustancial, ponderable, durable, más allá de lo que podía expresar el lenguaje (Comentario bíblico adventista, tomo 6, pp. 1099, 1100).

Jueves 4 de marzo:
Cómo crecer en dominio propio

A menos que la Palabra sagrada sea realmente apreciada, no se la obedecerá como si fuera un seguro y precioso libro de texto. Se debe luchar contra cada pecado dominante hasta que sea vencido. En la medida en que el ser humano pecador obra su propia salvación con temor y temblor, el Señor le ayudará en sus esfuerzos; pero Dios no obrará sin la cooperación humana. El pecador debe poner todo su esfuerzo y poder, y a la vez debe capacitarse colocándose como un estudiante voluntario en la escuela de Cristo. Y mientras acepta la gracia que se le ofrece gratuitamente, la presencia de Cristo en el pensamiento y el corazón le darán la capacidad de decisión para dejar a un lado todo pecado, a fin de que el corazón se llene de Dios y de su amor…

Son pocos los que se dan cuenta de las terribles características del pecado y de la enormidad de la ruina que ha resultado de la transgresión a las leyes de Dios. Al examinar el maravilloso plan de redimir al pecador y restaurar en él la imagen moral de Dios, se llega a comprender que el único medio para librar al ser humano fue la inigualable condescendencia, el amor y la abnegación del Hijo de Dios. Solamente él tenía la fortaleza para batallar contra el adversario de Dios y del ser humano. Como nuestro sustituto y garantía, ahora nos da poder a todos los que por la fe llegarán a ser victoriosos en su nombre y mediante sus méritos.

En la cruz del Calvario podemos ver lo que le ha costado al Hijo de Dios brindar salvación para la raza caída. Y así como su sacrificio fue completo, también debe ser completa la restauración del ser humano y su limpieza del pecado. La ley de Dios nos ha sido dada para que gobierne nuestra conducta; ningún acto contra ella será excusado; ninguna injusticia escapará a la condenación. El conocimiento de la ley condenaría al pecador y le quitaría cualquier esperanza si no fuera porque puede ver a Jesús como su sustituto y garantía, listo para perdonar sus transgresiones y pecados. La vida de Cristo es un perfecto cumplimiento de cada precepto de la ley. Y cuando el alma arrepentida y obediente, por la fe en Cristo, trata de obedecer los Diez Mandamientos de acuerdo a su mejor conocimiento, la perfección de la vida de Cristo le es imputada para cubrir sus transgresiones (Fundamentals of Christian Education, pp. 134, 135).

Dios honrará y sostendrá al alma que con todo su corazón y con fervor desea caminar delante de él con la perfección de la gracia de Cristo. Nunca olvidará ni abandonará al que humildemente le sigue. Obrará en el corazón de los que le reciben, haciéndolos puros y santos, y capacitándolos para ser colaboradores juntamente con él. Con una percepción santificada apreciarán la fuerza de sus promesas y se apropiarán de ellas. No lo harán porque se sentirán dignos de ellas, sino porque por su fe viviente recibirán los beneficios del sacrificio de Cristo y serán revestidos con su manto de justicia (Signs of the times, 3 de junio, 1903).

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Responses

  1. El fuego del horno no tiene como propósito destruir, sino refinar, ennoblecer y santificar. Sin la prueba no sentiríamos tan hondamente nuestra necesidad de Dios y de su ayuda; y nos tomaríamos orgullosos y autosuficientes. En las pruebas que encara, yo veo evidencia de que el Señor vela por usted y que se propone atraerlo hacia él. No son los sanos sino los heridos los que necesitan un médico; aquellos que se ven presionados más allá de lo que pueden aguantar son los que necesitan un ayudador. Acuda a la fortaleza. Aprenda la valiosa lección: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30) (Testimonios para la iglesia, tomo 8, pp. 135, 136).


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