Posteado por: Lilliam A Garcia | enero 17, 2010

Lección 4: El fruto del Espíritu es paz

El sábado enseñaré…

Texto Clave: Filipenses 4:7.

 

Ir ArribaEnseña a tu clase a:

Saber que la paz de Dios protege y mantiene nuestras mentes y corazones.

Sentir que abrazas la paz que solo viene de Dios.

Hacer una demostración de paz en las relaciones y las situaciones difíciles.

Ir Arriba Bosquejo de la Lección

  1. Saber: conocer la paz de Dios en Cristo
    1. La paz que viene de Dios se encuentra en el compañerismo con Jesús, no al aislarse de Dios. ¿Qué vislumbres te da el tomar el yugo de Dios sobre ti, en tu comprensión de cómo hacemos la paz con Dios?
    2. Jesús nos invita a aprender de él. ¿Cuál es la relación entre aprender acerca de Jesús y gozar de su paz?
    3. Decimos: “De tal palo, tal astilla”. ¿De qué modo la paz que está en nosotros crea paz en otros?
    4. El texto clave nos habla de que la paz de Dios nos guarda. ¿Cómo hemos de entender lo que significa ser guardado por la paz?
  2. Sentir: Paz con Dios
    1. Jesús nos dio su paz como una herencia aquí y ahora. ¿Cómo hacemos que esta paz sea nuestra en situaciones de conflicto y provocación?
  3. Hacer: Hacer las paces
    1. Estar en paz tiene muchas dimensiones. ¿Cómo hacemos la paz con Dios? ¿Los unos con los otros? ¿En nuestros propios corazones?
    2. ¿Por qué es cierto que si no conocemos la paz en nuestras propias vidas, no la podremos transmitir a otros?
    3. ¿Cómo describirías la ausencia de paz en la vida de una persona?

 

Ir Arriba Resumen

Somos guardados por la paz y la gozamos solamente en comunión con Jesús. La paz debe primero vivir en nuestros corazones antes de que podamos generar paz en nuestras relaciones.

Ir Arriba CICLO DE APRENDIZAJE

Ir ArribaPASO 1: ¡Motiva!

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Cuando estamos en paz con Dios –hecho posible por su sacrificio, que produjo la reconciliación con él– estaremos en paz con nosotros mismos y con los que nos rodean.

Solo para los maestros: Enfatiza que, aunque por naturaleza no seamos pacíficos, Dios nos ha dado los medios para llegar a tener mucha paz.

Hace pocos años, uno de los primeros “videos virales”, ahora tan difundidos en Internet, mostraba a dos conductores de automóviles preparándose para pelear por un espacio para estacionar. Después de una serie de maniobras dignas de un espectáculo de demolición de autos, el conductor desanimado y derrotado salió a toda velocidad, haciendo sonar las ruedas. El cuadro final del video mostraba el paragolpes trasero que informaba a todos que “La guerra no es la respuesta”.

Aunque es una evidente exageración, este video revelaba un hecho desagradable. Todos queremos paz, pero somos incapaces de lograrla, aun en nuestras reacciones más básicas en el mundo que nos rodea.

No estamos en paz con nosotros mismos o con los demás, porque no estamos en paz con Dios. Las buenas nuevas (o el evangelio) son que, durante los últimos dos mil años, Dios ha estado en paz con nosotros. Todo lo que necesitamos hacer es reconocerlo. Entonces, podemos ser los pacificadores que Dios quiere que seamos, esparciendo el mensaje de reconciliación por medio de nuestras palabras y nuestros ejemplos.

Analiza con tu clase: ¿Qué significa estar en paz? ¿De qué modo Dios nos da paz? ¿Por qué tenemos que trabajar para ser pacíficos? Analiza si la paz es un resultado natural de estar reconciliado con Dios o una combinación de lo mencionado arriba.

Ir ArribaPASO 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: Enfatiza que, sea dentro de nosotros mismos o en nuestras relaciones con otros, lo que buscamos se describe como paz. Y, no obstante, la paz puede ser más difícil de lograr que cualquier otra cosa. De acuerdo con la Biblia, ¿cuál es la raíz de nuestro fracaso de estar en paz? Analiza esta idea.

Comentario de la Biblia

I. La paz en el Antiguo Testamento

(Repasa con tu clase Isa. 26:2-4: Eze. 37:26; y Deut. 28).

La palabra para paz, en casi todas las ocasiones en que se usa en el Antiguo Testamento, es shalóm. Puede referirse a la paz en la vida personal, en las relaciones dentro de la sociedad, entre los pueblos y naciones, y es la relación ideal con Dios. La paz era considerada necesaria para la salud y la seguridad, tanto personal es como colectivas, y para la prosperidad económica, todo lo cual se veía como los resultados de una relación correcta con Dios.

Un ejemplo de esto puede verse en Deuteronomio 28, donde las bendiciones por la obediencia eran esencialmente bendiciones de paz, mientras que las maldiciones por la desobediencia involucraban guerras; interrupción del orden personal, natural y social; y el caos.

La palabra shalóm, así como las palabras similares en otros idiomas semíticos de la región, también implicaba un estado completo o integral. Esto está vinculado con la salud o, literalmente, con la “cualidad de estar sano”. Paz significaba estar en armonía con uno mismo, con los otros y con el ambiente que lo rodeaba. Por ejemplo, la paz en el sentido literal de ausencia de guerra significaba que uno tenía que estar en armonía con un adversario potencial. La integridad corporal o paz significaba que el cuerpo estaba “entero”, que todas las partes actuaban juntas para garantizar un estado óptimo de salud y de sus funciones.

El hecho conmovedor es que las personas en el Antiguo Testamento idealizaban la paz y la integridad aunque la lograban solo raramente y en forma muy breve. La historia de Adán y Eva en el Génesis puede verse, entre otras cosas, como una explicación de por qué la paz es tan rara y breve. Esto fue, por supuesto, porque el estado original de integridad y unidad que Dios quería que hubiera en su creación fue interrumpido por el primer acto de desobediencia.

Considera: ¿Cuán central es la idea de la paz en las promesas del Antiguo Testamento, y cómo se cumplieron estas promesas en el Nuevo?

II. La paz en el Nuevo Testamento

(Repasa con tu clase Rom. 5:1-11; 12:18).

La palabra griega para paz que se usa en el Nuevo Testamento (y en el Antiguo Testamento en griego, la Septuaginta) es eiréne. Como es una palabra común en griego, tenía un significado mucho más limitado que la palabra hebrea shalóm, al referirse exclusivamente a la ausencia literal o al cese de la guerra o de las hostilidades. No obstante, en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento se usaba de la misma manera que la palabra hebrea.

Como en el Antiguo Testamento, la paz puede verse como el requisito previo de todas las cosas buenas; así, vemos que Jesús siguió la costumbre universal de su tiempo y lugar, al saludar a discípulos, seguidores y otros con deseos de paz (Mar. 5:34; Luc. 7:50; Juan 20:19-21). Muchas epístolas en el Nuevo Testamento también comienzan con deseos de paz para los lectores u oyentes.

El Nuevo Testamento explicita lo que está solo implícito en el Antiguo Testamento. Este claramente reconoce que la presencia de la paz era una señal de la presencia de Dios (Núm. 6:26, por ejemplo). El Nuevo Testamento va más allá y reconoce que la ausencia de paz típica de la experiencia humana es una señal de que la humanidad está literalmente en un estado de hostilidad o guerra con Dios, del cual origina toda otra falta de paz. Al ver que la humanidad no estaba lista para tomar la iniciativa, Dios dio el primer paso al enviar a su Hijo (Rom. 5:1-11). Al hacer la paz con nosotros, Dios nos hace pacíficos y también pacificadores (Rom. 12:18). (Adaptado de “Peace in the OT”, “Peace in the NT”, The Interpreter’s Dictionary of the Bible, t. 3, pp. 704-707.)

Considera: ¿De qué modo el Nuevo Testamento expande y profundiza el ideal de paz como también se halla en el Antiguo Testamento? (Ver Mat. 5:43, 44).

Ir ArribaPASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Usa las siguientes preguntas para desafiar a tus alumnos a aferrarse del don espiritual de la paz que Dios nos da y a ser instrumentos para que ese don llegue a otros.

Preguntas para reflexionar:

  1. En Juan 14:27 Jesús dice que la paz que él nos deja es diferente de la que el mundo llama paz. ¿De qué manera es diferente? ¿Por qué la paz que da Jesús es más permanente? ¿Por qué la paz dada por Dios es más que la ausencia de conflictos o peleas?
  2. ¿Qué significa que Jesús nos llama a ser pacificadores (Mat. 5:9), siendo que la paz permanente casi seguramente nunca se alcanzará de este lado del milenio? ¿Cómo y con quién hemos de hacer paz?
  3. ¿Cómo reconciliamos esta misión de ser pacificadores con el hecho de que Jesús (Mat. 10:34) dijo específicamente que no solo él, sino también su mensaje, serán una causa de conflicto, de división y de luchas, sino que esa es su intención (por ejemplo, él dice que no vino “para traer paz, sino espada”)? ¿Qué concepto de paz esperaba Jesús perturbar, y cómo es diferente de la paz que él espera darnos?

Aplicaciones a la vida:

  1. Filipenses 4:7 se refiere a la “paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”, que resulta de nuestra aceptación de Cristo. No obstante, todos conocemos personas que han aceptado a Cristo y dejan de tener la seguridad de su salvación. Probablemente nosotros mismos hemos sentido eso, por lo menos de vez en cuando. ¿Cómo harías para ayudar a tal persona a obtener la seguridad que trae esa paz?
  2. Aunque se nos dice que “si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Rom. 12:18), ese es un reflejo de la paz con Dios, dada por él a nosotros. No obstante, claramente, hay situaciones en las cuales no es posible estar en paz, o por lo menos evitar la confrontación con otros. ¿Bajo qué circunstancias debiera el cristiano aceptar la confrontación, y cómo podemos hacerlo mientras nos mantenemos como personas pacíficas?

 

Ir ArribaPASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Como otros aspectos de la vida cristiana, el don de la paz es algo que existe dentro de nosotros; no obstante, si existe solo dentro de nosotros, es irrelevante. La siguiente actividad tiene la intención de dar a tus alumnos un medio práctico de esparcir paz y reconciliación a su círculo inmediato de amigos, conocidos, compañeros de trabajo, miembros de su familia, miembros de la iglesia, etc.

  1. Alguien dijo una vez: “La paz comienza contigo”, y así es. Tu actitud pacífica no es una garantía de que el ambiente externo que te rodea sea pacífico, pero la falta de esa actitud pacífica virtualmente te garantiza que el ambiente no será pacífico.
  2. Pide a tu clase que considere maneras en las que pueden hacer más fácil para sí mismos reclamar la paz que Dios tiene para darnos. Estas maneras pueden incluir técnicas proactivas (comenzar el día de cierto modo, por ejemplo), maneras de tratar a las personas o las situaciones que te empujan en la dirección opuesta a tu naturaleza e inclinaciones, elección de música o de lecturas, etc. Escribe en un pizarrón o una hoja de papel grande las sugerencias que aparezcan. Pide a los miembros de la clase que compartan experiencias que hayan tenido con cualquiera de estos métodos.

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