Posteado por: Lilliam A Garcia | enero 17, 2010

Lección 4: El fruto del Espíritu es paz

Sábado 16 de enero.

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 8:23-27; 11:28, 29; Romanos 5:1-11; 12:9-21; Hebreos 12:14; Colosenses 3:13-15.

Para Memorizar: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:17).

Como campeón de la paz, Pablo escribió: “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efe. 4:3). La palabra griega traducida aquí como “solícitos” es un imperativo, excluyendo toda pasividad, cualquier actitud de “espera y veamos”. Debemos tomar la iniciativa. Si peleamos y discutimos en nuestros hogares, si formamos bandos en la iglesia, si rehusamos amar y honrar a otros, entonces estamos negando la paz de Dios en Jesucristo, la cual él estableció en la cruz.

Cuán irónico es tener que pelear por la paz. Eleanor Roosevelt, en una transmisión radial de Voice of America, dijo: “No es suficiente hablar acerca de la paz; debemos creer en ella. Y no es suficiente creer en ella; debemos trabajar por ella”. La paz que Cristo ganó para nosotros también requiere esfuerzo, duro trabajo, y constante autoexamen.

Al estudiar esta semana, debemos preguntarnos: ¿He aprovechado esta paz que Jesús ganó para mí en la cruz? ¿Cómo puedo cooperar con el Espíritu Santo mientras él injerta esa paz en mi vida diaria?

Ir Arriba Domingo 17 de enero: Paz con Dios (Rom. 5:1).

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 5:1).

Tener paz con Dios es más que sentirnos cómodos en su presencia. Significa que nosotros, que una vez éramos “en otro tiempo extraños y enemigos en vuestras mentes, haciendo malas obras” (Col. 1:21), hemos sido reconciliados y restaurados al compañerismo con Dios. Estábamos en guerra con Dios pero, por su muerte en la cruz, Jesús ha hecho posible que cesen las hostilidades y que nosotros seamos amigos de Dios y no sus enemigos.

En un sentido, esta paz no es algo que crece en nosotros, comenzando con un poco de paz. Más bien, somos reconciliados con Dios de una vez por todas, por la cruz de Cristo. Es un hecho consumado. Hay otro sentido, sin embargo, por el cual crecemos en paz con Dios. Cuanto más claramente vemos los caminos de Dios y andamos en ellos, tanto más nos apropiamos de su poder para vivir como sus hijos e hijas. En este sentido, la paz con Dios es realmente un fruto del Espíritu.

Al crecer a la madurez como hijos de Dios, experimentamos más y más las bendiciones y beneficios de vivir en su reino hasta que podamos decir: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165).

Colosenses 1:20 al 22 dice que el pecado no hace que Dios sea misericordioso y perdonador; más bien, el pecado reveló a que él ha sido así desde la eternidad. El plan de salvación demostró que Dios nos amó y estuvo dispuesto a perdonarnos desde el principio.

Lee Romanos 5:1 al 11, y resume lo que crees que son los puntos principales allí.

Medita sobre esta idea de que solamente por causa de lo que Jesús hizo, por causa de su vida perfecta acreditada a ti por fe, puedes ser perdonado y aceptado ante Dios, no importa cuál haya sido tu pasado. ¿Por qué esta enseñanza es tan importante para nosotros si hemos de conocer realmente la paz?

 

Ir Arriba Lunes 18 de enero: Encontrar paz: Parte 1 (Mat. 11:28, 29).

En una escala del 1 al 10 (1 es lleno de paz, 10 es muy ansioso), ¿cómo evaluarías tu vida? Las personas están cada vez más frustradas en su búsqueda de paz personal. En Mateo 11:28 y 29, Jesús hace una invitación. Aunque él no usa la palabra paz, usa una palabra que significa dar descanso, refrescar, reposar, tomar un descanso.

Lee los siguientes versículos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mat. 11:28, 29). ¿Qué nos está diciendo Jesús aquí? ¿Cómo podemos experimentar por nosotros mismos la realidad de esta promesa maravillosa?

Por lo que Jesús está diciendo en estos versículos, ¿nos está proponiendo darnos paz como un regalo, o quiere indicarnos cómo obtenerla? ¿No está Jesús enseñando que la paz personal es un resultado de alguna causa, y nos invita a aprender de él cuál es esa causa?

 “El amor a sí mismo es lo que trae inquietud. […] Los que aceptan la palabra de Cristo al pie de la letra, y entregan su alma a su custodia, y su vida para que él la ordene, hallarán paz y quietud. Ninguna cosa del mundo puede entristecerlos cuando Jesús los alegra con su presencia. En la perfecta conformidad hay descanso perfecto. El Señor dice: ‘Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado’ (Isa. 26:3)” (DTG 298).

¿De qué modo el amor al yo conduce a la falta de tranquilidad personal y a la infelicidad?

¿Cómo podemos aprender a morir al yo y descansar en Jesús? ¿Qué elecciones tenemos que hacer, cada día, que pueden ayudarnos a hacer real la promesa de paz en Cristo? Es decir, ¿qué cosas estamos haciendo, o no haciendo, que nos impiden tener la paz que Jesús nos ofrece?

 

Ir Arriba Martes 19 de enero: Encontrar paz: Parte 2 (Juan 14:27).

Se cuenta la historia de dos pintores. Cada uno pintó un cuadro para ilustrar su concepto del descanso. El primero escogió para su escena un lago tranquilo, sereno, entre las montañas lejanas. El segundo pintó una atronadora catarata con un árbol frágil que se inclinaba sobre la espuma; en la horqueta de una rama, casi mojada con la niebla que levantaba la catarata, una avecilla estaba sentada en su nido.

¿Cuál de los dos mostraba mejor la esencia del descanso? No es frecuente en este mundo agitado que encontremos el descanso de un solitario lago de montaña. Más a menudo debemos encontrar nuestro reposo en medio de la agitación de la vida real.

Lee la historia registrada en Mateo 8:23 al 27, acerca de Jesús y sus discípulos en el Mar de Galilea (ver también Mar. 4:35-41; Luc. 8:22-25). Por singular que fuera la situación, ¿qué podemos obtener de este registro para nosotros? Es decir, ¿cuál es el mensaje para nosotros, y cómo podemos aplicarlo a nuestras vidas, no importa en qué situación nos encontremos?

Por qué crees que Jesús estaba preocupado de que sus discípulos tuvieran paz? Jesús nos dejó con una hermosa promesa acerca de la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). ¿De qué modo la paz que el mundo trata de dar difiere de la paz que Jesús ofrece?

No debemos igualar la paz con una vida sin problemas. Es rara la persona, aun el cristiano más fiel, que pasa por la vida sin pruebas, dolor y sufrimiento. De hecho, algunas personas parecieran tener más que su cuota de sufrimiento. Sin embargo, la paz tiene más que ver con la forma en que manejamos estas situaciones que con las situaciones mismas. La paz tiene que ver con la confianza más profunda en un Dios amante y que se interesa en nosotros, que sabe por lo que estamos pasando, y que ha prometido no abandonarnos, no importa qué nos ocurra en el camino.

¿Qué tipo de cosas te perturban? Habla con Dios acerca de tus temores más profundos. Llámalos por su nombre. Pídele al Señor que te ayude a identificarlos. Luego tómate el tiempo para permitirle que comience a darte paz, suavemente, respecto de esos temores.

 

Ir ArribaMiércoles 20 de enero: Paz en el hogar (Heb. 12:14).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Rom. 12:18). ¿Qué podemos aprender de la vida y el ejemplo de Jesús que puede hacer que estas amonestaciones sean reales en nuestra vida? ¿Qué estamos haciendo que dificulta, si no imposibilita, que sean reales para nosotros?

Por extraño que parezca, el lugar más difícil para ser cristiano es el hogar. ¡Cuán trágico, puesto que el hogar debería ser el mejor lugar del mundo para que todos pudiéramos tener paz!

Dos jóvenes estaban en una batalla durante los días de la guerra de Vietnam. Las balas volaban y las bombas estallaban. Nada de esto parecía desconcertar a uno de los soldados. Cuando su amigo le preguntó cómo podía estar tan calmado, le contestó ¡que le hacía recordar su hogar!

Estudia Romanos 12:9 al 21. Identifica versículos que, si se pusieran en práctica, ayudarían a llevar paz al hogar. Sugiere una aplicación práctica para los versículos que elijas.

Como cristianos, se nos llama a seguir una norma increíblemente elevada, la norma presentada por Jesús mismo. Todos nosotros aun no hemos llegado a esa meta. Esto no significa que no podamos todavía reflejar los principios revelados en la vida de Jesús, principios de amor, de sacrificio propio, y una actitud intransigente hacia el mal y el pecado.

Imagínate cómo serían nuestros hogares si reflejáramos estos principios. Imagínate cómo sería si aprendiéramos a pensar en los demás antes que en nosotros mismos; si mostráramos a los demás un amor incondicional, aun a quienes no lo merecen. Imagínate si perdonáramos a quienes nos hieren. Imagínate si estuviéramos tan preocupados por el bienestar de los demás como lo estamos por el nuestro. Aunque poner en práctica estos principios no resolvería todos nuestros problemas familiares, sin duda sería de enorme ayuda.

 

Ir ArribaJueves 21 de enero: Paz en la iglesia (Mat. 5:23, 24).

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mat. 5:23, 24). ¿Qué principio básico está enseñando Jesús con estas palabras? ¿Por qué nos resulta tan difícil poner en práctica este principio en nuestras vidas?

Es evidente que Jesús toma con mayor seriedad nuestras relaciones mutuas de lo que las tomamos nosotros. No es raro que la amargura y el resentimiento existan durante años entre algunos miembros de la iglesia. Imagínate cuán diferentes serían las cosas si todos siguiéramos esta enseñanza.

Identifica una característica de los hijos de Dios como se registra en Mateo 5:9. ¿Qué significa esto?

De acuerdo con Colosenses 3:13 al 15, ¿cuáles son tres maneras de relacionarnos mutuamente como miembros de iglesia? ¿Qué significa cada una de ellas?

Nota la secuencia de las gracias cristianas en Santiago 3:17: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía”. ¿Cómo serían nuestras iglesias si permitiéramos que el Espíritu Santo alimentara estas cualidades en nuestra feligresía? ¿Qué cosas estarían notablemente ausentes?

Piensa acerca de la última vez que tuviste un problema con otro miembro de la iglesia. ¿Seguiste las palabras de Cristo en Mateo 5? Lo más probable es que no, ¿verdad? Analiza las razones por las que elegiste la ruta “fácil”, mundana, en lugar del sendero que hubiera requerido humildad y negación propia. ¿Cómo puedes aprender a hacer lo que Jesús nos pide que hagamos en tales situaciones?

 

Ir ArribaViernes 22 de enero.

Para Estudiar y Meditar:

Sal. 4:3; 119:165; Isa. 26:3; Rom. 8:6; Fil. 4:7.

“Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: “La paz os dejo –aseveró–; mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas con contiendas” (HAp 70).

 “La lucha por la supremacía manifiesta un espíritu tal que si se lo alberga cerrará el reino de Dios a aquellos que lo acarician. La paz de Cristo no puede morar en la mente y el corazón del obrero que critica y encuentra faltas en otro obrero simplemente porque el otro no practica los métodos que él cree mejores, o porque siente que no es apreciado. El Señor nunca bendice al que critica y acusa a sus hermanos, porque esta es la obra de Satanás (Manuscrito 21, 1894)” (Ev 79).

Preguntas Para Dialogar:

  1. ¿De qué formas puedes trabajar en tu iglesia local para ayudar a mantener la paz entre los miembros cuando surgen tensiones y desacuerdos inevitables?
  2. ¿Cuáles son las situaciones comunes que afrontamos en nuestras vidas diarias que amenazan nuestra paz? ¿Qué promesas bíblicas puedes reclamar cuando surge cada una de ellas?
  3. Por supuesto, siempre es fácil hablar acerca de confiar en Dios no importa cuáles sean las circunstancias, y que esa confianza debiera darnos paz. Y eso es cierto. Al mismo tiempo, ¿qué pasos concretos y prácticos podemos dar para cambiar las circunstancias que hacen difícil que haya paz? En otras palabras, ¿cuán a menudo nuestra inquietud y nuestro temor son el resultado de las elecciones que hacemos?
  4. ¿Qué cosas prácticas podemos hacer para ayudar a otros que están pasando por circunstancias que hacen que la paz sea difícil de lograr?
  5. ¿Cuánta paz deberíamos esperar, en forma realista, en un mundo lleno de tanta lucha, caos, sufrimiento y agitación?

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