Posteado por: Lilliam A Garcia | febrero 13, 2010

¿Cuán bueno es bueno? Lección 7 Libro Auxiliar

“Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad(Efesios 5:9).

Recuerdo cuando mi mamá solía decir: “Ahora, Dick, Mamá quie re que seas un muchachito bueno”. Generalmente, cuando decía esto, no estaba sugiriendo que alimentara a los pobres y a los necesitados; más probablemente fuese que no molestara a mi hermana Danna o dejara de jugar en el barro. (Cuando lo hice un sábado de tarde, recibí una paliza después de la puesta del sol.)
En este capítulo, pensaremos acerca del fruto del Espíritu llamado “bondad”. Con la intención de poner en movimiento nuestros cerebros, comenzaré haciendo varias preguntas: ¿Qué significa para ti ser bueno? Ser bueno ¿significa hacer el bien? Si tu respuesta es Sí, entonces, res ponde lo siguiente: si el diablo sana a alguien, ¿eso haría que el diablo fuese bueno? Y finalmente, si alguien te preguntara si eres una persona buena, ¿qué responderías?
¿Te has preguntado alguna vez qué piensan otras personas de ti? Si pudieras escuchar a escondidas, mientras un amigo te describe a al guien, ¿qué esperarías escuchar? ¿Quisieras que tu amigo describa la forma en que se te ve, o decir algo acerca de tu gran personalidad? Tal vez, te gustaría que tu amigo analizara tu inteligencia o tu sentido del honor, o acaso tus aficiones y logros. ¿Cómo te sentirías si todo lo que dijera acerca de ti es que eres una buena persona? ¿Sería eso muy genérico? ¿Cuan bueno es bueno?
Pata ser justos, antes de que puedas responder a esas preguntas, necesitamos una buena definición de bondad, la cualidad de ser buenos. Usamos el términobueno muy libremente. Decimos: “Él es un buen es tudiante”; “Ella es una buena conductora”; “Ella es una buena madre”; “Eso fue una buena comida”; y “Presencié un buen juego de pelota”.
Jesús describió a Dios como bueno. “Él [Jesús] le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios” (Mateo 19:17). Dios es bueno.
Aunque Dios es bueno por naturaleza, nosotros, decididamente, no lo somos. Nuestros motivos están entremezclados, y nuestras vidas son inconsistentes. A pesar de nuestros sinceros intentos de hacer lo bueno, la Biblia afirma que no hay bueno, ni siquiera uno. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:12, 23).
El apóstol Pablo escribe: “Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago el mal que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Romanos 7:18-21).
En nuestra naturaleza pecaminosa y egoísta, no hay motivación natural para vivir en la forma que Dios quiere realizar sus propósitos. En nosotros mismos, y por nosotros mismos, no importa cuánto tratemos, no podemos ser buenos. Pero, no deje de lado este libro todavía. ¡Hay esperanza para nosotros!
Más que una remodelación
Hace un año, remodelamos la sala y el comedor de nuestra casa, Instalamos un piso imitación madera, pusimos nuevos zócalos, saca mos los cortinados gruesos y pusimos otras cortinas. Pintamos ambas habitaciones y compramos alfombras pequeñas. Pero, no cambiamos las paredes ni modificamos la estructura básica; los cambios que hici mos fueron “cosméticos” y superficiales. Así, la verdadera bondad no es colocar pintura sobre una pared con grietas. No es cambiar los muebles de lugar o ni siquiera comprar alfombras nuevas. La verdadera bondad no es una remodelación superficial de la vida: darle algo de comida a la gente de la calle o visitar a los inválidos. La bondad, entendida como se mejanza a Dios, es un cambio estructural profundo de nuestros corazones, obrado por el Espíritu Santo.
Anteriormente pregunté si el diablo está haciendo algo bueno cuando sana a los enfermos. Espero que hayan contestado No. A fin de hacer algo bueno, una persona debe ser buena; de otro modo, lo que hizo fue solo superficial y no intrínsecamente bueno. El fruto del Espíritu no crece desde afuera sino más bien desde adentro. No es suficiente hacer lo bueno, si serlo es lo importante. Debemos ser buenos completamente. Debe ser el núcleo de lo que somos. Jesús dijo que un hombre bueno produce cosas buenas del tesoro de su corazón (Mateo 12:35). También dijo: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol” (versículo 33).
Como el resto del fruto del Espíritu, la bondad que comienza a surgir desde lo profundo de nuestros espíritus no será nuestra propia bondad, sino la de Dios. No pretenderemos ser buenos; ya no habrá ninguna actuación. En cambio, la bondad honesta, sincera y genuina llega a ser el resultado sobrenatural del fruto del Espíritu de Cristo. No será algo forzado ni artificial, sino la expresión sencilla de bondad, llena de gracia del Espíritu de Dios, operando en nosotros.
“La bondad es lo que resulta cuando el poder divino transforma la naturaleza humana. Al creer en Cristo, la raza caída que él redimió puede obtener la fe que obra por el amor y que purifica el alma de toda impureza. Aparecen entonces los atributos que nos asemejan a Jesús: porque contemplándolo los hombres se transforman a su imagen de gloria en gloria, hasta adquirir su carácter. Se produce buen fruto. El ca rácter es modelado de acuerdo con la divina semejanza, y se manifiesta integridad, rectitud y verdadera benevolencia hacia la raza pecadora”. 
A menudo, cuando hablamos acerca de la importancia de ser bue nos, alguien objetará:”Pero no somos salvos por las obras”. Por supuesto que no. La genuina bondad de Dios es totalmente diferente de las así llamadas buenas obras hechas para ganar méritos. ¡La gente buena hace cosas buenas! La bondad es algo que ellos hacen. El buen fruto surge directamente del Espíritu de Dios que mora en ellos. La falsificación pro viene cuando una persona se centra en sí misma y está tratando de im presionar a alguien. Estos dos conceptos son totalmente opuestos.
La bondad es la amabilidad en acción. La bondad es el amor en acción: el amor con su mano en el arado, el amor con la carga sobre su espalda. La bondad es la amabilidad que se expresa a sí misma. Es un gran corazón hacia todos. Es la Regla de Oro puesta en práctica.
La bondad no es esa clase de vida que guarda distancia; es prác tica, una vida a corta distancia. Jesús anduvo haciendo bienes sin pre guntar el costo o predeterminar los peligros. Buscó con interés a los que estaban con necesidad de su bondad. Las cosas buenas que debe mos hacer por otros son similares a las cosas que Jesús haría en favor de la gente.
¿Recuerda el interrogante, al comienzo de este capítulo, sobre si realmente le gustaría ser descrito sencillamente como bueno? Yo espero que haya respondido que Sí. Uno de los cumplidos más grandiosos e importantes que puede alguna vez dar a una persona es llamarla buena. La bondad se reconoce por ser reflexiva, por su veracidad, su simpatía, su imparcialidad, su bondad, su abnegación, su espíritu servicial, su ge nerosidad, su tolerancia y perdón. Es comida para el hambriento, medi­cina para el enfermo, tolerancia para el torpe, un empuje al desanimado y un canto para el desesperado.
La bondad tiene ojos que ven lo bueno en otros, y los aprecia. La bondad tiene oídos que están abiertos para oír el grito de los necesitados y los sollozos de los de corazón quebrantado. La bondad tiene una espal da fuerte sobre la que otros pueden arrojar sus cargas. La bondad tiene manos que están extendidas hacia quienes están luchando y tratando de mantenerse a flote. La bondad deja huellas para que otros sigan.
“El Señor ha puesto a prueba a cada ser humano. Él desea probar nos para ver si seremos buenos y si haremos bien en esta vida; para ver si puede encomendarnos riquezas eternas y hacernos miembros de la familia real, hijos del Rey celestial.
“El bien que podéis hacer no tiene límites. Si convertís la Palabra de Dios en la norma de vuestra vida, y regís vuestros actos por sus precep tos, y si procuráis que todos vuestros propósitos y los esfuerzos que ha gáis para cumplir vuestro deber sean una bendición y no una maldición para los demás, triunfaréis. Os habéis relacionado con Dios; os habéis convertido en un conducto de luz para beneficio de los demás. Reci biréis el honor de llegar a ser colaboradores de Jesús; y no habrá para vosotros mayor honra que la de escuchar la bienaventurada bendición pronunciada por el Salvador: ‘Bien hecho, siervo fiel'”. 
Genuino, no artificial
A veces, lo que llamamos bondad no es lo que podríamos pensar. No es “Lo que ves es lo que consigues”, sino más bien: “Lo que ves no es necesariamente lo que consigues”.
Betty y yo teníamos plantas y flores en nuestro hogar. Bueno, no realmente. Las plantas parecían palmeras, filodendros, hiedras y orquí deas, pero eran artificiales. Nos gustaron porque no había que regarlas ni preocuparse por ellas. Además, parecían reales. Pero, cuando llega mos al fruto del Espíritu y, en este caso, el fruto de la bondad, lo artificial es completamente inaceptable.
Los fariseos odiaban a Jesús porque él exigía una bondad que sur giera de la profundidad del corazón, y ellos solo estaban dispuestos a te ner una bondad desde la superficialidad de la piel. Estoy seguro de que habrán calculado que es posible hacer el bien por razones equivocadas. Podemos aparecer como buenos cristianos desde afuera –aun dar a los pobres, ayudar a los vecinos y visitar a los enfermos– y, sin embargo, estar podridos por dentro. Los fariseos eran así.
En una ocasión Jesús les dijo:”¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mateo 23:33). Y otra vez:”¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois seme jantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27).
La denuncia más devastadora de Cristo fue dirigida contra la pia dosa y falsa pretensión de estos infames hacedores del bien. En un len guaje claro, les estaba diciendo:”¡Ustedes, víboras, hieden!”
Desearía poder decir que no era así pero, aunque casi todos aceptan la idea de que como seguidores de Jesús debemos ser buenos, no todos están de acuerdo en cuanto a lo que esto significa. Desdichadamente, lo que es bueno y lo que es malo a menudo se determinan por consenso. La tendencia es a decidir entre nosotros lo que es bueno y malo, recto y equivocado, en vez de usar la Palabra de Dios como nuestra guía. Y, cuando analizamos algún problema bíblico, la principal forma de actuar son la ética situacional y la corrección política. Estos significan que lo que es bueno o malo depende de la situación y de la política del mo mento. A menudo, las personas que tratan de mantenerse en lo que enseña la Biblia son llamadas críticas o farisaicas.
Hay un restaurante de comida rápida que anuncia: “Téngalo a su manera”. Ese lema nunca debe llegar a ser la fórmula para determinar lo que es bueno y lo que no lo es. Las Escrituras dejan poco espacio para la duda/’Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). La decisión en cuanto a lo que es correcto y lo que es malo no debe permitirse que sea determinada por la clase de Escuela Sabática o aun por el pastor, porque como Jeremías observó: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).Todo esto nos impulsa a formular la pre gunta penetrante: ¿En quién o en qué confiamos, para que nos diga lo que es bueno o lo que es malo?
La opinión de la multitud no es confiable. El argumento de que todos lo hacen así es tan flojo como suena. Nuestra moralidad no debe basarse en la opinión de la mayoría.
Además, está el enfoque psicológico, que plantea cómo se siente una persona en cuanto a eso. Los hippies comenzaron sobre esa base. Para ellos, lo bueno estaba determinado por cómo se sentían acerca de algo.
Ustedes pueden conocer la teoría del “mayor bien”. Escuché una historia acerca de una madre cuyos hijos estaban muriendo de hambre, de modo que ella comenzó a vender su cuerpo con el propósito de conseguir dinero para alimentarlos. Algunos sintieron que estaba haciendo bien, porque estaba salvando las vidas de sus hijos.
Tristemente, aun algunos predicadores están más preocupados acerca de hacer sentir bien a su congregación, en vez de señalarles lo que significa ser bueno. Sin embargo, la única base para la verdadera bondad se encuentra en la Palabra de Dios. David dijo: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).
Si vamos a orar pidiendo bondad del corazón, necesitamos saber qué es y qué no es. Los hechos fundamentales afirman que debe haber una base para el juicio, o todos nosotros llegaremos a ser ley para no sotros mismos. Israel experimentó esto durante el tiempo de los jueces, cuando “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 17:6). Pero ¿eso era bueno? Difícilmente. El registro dice que “los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová” (Jueces 2:11). Aquí tenemos una prueba abrumadora de que mientras que algo parece bueno a nuestros propios ojos, puede ser contrario a lo que Dios desea.
Puesta en práctica diariamente
Recuerde esta porción de consejo familiar. Leer acerca de un perro no lo hace uno de ellos. Leer este libro acerca del fruto del Espíritu, es tudiar la Guía de Estudio de la Biblia y aun participar en una clase harán poco bien hasta que, con la ayuda del Espíritu Santo, comencemos a ponerlo en práctica en nuestras vidas cada día y en todas partes.
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausen cia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). Esto puede sonar a salvación por las obras, pero el punto es que una persona que tiene la salvación será cuidadosa en vivirla. Si aprendemos a hacer las cosas correctas y seguimos practicándolas, podemos confiar en que haremos lo correcto cuando haya presión, aun cuando las posibilidades estén en contra de nosotros. La disciplina diaria -la perseverancia en practicarla- todavía es el sendero para formar un carácter bueno.
En la antigua China, los gobernantes querían defender su tierra de las hordas bárbaras en el norte, de modo que construyeron la Gran Muralla. Era demasiado alta para treparla y pasar por encima de ella, demasiado gruesa para atravesarla y demasiado larga para dar la vuelta alrededor de ella. Era segura. No obstante, durante los primeros cien años de la existen cia del muro, China fue invadida tres veces. ¿Fue el muro un fracaso? Real mente no. Ni una vez los enemigos consiguieron pasar por sobre el muro, destruirlo o rodearlo. ¿Cómo, entonces, entraron en China? Sobornaron a uno de los guardias, y marcharon al interior por una de las puertas.
Alguien preguntó una vez:”¿Qué es más importante, haber nacido o mantenerse vivo?”. Plantar el fruto de la bondad en nuestros corazones es importante. Pero, igualmente importante es cultivar y cuidarlo. No es una maleza, es una planta delicada.
Aquí hay otro elemento a considerar. Es irrazonable pensar que una persona de buen corazón haga cosas malas. Jesús lo explicó de este modo: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos bue nos” (Mateo 7:18). Pero exponernos sin necesidad a la maldad es plantar la semilla en nuestros corazones. Más temprano o más tarde, quienes esto hacen, llegan a ser malos ellos mismos. Nota que en Calatas 5, antes de enumerar el fruto del Espíritu, Pablo escribió acerca de las obras de la carne. Demasiado a menudo seguimos nuestro camino descuidadamente día tras día, sin pensar algo acerca de cómo alimentamos nuestra mente. El viejo adagio sobre salud dice: “Eres lo que comes”; y también se aplica a nuestras mentes en el desarrollo del fruto de la bondad.
“Los hijos de Dios son llamados a ser representantes de Cristo, mostrando la bondad y la misericordia del Señor. Si solo revelaran su bondad días tras día, se levantarían barreras alrededor de sus almas contra las tentaciones del maligno. Si recordaran la bondad y el amor de Dios, serían alegres, pero no vanos ni llenos de alegría carnal”. 
Juan Wesley dijo:
“Haz todo el bien que puedas,
por todos los medios que puedas,
de todas las maneras que puedas,
en todos los lugares donde puedas,
en todas las ocasiones que puedas,
a todas las personas que puedas,
por tanto tiempo como puedas”.


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