Posteado por: Lilliam A Garcia | febrero 20, 2010

Lección 8 Para mejor o para peor Libro Complementario

Para mejor o para peor

“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará? (Proverbios 20:6)

En cierta ocasión, Jesús hizo una pregunta retórica:”Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Dicho de otro modo, su pregunta podría ser esta: “Cuando venga, ¿encon­trará todavía a algunos que sean fieles?”
En los idiomas originales, la palabra fe se traduce a menudo como fidelidad. La fe es ese poder indefinible por medio del cual podemos captar como realidad cosas que no hemos visto todavía. La fidelidad es el resultado de su sistema de creencias. Cuando tenemos fe en Dios, ac­tuamos de manera fiel. Los hechos de fidelidad son los hilos que man­tienen unidas nuestras creencias con el sistema de conducta. El apóstol Santiago escribió que la fe sin obras es muerta (Santiago 2:17). En otras palabras, es imposible decir que tienes fe si no eres fiel.
La Biblia cuenta las historias de los fieles y también de los infie­les. Contiene informes de personas que fueron infieles, pero más tarde llegaron a ser fieles, y aun cuenta las historias de personas que fueron fieles, pero más tarde llegaron a ser infieles.
A veces me he preguntado qué tiene que ver conmigo hoy leer acerca de personas que vivieron hace tres mil años. Pero he llegado a comprender que no importa cuándo vivamos, las elecciones que hacemos con respecto a la fidelidad son universales y para todos los tiempos. La Biblia no es un libro de códigos que tiene que ser actualizado cada día como las noticias de la televisión. Aunque las experiencias relatadas en la Biblia pertenecen a épocas y lugares diferentes, se refieren a per­sonas similares a nosotros. Mi jefe en el taller de mantenimiento en el colegio solía decir:”La gente es gente, y las personas son personas”. Las pruebas de fe para el pueblo de Dios, sean del pasado, del presente o del futuro, son básicamente las mismas. Los problemas que la gente afrontó hace dos mil años son las mismas que nos confrontan hoy.
Nunca he sido un alto oficial en una monarquía que gobernó al mundo, como lo fue Daniel, y nunca he tenido que afrontar la posibi­lidad de ser arrojado a un foso con leones. Pero el problema básico es, independientemente de la época, la situación o las consecuencias, si serás fiel o no.
El hábito de Daniel era orar tres veces al día. No estaba tratando de impresionar a la gente, como lo hizo el fariseo de la parábola de Jesús. No hay que elegir hacer una exhibición pública, pero tampoco esconderse. Daniel oraba hacia Jerusalén desde frente a la ventana de lo que debió haber sido su real departamento. Sus enemigos en la corte del rey estaban celosos de él, y elucubraron un plan que aprovechaba el orgullo del rey. Durante un cierto tiempo, todos debían orar solo al rey, a nadie más. La penalidad por no cumplir con una proclamación real era que el ofensor sería arrojado al foso de los leones. Si tuviése­mos esa clase de decreto pendiente sobre nuestras cabezas, podríamos estar tentados a racionalizar que seguiremos orando, pero dentro del ropero o debajo de la cama; en cualquier lugar que no fuera tan obvio como ser visto junto a una ventana. Seguramente la solución sería la de mantener un perfil bajo por el momento, pero continuando con la vida devocional.
No obstante, Daniel decidió no cambiar su rutina diaria ni un ápice. No le interesaba si viviría o no, pero él sería fiel sin importarle lo que ocurriera.
Aquí hay un escenario para un Daniel moderno. Tus vecinos se es­tán reuniendo para una fiesta de tu calle. Generalmente, se realiza en el parque delante de la casa de alguien. Te avergüenza ir directamente y decirles que no bebes, de modo que decides tomar un vaso con el resto. Pero nunca pruebas la bebida, sino derramas un poco cuando los demás no te miran, de modo que el nivel de la cerveza en tu vaso parezca haber descendido. ¿Qué habría hecho Daniel?
Otro escenario. Estás comiendo en un restaurante con tus amigos. El mozo te trae la comida. Hay un momento de silencio embarazoso mientras miras a los demás con el rabillo de tu ojo. Cuando estás en casa, siempre pides la bendición de los alimentos, pero aquí, en el restauran­te… Bueno, ustedes saben cómo es. No queremos parecer extraños.
Historias como estas no son acerca He una cueva de leones o un horno ardiente, pero refieren a la fidelidad. Alguien podría preguntar: “Pastor O’Ffill, ¿quiere decir que perderé mi salvación si no pido la ben­dición en un restaurante?” Yo no dije eso. Pero hay un texto que dice: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto” (Lúe. 16:10). Digámoslo de otro modo. El que no es fiel en cosas pequeñas, tarde o temprano no será fiel tampoco en las cosas más grandes. En principio, no hay dife­rencia en el desafío por el que pasó Daniel y los desafíos que ustedes y yo atravesamos -menos los leones-, porque el desafío se reduce a una pregunta, y esta es si seremos fieles o no.
El esclavo bien parecido
La Biblia registra otra historia que sucedió mucho antes que la de Daniel: la experiencia de José. Fue vendido como esclavo, pero fue tan fiel que Potifar lo puso a cargo de todo lo que tenía. José fue más que un buen gerente. La versión Reina-Valera 1960 lo dice así:”Era José de her­moso semblante y bella presencia” (Génesis 39:6). Busqué esas palabras en una concordancia. En hebreo, esas palabras no se refieren al currículo de José ni tampoco a su carácter. Significan que era buen mozo, de buena presencia. La esposa de Potifar se enamoró de él y quiso seducirlo, no solo una vez, sino cada día.
¿Cuál fue la respuesta de José a ella?”No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).
José no trató de dar a la esposa de Potifar un estudio sobre lo que las Escrituras dicen acerca de tener un amorío con la mujer de otra per­sona. La Biblia nos instruye en el sentido de que cuando somos tentados a cometer un acto de impureza moral, debemos salir de allí con rapidez. ¡Corre por tu vida! “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18). Es interesante notar que Jesús llevó el asunto de la inmoralidad sexual a un nivel aún más alto. ¡Dijo que ni siquiera debemos pensar en ello! “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28).
En su Sermón del Monte, Jesús hizo una declaración con respecto a la fidelidad que muchos no han considerado. “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus ju­ramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más que esto, de mal procede” (Mateo 5:33-37).
Tenemos varios métodos a fin de asegurar que estamos diciendo la verdad; por ejemplo: “Levanta tu mano derecha. ¿Juras decir la verdad, toda la verdad y nada sino la verdad, así te ayude Dios?” Y: “Pon tu mano derecha sobre la Biblia, y repite después de mí”. Algunas veces es:”De­bes conseguir que un notario atestigüe este documento, y lo entregue en el tribunal judicial”.
Cuando nuestro Señor dijo que nuestra comunicación debía ser Sí y No, no estaba diciendo que debíamos tener un vocabulario de solo dos palabras. Lo que quería decir fue que los que son fieles harán lo que dicen. No andarán con rodeos. No necesitarán levantar su mano derecha o poner una pila de Biblias, o involucrar a un escribano público. El punto aquí es que cuando el fiel dice Sí, quiere decir Sí; y cuando dice No, no necesitan firmar sobre ninguna línea de puntos, porque son fieles a lo que dicen.
Trabajamos tres años y medio en Pakistán. Allí, cuando pedimos a al­guien que hiciera algo para nosotros, o cuando ellos ofrecían sus servicios, añadían la palabra inshallah, que significa “si es la voluntad de Dios”. El libro de Santiago sugiere que cuando hacemos planes, nosotros también deberíamos añadir “si es la voluntad de Dios”(ver Santiago 4:15). Pero, en la República Islámica de Pakistán, aprendimos que la gente usa a menudo inshallah como una excusa para no hacer lo que habían prometido. Por ejemplo, cuando se.les reclamaba acerca del incumplimiento de una pro­mesa, a menudo decían, “Inshallah”, queriendo decir, “Yo sé que le dije que lo tendría listo para usted hoy, pero no era la voluntad de Dios”.
El problema de la falta de fidelidad no se limita a quienes han he­cho profesión de fe en Jesús. Es evidente aun entre los “creyentes”. Es visto, sencillamente, como una debilidad o una falla de familia. Pero, aunque el rasgo de carácter de la fidelidad parece ser menos importante a la gente hoy de lo que fue en lo pasado, siempre ha sido, y siempre será, de gran magnitud en el Reino de los cielos.
Jesús nos enseñó que una promesa es una promesa. La gente pue­de argumentar que no hubiese dicho que Sí, si hubiera sabido que las cosas no saldrían bien. O no habrían dicho que No si hubiesen sabido que las cosas saldrían para mejor. Puede ser una sorpresa para algunos, pero hay un texto que dice:”Pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia” (Salmo 15:4). Esto significa que los que sirven a Dios guardan su palabra aun si descubren que no es una ventaja para ellos.
Promesas de casamiento
La falta de fidelidad en nuestra sociedad ha cobrado más víctimas en los casamientos y la familia. Mi padre, que era pastor, ofició en mi matrimonio. Como parte de la ceremonia, papá preguntó, primero a mí y luego a Betty: “¿Prometes amar, honrar y estimar, en las buenas y en las malas, en la enfermedad y en la salud, en la riqueza o en la pobreza, hasta que la muerte los separe, así lo ayude Dios? ¿Lo prometes?” Por supuesto, dijimos Sí. Se requiere un Sí para casarse; pero aparentemente el Sí pronunciado en la ceremonia tiene poca importancia en rela­ción con mantener la fidelidad al compromiso matrimonial más tarde. Sin duda, por esta razón Jesús preguntó: “Cuando venga, ¿encontraré fe [fidelidad] en la tierra?”. La respuesta implícita es: “No mucha”. Los que reciben su recompensa celestial no serán solo quienes tuvieron fe. “También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). Los que serán salvos, de cualquier edad, tendrán una característica en común: al final, fueron fieles.
Jesús enseñó lecciones narrando historias. Una de ellas está regis­trada en Mateo 25:14 al 30. Compara al Reino de los cielos con un hom­bre que confió sus bienes reales a sus gerentes, antes de viajar a un país lejano. A uno le dio cinco talentos (una cantidad de dinero), a otros dos talentos, y al tercero le dio uno. Y se fue de viaje.
Cuando el inversor volvió, llamó a rendir cuentas a cada uno de los hombres. Aplaudió al que había invertido los cinco talentos y ganado cinco más. Lo felicitó por su fidelidad, y le dijo que ahora sería pro­movido. El hombre que había recibido dos talentos también obtuvo un ingreso de ciento por ciento sobre el dinero por el que había sido hecho responsable. También fue felicitado por ser fiel y se le dijo que también sería promovido.
El administrador que había recibido un talento tenía más temor que fidelidad; de hecho, fue sencillamente cobarde. Dijo al inversor que no quiso correr riesgos, de modo que había puesto el dinero en una caja de seguridad. Cuando sacó el talento de la caja, realmente había perdido valor, debido a la inflación. Por supuesto, el Señor no lo dijo de esa manera en la parábola, pero el punto era el mismo. Si, como hijos e hijas de Dios, tenemos temor en lugar de fidelidad, perderemos no solo nuestro empleo sino también nuestro lugar en la Tierra Nueva.
Uno de los acontecimientos más trágicos durante la presidencia de Ronald Reagan fue un bombardeo terrorista, un domingo de ma­ñana, sobre las barracas de los Marines en Beirut, en el cual murieron centenares de estadounidenses, o fueron heridos mientras dormían. Unos pocos días después de la tragedia, el comandante del Cuerpo de Marines, Paul X. Kelley, visitó a algunos de los soldados heridos, que estaban en ese momento en un hospital en Frankfurt, Alemania. Entre los heridos se encontraba el Cabo Jeffrey Lee Nashton, quien estaba seriamente herido. Tenía tantos tubos que entraban y salían de su cuerpo, que un testigo dijo que parecía más una máquina que un hombre; pero sobrevivió. Mientras Kelley se acercaba a Nashton, el soldado herido se esforzó por moverse y, agobiado de dolor, pidió por señas que le dieran un papel y un lápiz. Escribió una breve nota y la pasó a su comandante. En el papel, había escrito las palabras: “Semper Fi”, el lema, en latín, de los Marines, que significa ‘Fiel para siempre”.
El Señor es, fiel; es su carácter y su gloria ser fiel. “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Tesalonicenses 3:3).”Por la misericor­dia de Jehová no hemos sido consumidos^ porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lamentaciones 3:22, 23). Los que entrarán en el cielo serán como él, porque lo verán como él es (1 Juan 3:2).
Grande es tu fidelidad, Oh Dios, mi Padre,
No hay sombra de variación contigo,
Tú no cambias, tu compasión no falla,
como has sido serás para siempre.

¡Grande es tu fidelidad! ¡Grande es tu fidelidad!
Mañana tras mañana tu misericordia veo;
todo lo que necesito tu mano lo ha provisto,
¡Grande es tu fidelidad! Señor, hacia . – Thomas Chisholm

Estoy agradecido porque nuestro Dios no solo es fiel hacia noso­tros, sino también, por el fruto del Espíritu, seremos fieles a él. Piensa en esto. La fidelidad no puede ser falsificada. La gente es fiel o no lo es. Lo que importa es lo que somos.

 

PARA MEDITAR

  1. Una de las maneras en que un cónyuge comienza a ser infiel es mirando a otra persona. Comenzamos a ser infieles a Jesús cuando quitamos nuestros ojos de él. ¿Qué otros paralelos de fidelidad/infidelidad puedes recordar?
  2. ¿Cómo puedes demostrar fidelidad a Jesús en tu lugar de trabajo, sin ser como el fariseo que oraba en una esquina de las calles?
  3. La cultura moderna está enseñando a nuestros jóvenes a ser infieles a sus compromisos, ya sea con Dios o con los que algún día serán sus cónyuges. Imagínate que eres un dirigente de los Conquistadores. ¿Cuáles serían algu­nas maneras prácticas en que enseñarías a los niños y las niñas la importan­cia, y la necesidad, de ser fieles?

 


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